VACÍO (SEPTIEMBRE 2020. RETOCADO MAYO 2026)

VACÍO (Septiembre 2020)

Mi pájaro en su oronda juventud

columpia el trino azul de la mañana;

su esencia, tan vital, marca compases

en el áureo silencio, y despereza

el último resquicio de la noche.

Yo lo miro y me acuerdo de los días

cuando aún me habitaban los amores,

con las guirnaldas en el corazón,

frenético de auroras sometidas

y colmado de angustias indomables,

en el torrente cálido y arcano

de una entrega total y sin fisuras.

Era una suerte de disolución,

de correntía extensa y desplegada,

derramando, en sutiles inconsciencias,

las armas por el suelo, en pacto inútil,

más restos de equipaje, apenas tibio,

a cambio de minutos imposibles,

vendavales de flores imperfectas,

y de años de espera en el umbral.

Era una condición de tiempos tiernos,

de corazón abierto desde el fondo,

(puertas sin llaves y sin vigilancia,

en una expectación casi infinita),

de rendición constante cada hora,

de no saber ser libre en soledad…

La edad me ampara ahora en su blindaje,

ajustando los goznes de metal,

y cruzando pestillos en los huecos

del músculo vacío que aún palpita,

en una libertad grande y resuelta

donde su masa ya no tiene sitio.

No hay mariposas ni aleteos breves,

sino una calma espesa y contundente

que se abruma al mirar en el espejo

dibujos de memoria descarnada.

No quisiera volver, ahora no.

Ahora que contemplo desde lejos

la presión de ferrosa gravidez

en latidos lastrados por la ley

(esa ley tan antigua como el aire

del ingrato vaivén del sentimiento),

no volvería, tras hallarme entera,

yo misma al viento por primera vez…

Mas, a veces se añora hasta el dolor

en el inmenso páramo vacío.

AL OLOR DEL PAPEL Y LA RETAMA (¿FEBRERO / MARZO 2017?)

AL OLOR DEL PAPEL Y LA RETAMA   (¿Febrero/Marzo 2017?)

Al olor del papel y la retama,

hay un lugar espeso de silencio

donde no existen nombres ni apellidos,

donde acaba el planeta, empieza el sueño,

y sólo asoma, lejos, el bullicio

de algún paso contado por el viento.

Allí nos parpadean las mañanas,

tan breves como el sol que busca el centro;

se nos van como agua entre las manos,

se nos van, por los ojos, por los dedos …

¡Nos saben a tan poco cuando llega

la hora de volver al mundo ajeno!

Al olor del papel y la retama,

hay un lugar perdido para el beso,

para la soledad más escogida,

como una cifra única en el cuerpo,

y al ser vidas del campo, más que nunca,

enraízan sus tallos en el suelo.

NO BUSCA (Canción 2018) (NOTA: He cambiado en el estribillo «esa rendija gris», que nunca me gustó en realidad, por «ese guiño sutil», que refleja mucho más lo que deseo expresar. También he cambiado en el estribillo «baila» por «tiembla». En el vídeo aún sale con la letra anterior. Lo he dejado porque el sonido no es demasiado malo.

NO BUSCA (NOVIEMBRE 2018)

HUBO UNA VEZ,

EN QUE LA PIEL

ENCOMENDABA BUSCAR

EN PASILLOS DE CRISTAL,

UNA VERSIÓN

DEL CORAZÓN

DONDE LOS NÚMEROS VAN

PLANTANDO SU MAJESTAD.

HUBO UNA VEZ

EN QUE LA SED

ENCADENABA CON SAL

LOS MIL HECHIZOS DEL MAR,

UNA ILUSIÓN

SIN CONDICIÓN,

UNA CAIDA MORTAL

SIN SABER DÓNDE ACABAR.

ESTRIBILLO:

AHORA LA FLOR

SE GUARDA EL SOL

QUE ASOMA TÍMIDO EN EL BALCÓN,

NO BUSCA MÁS,

YA APRENDIÓ A ANDAR

POR ESE GUIÑO SUTIL

QUE TIEMBLA EN EL PROVENIR.

FIRME Y DE PIE,

EN LA PARED

SE RECONOCE EN LA SOMBRA AZUL.

Y MÁS ALLÁ

DE LA ACRITUD,

SU COLOR SUEÑA ALCANZAR

UN BRILLO DE ETERNIDAD.

HUBO UNA VEZ

PARA LA FE

EN EL FILO DEL AZAR,

COMO UN RETRATO IDEAL

DE LA PASIÓN,

UNA FUNCIÓN

QUE SE LLEVÓ EL TEMPORAL

ANTES DEL RITO FINAL.

