EL DEMONIO EN LA CALLE Y EL BOSQUE OSCURO (Enero 2019)

bosque a

 

EL DEMONIO EN LA CALLE Y EL BOSQUE OSCURO (Enero 2019)

 

Esta es una historia cruel

de juventud machacada,

de secretos en las hojas

del bosque en la madrugada,

de insectos en la neblina

donde la vista no alcanza,

y en las pupilas del lobo,

acechos que no descansan.

Aquella tarde de viento

cuando Diciembre mostraba

algunos rizos de sol

sobre el blanco de las casas,

la calle era un sigilo

enconado en la ventana

desde donde un mal podrido

sin corazón, la miraba.

Ella, casi ajena al aire,

y casi recién llegada,

sentía el mundo por abrir

su ilusión aún temprana,

sin notar la sombra negra

que rondaba tras su espalda,

como las gélidas huellas

que despliegan los fantasmas.

 

Cuando con paso tranquilo,

en el tupido silencio

su inocencia caminaba

por la soledad del pueblo,

sumido en calladas siestas,

un demonio carnicero

con las zarpas de ponzoña,

de pronto surgió del viento,

y desalmado arrancó,

de raíz, sus claros sueños;

las llaves de puertas nuevas

y el mapa de los senderos

que el fulgor de su entusiasmo

había trazado en cientos

de sitios imaginados,

cayeron ante el violento

golpe de hiel desatada

desde el fondo del infierno.

Un halo turbio de barro

le atravesó todo el cuerpo,

y aunque intentó con sus pies

soltarse del diablo enfermo,

sus pezuñas eran fuertes,

y aún más mortales sus cuernos.

Y no pudo ser laurel,

ni cisne, ni flor, ni ciervo,

ni la ninfa que los dioses

salvan de monstruos infectos.

 

En el bosque, entre los juncos,

el demonio se reía

mientras ensuciaba impávido

el rumor del agua limpia,

dejando en brusca tiniebla

una ingravidez dormida

que ya nunca haría cuentas

con los meses, ni los días

por tachar al almanaque

florecido de la vida,

porque, cargado de noche

negra, estancada, y maldita,

el diablo había cumplido

su sentencia agria y fija

de sesgar en un instante

una esperanza sencilla,

con su soberbia de muerte

en la sinrazón escrita.

¡El mal fario te mereces,

las rejas más definidas,

una barrera de sangre

para tu hambre escondida,

la guerra de las mujeres

como una nube de avispas,

una maldición perenne

a tu espalda bien cosida!

¡En mala hora miraste

hacia donde no debías,

para incrustar tu penumbra

en la piel de su sonrisa!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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