LOS TONOS DE LA PRIMAVERA (09 JUNIO 2020)

LOS TONOS DE LA PRIMAVERA (09 JUNIO 2020)

                El cristalino azul del cielo aparece estampado de nubes como lunares únicos en su forma, que quizás recuerdan a las nubes que cruzan el cielo animado de “Los Simpson”. Sirven de originales sombreros al relieve abrupto de las montañas, como diseños locos y libres para cualquier imaginación. Los montes muestran sus siluetas soberbias, unas veces a través de las múltiples aristas de la roca magnífica, casi inquietante, y otras veces al abrigo de esa vegetación descarada de la que presume la arrogante primavera, con su paleta de verdes, azules, grises, y ocres amarronados, como pegotes caprichosos aquí y allá, en una composición casi onírica.

 El sol de este mediodía, sereno y tranquilo sobre la sierra, penetra en mis poros ávidos de luz y calor, pero no ruge enojado, sino que deja caer su tenue tinte de suavidad comedida. Es como un sol de invierno, ese que incluso se agradece, aunque aprieta un poco más osado en su escalada por el termómetro. Sin embargo, ni siquiera llega a rozar la agobiante e imperturbable contundencia de los rayos estivales, con sus despiadadas sentencias sensoriales de desierto ardiente. No se acerca en lo más mínimo a ese sol áspero que impulsa al cuerpo a buscar, incómodo y casi desesperado, el alivio salvador de la bebida fresca, y el refugio necesario de la sombra. No. Aquí, hoy al menos, hasta el sol del mediodía obedece a la mesura.

 Y lo mejor es el silencio. No es un silencio absoluto, pues eso no existe ni en los hielos perdidos de la Antártida. Hay en cambio un silencio de calidad, donde los sonidos son leves y selectos. Ninguna onda sonora sobrepasa el grado mínimo en la escala auditiva, y los tímidos ruidos que se difunden como briznas al viento, lo componen solamente lejanos ladridos, adormilados en la distancia, pequeños trinos de algún romance primaveral que se mezclan con la conversación secreta de algún coro de pájaros, y el zumbido intermitente de insectos, que fluctúa en su emisión como una radio que pierde su cobertura de vez en cuando entre los riscos. También se suman los balidos de las ovejas, contándose sus cosas a lo lejos, en medio de un pianísimo tintineo de cencerros que las acompañan en su camino hacia los pastos abiertos en el verde reclamo de la montaña. Y para completar el curioso concierto, los gallos repiten su estribillo improvisado en una letanía irreverente de cacareos, mientras las gallinas van salpicando de tonos altos y breves pizzicatos toda la partitura en su conjunto.

 Estos tonos intermedios y suaves son los que nos recompensan con una sublime sensación de paz.

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