Vuelvo a poner esta entrada, con este poema cantado, porque la que tenía no deja ver el vídeo. Espero que esta vez sí se pueda ver.
AL OLOR DEL PAPEL Y LA RETAMA (¿FEBRERO / MARZO 2017?)

AL OLOR DEL PAPEL Y LA RETAMA (¿Febrero/Marzo 2017?)
Al olor del papel y la retama,
hay un lugar espeso de silencio
donde no existen nombres ni apellidos,
donde acaba el planeta, empieza el sueño,
y sólo asoma, lejos, el bullicio
de algún paso contado por el viento.
Allí nos parpadean las mañanas,
tan breves como el sol que busca el centro;
se nos van como agua entre las manos,
se nos van, por los ojos, por los dedos …
¡Nos saben a tan poco cuando llega
la hora de volver al mundo ajeno!
Al olor del papel y la retama,
hay un lugar perdido para el beso,
para la soledad más escogida,
como una cifra única en el cuerpo,
y al ser vidas del campo, más que nunca,
enraízan sus tallos en el suelo.
NO BUSCA (Canción 2018)
NO BUSCA (NOVIEMBRE 2018)
HUBO UNA VEZ,
EN QUE LA PIEL
ENCOMENDABA BUSCAR
EN PASILLOS DE CRISTAL,
UNA VERSIÓN
DEL CORAZÓN
DONDE LOS NÚMEROS VAN
PLANTANDO SU MAJESTAD.
HUBO UNA VEZ
EN QUE LA SED
ENCADENABA CON SAL
LOS MIL HECHIZOS DEL MAR,
UNA ILUSIÓN
SIN CONDICIÓN,
UNA CAIDA MORTAL
SIN SABER DÓNDE ACABAR.
ESTRIBILLO:
AHORA LA FLOR
SE GUARDA EL SOL
QUE ASOMA TÍMIDO EN EL BALCÓN,
NO BUSCA MÁS,
YA APRENDIÓ A ANDAR
POR ESA RENDIJA GRIS
QUE BAILA EN EL PROVENIR.
FIRME Y DE PIE,
EN LA PARED
SE RECONOCE EN LA SOMBRA AZUL.
Y MÁS ALLÁ
DE LA ACRITUD,
SU COLOR SUEÑA ALCANZAR
UN BRILLO DE ETERNIDAD.
HUBO UNA VEZ
PARA LA FE
EN EL FILO DEL AZAR,
COMO UN RETRATO IDEAL
DE LA PASIÓN,
UNA FUNCIÓN
QUE SE LLEVÓ EL TEMPORAL
ANTES DEL RITO FINAL.
HUBO UNA VEZ.
YA NADA ES
LO QUE ESCRIBIÓ LA NIÑEZ
EN LAS TARDES DE PAPEL.
MAS, AL ARDER,
VOLVIÓ A NACER
UN COMETA DE CARBÓN,
ESTRELLA TENUE Y VELOZ.
ESTRIBILLO:
AHORA LA FLOR
SE GUARDA EL SOL
QUE ASOMA TÍMIDO EN EL BALCÓN,
NO BUSCA MÁS,
YA APRENDIÓ A ANDAR
POR ESA RENDIJA GRIS
QUE BAILA EN EL PROVENIR.
FIRME Y DE PIE,
EN LA PARED
SE RECONOCE EN LA SOMBRA AZUL.
Y MÁS ALLÁ
DE LA ACRITUD,
SU COLOR SUEÑA ALCANZAR
UN BRILLO DE ETERNIDAD.
EL PRODIGIO DE LOS NARANJOS (Marzo 2026)

EL PRODIGIO DE LOS NARANJOS (Marzo 2026)
Su perfume es prodigio
de primavera,
saca el alma a la calle
por las aceras,
y envuelve en su aureola
la ropa nueva.
Es un flechazo al aire
que reaviva
con su olor hacia el sol,
en cada esquina,
las huellas que el invierno
dejó marchitas.
Los alcorques recogen
su vida breve;
sin embargo, es tan fuerte
que hasta parece
fijarse en la memoria,
como si fuese
un eco de existencia
que vuelve siempre.
Poderoso columpia
su aroma intenso
entre la cabellera
grácil del viento,
y así nos acaricia
con finos dedos
ese milagro blanco
del azahar fresco.
Es la flor del naranjo
tan generosa,
que entrega en tres semanas
su esencia toda.
¡Ay, hermoso azahar,
tan leve y bello!
Eres como un chasquido
en el recuerdo,
que repite su ciclo
siempre de nuevo.
Y cuando pasa marzo,
y abril es viejo,
se pierde el azahar,
cruzando el tiempo.
LA REINA DE LA MESA (MARZO 2026)
Glosa simpática, de tono popular y sobre todo, humorístico, al apreciado plato de las croquetas.