HUBO UNA VEZ.

YA NADA ES

LO QUE ESCRIBIÓ LA NIÑEZ

EN LAS TARDES DE PAPEL.

MAS, AL ARDER,

VOLVIÓ A NACER

UN COMETA DE CARBÓN,

ESTRELLA TENUE Y VELOZ.

ESTRIBILLO:

AHORA LA FLOR

SE GUARDA EL SOL

QUE ASOMA TÍMIDO EN EL BALCÓN,

NO BUSCA MÁS,

YA APRENDIÓ A ANDAR

POR ESE GUIÑO SUTIL

QUE TIEMBLA EN EL PROVENIR.

FIRME Y DE PIE,

EN LA PARED

SE RECONOCE EN LA SOMBRA AZUL.

Y MÁS ALLÁ

DE LA ACRITUD,

SU COLOR SUEÑA ALCANZAR

UN BRILLO DE ETERNIDAD.

EL PRODIGIO DE LOS NARANJOS (Marzo 2026)

EL PRODIGIO DE LOS NARANJOS (Marzo 2026)

Su perfume es prodigio

de primavera,

saca el alma a la calle

por las aceras,

y envuelve en su aureola

la ropa nueva.

Es un flechazo al aire

que reaviva

con su olor hacia el sol,

en cada esquina,

las huellas que el invierno

dejó marchitas.

Los alcorques recogen

su vida breve;

sin embargo, es tan fuerte

que hasta parece

fijarse en la memoria,

como si fuese

un eco de existencia

que vuelve siempre.

Poderoso columpia

su aroma intenso

entre la cabellera

grácil del viento,

y así nos acaricia

con finos dedos

ese milagro blanco

del azahar fresco.

Es la flor del naranjo

tan generosa,

que entrega en tres semanas

su esencia toda.

¡Ay, hermoso azahar,

tan leve y bello!

Eres como un chasquido

en el recuerdo,

que repite su ciclo

siempre de nuevo.

Y cuando pasa marzo,

y abril es viejo,

se pierde el azahar,

cruzando el tiempo.

LA REINA DE LA MESA (MARZO 2026)

Glosa simpática, de tono popular y sobre todo, humorístico, al apreciado plato de las croquetas.

LA REINA DE LA MESA (26 Febrero 2026)

Con su diversa receta

gusta al adulto y al niño,

siempre hecha con cariño,

ovalada y muy coqueta.

Tiene su pizca discreta,

personal toque de aliño,

original en su guiño,

en cada fogón, secreta.

De Bilbao a La Caleta,

del Guadalquivir al Miño,

de Almería hasta Treviño,

de Barcelona a Ondarreta,

con tinto o con Albariño,

siempre es reina la croqueta.

EL PISTO DE MI MADRE (28 Febrero 2026)

EL PISTO DE MI MADRE

 Yo volvía feliz de la escuela, ensimismada en mis sueños pueriles y mis interminables tarareos, con el cuaderno en la mano, junto con el plumier de plástico, donde guardaba con cuidado el lápiz ilustrado por las tablas de multiplicar, la goma de borrar Milán, y los lápices de colores Alpino que me habían traído los Reyes Magos. Bajo el brazo, llevaba la Enciclopedia Álvarez a todo color, y un pequeño libro de cuentos. Caminaba contenta, con el tiempo abierto como un enorme escenario de fantasía, y la ilusión de la vida aún intacta delante de mí.

 Me habían concedido algo así como un premio, justo el libro de cuentos que portaba, titulado “Mi costurero”.  Había logrado este preciado galardón por mi lectura, que, la verdad sea dicha, siempre realizaba de manera impecable con gran orgullo, y casi sin esfuerzo, además de una ingente dosis de impostura vocal y dramática, pues de toda la vida me ha llamado el gusanillo del teatro y la interpretación. Para mí era casi una sorpresa observar cómo las maestras se quedaban un tanto perplejas al oírme leer los textos, ya que, entonces, no entendía el porqué de su asombro. Ahora, tras tantos años, y con la docencia a cuestas, deduzco que mi tendencia a la teatralidad realmente indicaba una buena comprensión lectora, muy necesaria, sin duda, para poder darle ese toque dramático a la narración, y eso era precisamente, lo que con tanto aprecio juzgaban las maestras.

 Al llegar a casa aquel día, la iluminación que mostraba mi rostro enseguida me delató, y mi madre se dio cuenta de que traía alguna buena noticia. Al instante me preguntó cuál era el motivo de tal contento, y yo le respondí atribulada por los nervios que en el colegio me habían hecho leer un texto en público, en una especie de concurso con la participación de alumnas de distintas edades y clases, y que habían decidido darme el premio a mí. Tras contárselo y con el gesto de alegría aún chispeando brillo en mis ojos, le enseñé el ejemplar de “Mi costurero”.

