RECORRIDOS (22 Marzo 2018)

Aguas Bravas C

RECORRIDOS

 

La piedra altiva domina

la sombra por donde pasa,

y allá, en la sima, contempla

como se despliega el alba,

entre susurros y espinas,

con la luz del día llana,

mientras abajo se oculta

un trozo de madrugada.

Las arañas y los sapos,

con su hambre de mañana

húmeda, bostezan tímidos,

cuando se asoman las ramas

a recuperar colores

que trae la nueva jornada.

Los arroyos van rabiosos,

cuentan relatos de agua,

no paran de cantar fuerte

sobre su victoria blanca.

Ante el umbrío portal,

están llamando las aguas

para meterse en lo oscuro

y acabar, por fin, en calma,

el recorrido salvaje

que la pendiente les traza.

¡Ay, velos de encaje y barro,

aguas limpias, libres, bravas,

quiero seguir hacia el sol,

pero mis piernas no aguantan!

Yo quiero subir al punto

donde las rapaces saltan

para dibujar con líneas

majestuosas de sus alas

el territorio brillante

que la luz nueva derrama.

Yo, como el soldado antiguo

que nunca fue a la batalla,

y ahora en su mustio retiro

añora el son de la banda,

quiero insistir con el ritmo

imposible de la marcha:

los huesos enmohecidos,

y los pies rojos de llagas,

pero la sed de la vida

le da protección al alma,

y aún con el cuerpo de tizne,

quebrado por las borrascas,

me rebelo en las fronteras

que me marcan las montañas,

y sigo queriendo ir

donde nace la cascada,

con gritos en las rodillas

y un relámpago en la espalda.

Vir ante agua brava A

 

 

DOLOR DEL TIEMPO EN LOS HIJOS (Marzo 2018)

Comparación edad 1

DOLOR DEL TIEMPO EN LOS HIJOS  (MARZO 2018)

 

Cuando al pasar sentimos

el imperfecto

canto de sorna, burla

de los espejos,

donde las caras pintan

su aire grotesco,

es que nos ha llamado

el sucio espectro

que juega con la imagen

negra del Tiempo.

Nos sabemos marcados

por años viejos.

 

 

Pero más duele

si la carne de un hijo

la luna hiere.

 

 

Si nos traspasa, injusta,

la vil sentencia

por la que al respirar

se nos condena

a ir soltando hasta el núcleo

de nuestras células,

y la vejez, maligna,

devora, ciega,

el tuétano infeliz,

es que se acerca

la Ley de los mortales

a nuestra puerta.

 

Pero es más grande

el desgarro, si a un hijo

roba la sangre.

 

La edad, sus flechas,

sajando frutos tiernos

son más certeras.