¿Qué más pedir? (Canción. Marzo 2012)

¿QUÉ MÁS PEDIR?

Tu presencia me invade

con ráfagas de azahar,

como el viento sencillo

en la tarde redonda.

Las aceras azules

que a veces recorremos,

rezuman sal intensa

entre besos y sombras.

 

 

¿Qué más puedo pedir

que no sea el infinito,

sino el susurro suave

que se esconde en el vino?

¿Qué más puedo pedir

que no sea el infinito,

si tú y yo nos mecemos

en trapecios de hilo?

 

 

Tu sonrisa me ocupa

en ángulos perdidos,

crece y se extiende como

la libertad del agua.

Los silencios que a veces

me pones en las manos

son palabras escritas

en la lengua de tu alma.

 

 

¿Qué más puedo pedir

que no sea el infinito,

sino un claro segundo

de amor preciso y limpio?

¿Qué más puedo pedir

que no sea el infinito,

si de todas maneras,

tan sólo sé que existo?

 

 

En los días del mundo

no hay más que un sol concreto,

la luz irrepetible

de un puñado de estrellas:

Es la felicidad

un vaso de recuerdos,

y un hatillo de risas

en las tardes pequeñas.

 

¿Qué más puedo pedir

que no sea el infinito,

sino el viento en los dedos

en el verano tibio?

¿Qué más puedo pedir

que no sea el infinito,

si todo nuestro tiempo

cabría en un suspiro?

La estela de tus ojos

cosida a mi vestido,

nuestras voces sumadas

al sueño del domingo:

Algunos días sueltos

es todo lo que pido.

 

 

Marzo 2012

Yo no sé que hay sangrando (Bulerías)

Yo no sé qué hay sangrando (Bulerías) (2006)

 

Yo no sé qué hay sangrando

bajo mi pecho,

qué hilos del ocaso

suspiran dentro.

 

Yo no sé qué puñales

rajan el viento,

enconando las hojas

de un árbol cierto.

 

¡Ay quién pudiera

cultivar un secreto

de primavera!

 

El sol entre la lluvia

pasea rubio,

el sol de los gitanos

le baila al mundo.

 

Yo no sé qué hay sangrando…

 

Tras las paredes,

el día es una escena

que se estremece.

 

¡Guárdate de la brisa

que es traicionera,

y puede hacernos daño

con sus sentencias!

 

¡Ay quién pudiera

no tener que callarse

la primavera!

 

Yo no sé qué Destino

pinta mi estela

con trocitos de espuma

de la marea.

 

¡Ay quién pudiera

coserse en el vestido

toda la arena,

y guardar un pespunte

de playa eterna!

 

Año 2006

WARM WALK (1994)

 

MAREA BAJA EN LA PUNTILLA 3 (2)Warm Walk

 

It was like a warm walk in the evening sun

And it made me believe in the freshness of life.

It was like a beating fever in my shining heart,

And it showed me the steps I had never taken.

 

Blowing like a fast leaf, it just ran through my passion,

And it meant more than anything I had ever accomplished:

In the sweet taste of darkness your lips flourished like rainbows,

They were born to the wind, soaring wild in my feelings,

And the chains of their birth still remain unforgotten,

Like the salt-smelling foam breaking onto the sea-shells.

 

Don’t you ever split the everlasting colours of those memories,

Let them glow in the red wells of old treasures,

I will keep them as safe as bright pearls in a soft chest,

Brave and clean, and deep-clung in the bottom forever.

VIENTO Y ARCILLA (1995)

Quise tejer un destino

con las lindes de la vida,

y el Destino, de reojo,

malicioso, sonreía.

 

¿A dónde crees que vas

construyendo tan de prisa,

con un corazón de agua,

y un sentimiento de arcilla?

Voy a maquinar un sello

que me conforme la vista

con un paisaje perfecto

de nombres y leyes fijas.

 

Y el Destino en un segundo

se tragó toda medida,

arrasó cada cimiento

que daba forma a mis días.

 

Ahora sólo quiero el tacto

que ensarte llama y espinas,

dejarme mecer al viento,

navegar a la deriva.

 

Es imposible construir

sobre un armazón de brisa

los detalles de las sombras

y las flores imprevistas,

con un corazón de agua

y un sentimiento de arcilla.

 

 

Año 1995

Mi Jazmín

MI  JAZMÍN  (Enero 2016)

 

Mi jazmín es un náufrago del tiempo,

un héroe puesto en pie tras mil caídas,

ha vuelto de un pasado inexpugnable,

vestido con un rastro de victoria.

 

Mi jazmín se ha enfrentado a los gusanos,

ha pasado por años sin perfume,

y a pesar de sentirse mustio y viejo,

lució su aroma blanco de repente.

 

Mi jazmín me ha enseñado a ser constante,

ha demostrado su lucha de planta,

ha vuelto de verdores solitarios

para subir su olor por las esquinas.

 

Yo di por muerto un día a mi jazmín,

no soñé que vería su blancura

salpicando las tardes perfumadas

con un aura suave de sorpresa.

 

Igual espero yo, de mis cenizas,

volver de la certeza del abismo,

y abrirme al sol como el bravo jazmín,

aun viendo cerca el fin del horizonte.