LA REINA DE LA MESA (26 Febrero 2026)
Con su diversa receta
gusta al adulto y al niño,
siempre hecha con cariño,
ovalada y muy coqueta.
Tiene su pizca discreta,
personal toque de aliño,
original en su guiño,
en cada fogón, secreta.
De Bilbao a La Caleta,
del Guadalquivir al Miño,
de Almería hasta Treviño,
de Barcelona a Ondarreta,
con tinto o con Albariño,
siempre es reina la croqueta.
EL PISTO DE MI MADRE (28 Febrero 2026)

EL PISTO DE MI MADRE
Yo volvía feliz de la escuela, ensimismada en mis sueños pueriles y mis interminables tarareos, con el cuaderno en la mano, junto con el plumier de plástico, donde guardaba con cuidado el lápiz ilustrado por las tablas de multiplicar, la goma de borrar Milán, y los lápices de colores Alpino que me habían traído los Reyes Magos. Bajo el brazo, llevaba la Enciclopedia Álvarez a todo color, y un pequeño libro de cuentos. Caminaba contenta, con el tiempo abierto como un enorme escenario de fantasía, y la ilusión de la vida aún intacta delante de mí.
Me habían concedido algo así como un premio, justo el libro de cuentos que portaba, titulado “Mi costurero”. Había logrado este preciado galardón por mi lectura, que, la verdad sea dicha, siempre realizaba de manera impecable con gran orgullo, y casi sin esfuerzo, además de una ingente dosis de impostura vocal y dramática, pues de toda la vida me ha llamado el gusanillo del teatro y la interpretación. Para mí era casi una sorpresa observar cómo las maestras se quedaban un tanto perplejas al oírme leer los textos, ya que, entonces, no entendía el porqué de su asombro. Ahora, tras tantos años, y con la docencia a cuestas, deduzco que mi tendencia a la teatralidad realmente indicaba una buena comprensión lectora, muy necesaria, sin duda, para poder darle ese toque dramático a la narración, y eso era precisamente, lo que con tanto aprecio juzgaban las maestras.
Al llegar a casa aquel día, la iluminación que mostraba mi rostro enseguida me delató, y mi madre se dio cuenta de que traía alguna buena noticia. Al instante me preguntó cuál era el motivo de tal contento, y yo le respondí atribulada por los nervios que en el colegio me habían hecho leer un texto en público, en una especie de concurso con la participación de alumnas de distintas edades y clases, y que habían decidido darme el premio a mí. Tras contárselo y con el gesto de alegría aún chispeando brillo en mis ojos, le enseñé el ejemplar de “Mi costurero”.
Mi madre, con el gozo más absoluto rebosándole por cada poro, me dijo que esa hazaña se merecía una recompensa, algo de su parte, algo en lo que ella dejase su impronta personal para demostrarme todo su inmenso amor. Mi contestación no se hizo esperar. Casi de inmediato le solté mi deseo, que brotó como del instinto:
<<Mamá, quiero un pisto de los tuyos. ¡El mejor del mundo!>>
Esa era la recompensa única a la que yo aspiraba siempre en las grandes ocasiones o la celebración de algún éxito, como era el caso: el degustar a mi antojo y placer ese exquisito plato que mi madre preparaba con esmero y tiempo, pues todo lo hacía a mano, como era habitual en la época, pelando las verduras con mimo y paciencia, y cociendo y friendo la diversa y variopinta mezcla de ingredientes que el plato requiere.
Me acordé de aquel pisto cuando vi la película “Ratatouille”, porque ese plato me pareció muy similar, tanto en los ingredientes como en la elaboración, y también el duro crítico gastronómico de la película, Anton Ego, me hizo recordar al maravilloso pisto de mi madre, cuando dicho crítico probador aparece en esa famosa escena en la que se deleita tanto con el plato, que vuelve al pasado y a su niñez dorada, igual que al verlo yo también regresaba a aquel día de la celebración de mi triunfo en la lectura con el amoroso pisto de mi madre como premio. Nunca he ganado un premio mejor.
A MI PÁJARO COLORÍN, QUE SE ME HA IDO A LOS 17 AÑOS.

