
EL FRÍO EN EL CURSO DE LA VIDA (Tres décimas o espinelas en homenaje a Espinel, con el tema del «Frío» como estación final de la vida, a la que llegamos en la vorágine del Tiempo)
Al cerrarse la estación
del invierno en el paisaje,
recolecta el oleaje
los restos de la emoción.
Y el ensueño de pasión
que la tierra da al camino
tuerce certero el destino
que busca, desesperado,
el calor que se ha quedado
al antiguo sol del vino.
La tarde camina lenta
hacia la noche extendida,
oscura voz repetida
entre el viento y la tormenta.
Y todo el cuerpo se enfrenta
a las mordidas del frío:
la niebla rodea el río
con su turbia densidad,
y nos cala la humedad
en su olvido del estío.
Cual demiurgo inconsciente
así el tiempo se comporta,
perfila la vida y corta
el trayecto de repente.
Cae en el juego la gente:
el tiempo ríe en su rueda
y, cada vez, la vereda
es más fría y más estrecha,
hasta que acaba deshecha
en el polvo gris que queda.