 Mi madre, con el gozo más absoluto rebosándole por cada poro, me dijo que esa hazaña se merecía una recompensa, algo de su parte, algo en lo que ella dejase su impronta personal para demostrarme todo su inmenso amor. Mi contestación no se hizo esperar. Casi de inmediato le solté mi deseo, que brotó como del instinto:

<<Mamá, quiero un pisto de los tuyos. ¡El mejor del mundo!>>

 Esa era la recompensa única a la que yo aspiraba siempre en las grandes ocasiones o la celebración de algún éxito, como era el caso: el degustar a mi antojo y placer ese exquisito plato que mi madre preparaba con esmero y tiempo, pues todo lo hacía a mano, como era habitual en la época, pelando las verduras con mimo y paciencia, y cociendo y friendo la diversa y variopinta mezcla de ingredientes que el plato requiere.

 Me acordé de aquel pisto cuando vi la película “Ratatouille”, porque ese plato me pareció muy similar, tanto en los ingredientes como en la elaboración, y también el duro crítico gastronómico de la película, Anton Ego, me hizo recordar al maravilloso pisto de mi madre, cuando dicho crítico probador aparece en esa famosa escena en la que se deleita tanto con el plato, que vuelve al pasado y a su niñez dorada, igual que al verlo yo también regresaba a aquel día de la celebración de mi triunfo en la lectura con el amoroso pisto de mi madre como premio. Nunca he ganado un premio mejor.

A MI PÁJARO COLORÍN, QUE SE ME HA IDO A LOS 17 AÑOS.

A MI PÁJARO COLORÍN, QUE SE ME HA IDO A LOS 17 AÑOS (24 Diciembre 2025)

Ya no escucho su trino mañanero,

ni su saludo al salir al balcón;

se ha llevado consigo su canción

de pájaro cordial y zalamero.

El brillo se borró en su grácil verde,

su tupido naranja y su azul:

su arcoíris cerrado en un baúl,

que solo existe mientras lo recuerde.

El destello encendido en su mirada

y aquellas acrobacias de alegría,

me llenaron el alma de contento.

Al romperse en la oscura madrugada,

solo oigo tristeza sobre el viento

que hace eco en su jaula vacía.

DIFÍCIL TAREA ES VOLVER A EMPEZAR (enero 2026)

DIFÍCIL TAREA VOLVER A EMPEZAR

 En el humilde espacio de opinión que la experiencia me brinda, afirmo que la tarea de volver a empezar es DOBLEMENTE difícil. Y, ¿por qué digo yo que la dificultad en esa situación está duplicada? Pues, porque, en principio, una cosa es empezar, a secas, cuando hay que edificar en un terreno limpio y desbrozado, y otra es volver a empezar, en cuyo caso es necesario reconstruir sobre ruinas, y ya no se trata tan solo de iniciar un nuevo camino, ni de simplemente inaugurar una senda inexplorada en la que rutila con fulgor la ilusión de las construcciones por levantar. No, no se trata solo de empezar, que aun complejo y arduo, se envuelve de entusiasmo y emoción, como todas las primeras veces.

  Estoy hablando de volver a empezar,  lo cual, supone arrancar de cuajo todo lo anterior, suprimir obligadamente todas las rutinas conocidas a las que se agarra, como al más preciado soporte, nuestro pobre ánimo de simples humanos.

 Volver a empezar es salir al aire abierto desde la nada, esperar un milagro del vacío críptico que nos aguarda, soñar con un prodigio regenerador con el que poder trazar un plan virgen, aún por diseñar en el abismo de su fondo ya desierto, porque el pasado se escapó entre los dedos.

 Y en esta tan sumamente difícil circunstancia de volver a empezar, el éxito es algo indirectamente proporcional a la edad, pues cuanto más años se arrastran, ya cumplidos en la vida, menos probabilidades nos quedan de emerger airosos, ya que además, este paso, prácticamente siempre, nos viene impuesto por el Destino, y no elegido por la Voluntad.

Sé de lo que hablo porque he tenido que pasar por ahí, por la dura exigencia de empezar de cero con los sesenta años a la espalda. Y también sé que cuando por fin se logra, cuando defines el horizonte desde esa fatigosa posición, la sensación de victoria y orgullo personal llega a la inmensidad, porque el hecho de labrarse una vida nueva, distinta, recién hecha, por estrenar, con el cuerpo ya ajado y el dolor agudo de los huesos latiendo por dentro, premia con una inconmensurable recompensa al pujante deseo de vivir.