A MI PÁJARO COLORÍN, QUE SE ME HA IDO A LOS 17 AÑOS (24 Diciembre 2025)
Ya no escucho su trino mañanero,
ni su saludo al salir al balcón;
se ha llevado consigo su canción
de pájaro cordial y zalamero.
El brillo se borró en su grácil verde,
su tupido naranja y su azul:
su arcoíris cerrado en un baúl,
que solo existe mientras lo recuerde.
El destello encendido en su mirada
y aquellas acrobacias de alegría,
me llenaron el alma de contento.
Al romperse en la oscura madrugada,
solo oigo tristeza sobre el viento
que hace eco en su jaula vacía.
DIFÍCIL TAREA ES VOLVER A EMPEZAR (enero 2026)

DIFÍCIL TAREA VOLVER A EMPEZAR
En el humilde espacio de opinión que la experiencia me brinda, afirmo que la tarea de volver a empezar es DOBLEMENTE difícil. Y, ¿por qué digo yo que la dificultad en esa situación está duplicada? Pues, porque, en principio, una cosa es empezar, a secas, cuando hay que edificar en un terreno limpio y desbrozado, y otra es volver a empezar, en cuyo caso es necesario reconstruir sobre ruinas, y ya no se trata tan solo de iniciar un nuevo camino, ni de simplemente inaugurar una senda inexplorada en la que rutila con fulgor la ilusión de las construcciones por levantar. No, no se trata solo de empezar, que aun complejo y arduo, se envuelve de entusiasmo y emoción, como todas las primeras veces.
Estoy hablando de volver a empezar, lo cual, supone arrancar de cuajo todo lo anterior, suprimir obligadamente todas las rutinas conocidas a las que se agarra, como al más preciado soporte, nuestro pobre ánimo de simples humanos.
Volver a empezar es salir al aire abierto desde la nada, esperar un milagro del vacío críptico que nos aguarda, soñar con un prodigio regenerador con el que poder trazar un plan virgen, aún por diseñar en el abismo de su fondo ya desierto, porque el pasado se escapó entre los dedos.
Y en esta tan sumamente difícil circunstancia de volver a empezar, el éxito es algo indirectamente proporcional a la edad, pues cuanto más años se arrastran, ya cumplidos en la vida, menos probabilidades nos quedan de emerger airosos, ya que además, este paso, prácticamente siempre, nos viene impuesto por el Destino, y no elegido por la Voluntad.
Sé de lo que hablo porque he tenido que pasar por ahí, por la dura exigencia de empezar de cero con los sesenta años a la espalda. Y también sé que cuando por fin se logra, cuando defines el horizonte desde esa fatigosa posición, la sensación de victoria y orgullo personal llega a la inmensidad, porque el hecho de labrarse una vida nueva, distinta, recién hecha, por estrenar, con el cuerpo ya ajado y el dolor agudo de los huesos latiendo por dentro, premia con una inconmensurable recompensa al pujante deseo de vivir.
ESAS PEQUEÑAS FELICIDADES (VERSIÓN 2 DE DESDE EL SOFÁ) Enero 2026

ESAS PEQUEÑAS FELICIDADES COTIDIANAS
En este incontenible torbellino de dolores y recuerdos que sus recién cumplidos 69 años le sella a fuego en el cuerpo, ella se sienta a pensar. Intenta poner en claro cuáles son esas pequeñas y simples cosas, que como decía la canción de Mercedes Sosa, son a las que se vuelve siempre, esas que le dejan el regusto de una cierta dosis de felicidad.
Y piensa, casi de inmediato, en los tiernos abrazos y mullidos besos que recibe de sus nietos, esas flores bellas y fuertes que brotaron de sus raíces cansadas, esas réplicas de ADN que llenan de luz sus espacios oscuros, y donde reconoce gestos y poses, parpadeos y expresiones de sí misma, como en un espejo prodigioso.
Y piensa también en la espléndida vista que contempla tranquilamente desde su sofá, donde la generosidad de la barandilla del balcón, montada sobre una amplia urdimbre de metal, le permite ver, aun sentada, la torre del homenaje del castillo de Alfonso X el Sabio, la vieja espadaña de la Iglesia Mayor, y la barroca y rojiza silueta de la vetusta plaza de toros, de raigambre visceral en la ciudad, y todo ello en el azul celeste e inmenso de los días radiantes, o las grises cortinas de la lluvia. E incluso, bajo la intensa paleta del arcoíris, que a veces se forma en el horizonte, donde al mismo tiempo se cimbrean un par de árboles majestuosos que habitan en el patio de las rancias bodegas.
Y asimismo piensa en el lento placer de saborear una buena loncha de jamón ibérico, seguido de una copa de buen vino, mientras se sumerge en la historia de alguna película, de esas que rezuman calidad. Y quien dice jamón, dice queso, o gambas, de las blancas, o langostinos, de los grandes, o ya puestos, cigalas. O mejor aún, galeras para la final del Falla.
Hay muchos otros detalles, cometas repentinos, que salpican su cabeza al invocar ese ramillete de felicidades sencillas y efímeras, pero condensadas como frescos bombones de praliné: ese instante en el que siente el sol suave del ocaso sobre la arena de la playa, o ese otro en el que baila como una loca irremediable en la penumbra del comedor, inmersa en los vibrantes compases del rock que tanto adora…
Pero también se da cuenta de que hay otra cosa que cada vez se ha convertido en más y más imprescindible para poder gozar de uno de esos momentos de felicidad: la existencia de un aseo cercano. Porque su pobre vejiga maltratada al parir niños muy grandes, se ha dejado vencer hasta hundirse en el canal que no le corresponde, derivando todo ello en un enorme y brutal cistocele. Esta circunstancia unida a la tensión alta y su consiguiente medicación diurética, acaba dando como resultado que la pobre vejiga sea incapaz de aguantar más de hora y media sin soltar su carga líquida.
Y sí, asume, con cierta rabia contenida, que, llegados a este punto, puede decirse que entre esas pequeñas felicidades cotidianas está la sencilla, pero no siempre asequible, presencia de un servicio a escasos pasos de su alcance.
¡Un cuarto de baño! ¡Qué alegría! ¡Qué felicidad!
Realmente, se conforma con poco…
QUIERO SU RISA SIEMPRE

QUIERO SU RISA SIEMPRE (Diciembre 2025)
Mi niño de blancura
tiene sembrada el alma,
su risa de algodón
me transporta en sus alas,
me muestra el mundo abajo,
y me lleva en volandas
por la línea del cielo
donde las aves cantan.
Trae una verdad simple
en su tierna mirada,
el brillo sonriente
que limpia la mañana,
y no hay nada más cierto
ni honestidad más clara
que la luz que rebosa
por entre sus pestañas.
Sus abrazos de tierra,
de hierba, sol, y agua,
son la lluvia en el campo,
y la arena en la playa,
y en sus besos de ángel
el universo estalla
en mil joyas pequeñas
con sus guiños de plata.
Su amor es el regalo
que el infinito alcanza,
tan fuerte el resplandor
y tan pura la llama
que sujeta la vida
al cordón de la infancia.
No quiero que se agote
la voz de su inocencia,
no quiero que se agrie
esa verdad inmensa
que cruza las paredes
y los tejados peina
con su rastro de azúcar,
limón, vainilla, y menta,
y la gota de almizcle
que su cariño trenza:
quiero su risa siempre,
y ser siempre su abuela,
y guardar sus abrazos,
mis más valiosas prendas,
en mitad de la sangre
que comparten mis venas.
Mas sé que el tiempo acucia
con sus veloces piernas,
y al correr va borrando
las pisadas ingenuas,
y evita el balanceo
de las flores abiertas,
agostando amapolas
en cada primavera
con su falso destello
de los años que esperan,
y atropella a los niños
que aún creen en las estrellas.
Por eso, mientras tanto,
en este tiempo leve,
antes de que la prisa
de su carrera encierre
la estela de la magia
en un recuerdo breve,
quiero saborear
el tiempo que nos quede,
su ingenuidad dorada,
y su sonrisa siempre.