 

 

Las Vocales Envidiosas

LAS VOCALES ENVIDIOSAS

 

¿Conoces bien las vocales? ¿Estás al tanto de todos los  secretos de esas señoronas que responden al sonido de A, E, I, O  y U? Fíjate bien en sus cuerpos y sus voces cantarinas, y no pienses nunca que hay alguna que supera a las demás, pues todas por igual son importantes. Si cometes el error de anteponer  alguna de las vocales a sus sonoras compañeras, podría suceder como en esta historia.

Érase una vez un pueblo perdido en las montañas al que llamaban la Aldea de las Palabras. La gente allí era tranquila y sencilla, y sus días transcurrían como frases apacibles, acunados como en algún añejo diccionario descubierto por un niño.

En el pueblo vivían adjetivos y verbos, nombres y sentencias, en singular armonía, y entre ellos la flor y nata del origen de todas las lenguas, las Vocales: Allí cantaba la A, mayúscula ella, con su forma de tejado con desván, también la E, el eterno peine de carcajada burlona, y la I, larga y estirada, con su punto a modo de corona de quita y pon sobre su esbelta figura; también bostezaba la O, redonda y risueña, semejante a un redil redondo,  tal vez soñando con plazas de toros, o con alegres balones, y su amiga la U, con sus cuernos salvajes apuntando al cielo.

 

Un día la A pensó: “Yo soy la más importante de todas la vocales. Sin mí no hay palabras como pan o cama, tan imprescindibles para la vida”. Entonces llamó a las otras vocales y las metió en el desván. Al día siguiente, la señora María fue a comprar dos litros de leche y medio kilo de café. No pudo decirlo. “Das latras da lacha a medaa kala da cafa” “¿Cama?” “Das latras da lacha a medaa kala da cafa” Nadie se entendía y todas las palabras salían como espejos monótonos en un infinito acorde de asombro. Todos sonaban como atónitos. El viento del atardecer parecía quejarse o incluso extrañarse con su A constante.

Una ratoncita llamada Guadalupe vivía en el más recóndito agujero del sótano del Ayuntamiento, donde tenía escondidos muchos libros con sus letras, todas completas e impecables. La gente del pueblo se reunió asustada en el Ayuntamiento. Guadalupe se ofreció a traducir y a ayudar, y al fin dio con la solución: Fueron a hablar con la A para pedirle por favor que desistiese de su tonto juego de secuestro inútil y nocivo para todos, y por fin la A abrió su desván y liberó a las demás vocales.

 

En otra ocasión la E pensó: “ Yo soy la más importante de las vocales. Sin mí no hay belleza, no se puede recordar, y los ingleses no podrían tomar el té. Llamó a sus hermanas para peinarlas con un peinado nuevo, y las dejó enredadas sin poderse soltar.

Al día siguiente cuando la señora Luisa fue a comprar un kilo de chorizo para sus rollizos niños, no pudo: “Cherece” “¿Keme? ¿Cereces?” No había manera de entenderse. Los habitantes del pueblo parecían tartamudos asustados, haciendo aspavientos y dando inútiles gritos que a nada conducían, pues las conversaciones se limitaban a una eeeeeeeeeeeeeee repetidamente absurda. Hasta el viento de la tarde se sentía molesto con su forzado y torpe balido: Eeeeeeeeeeeeeeeee

De nuevo, todos los lugareños, como impulsados por la desesperación, fueron en busca de la ratoncita Guadalupe, quien, a pesar de la maraña de voces ovejunas, comprendió cual era la misión que por segunda vez le estaban encomendando. Se dirigió entonces a la E con un cesto de sonrisas y todo su afable alfabeto, y por fin le hizo ver cuán errónea había sido su atolondrada decisión de enredar a sus hermanas en las púas de su envidia estúpida. Entonces las vocales salieron de su laberinto y llenaron las bocas de palabras enteras y preciosas.

 

Ocurrió que otro día, a la I le dio por pensar: “Soy desde luego la más elegante y delgada. Estoy a la moda, voy a la última. Las pondré a todas como rosas de pitiminí. Llamó a sus hermanas para jugar al bridge, y las hizo prisioneras hipnotizándolas con su punto, como al vaivén de un frenético reloj. El viento chirriaba como un caballo (iiiiiiiiii). Cuando el señor cartero le llevó un telegrama a Juan, el farmacéutico, gritó:”In tiligrimi”, sin poderlo evitar, y por más que intentaba recomponer las palabras que anunciasen  su encargo, sólo conseguía prolongar el incomprensible relincho. La gente parecía obligada a sonreír en una infinita mueca de labios afilados, y muchos fueron los que ya empezaban a sentir molestias en las quijadas, encogidas sin descanso.

 

No hubo más remedio que acudir a Guadalupe, como en las ocasiones anteriores. La ratoncita se acercó con cuidado para no sucumbir encantada por el poderoso imán del punto. Ya cerca, le contó a la I que la consulta del Doctor Pérez estaba desbordada con tanto dolor de mandíbula paralizada, que los niños lloraban  sin parar con incesantes gemidos finos como hilos de viento, y que su cabezonería no tenía razón de ser. La I decidió liberar a sus hermanas de aquel sopor tan dañino para el pueblo.

 

Algún tiempo más adelante, cuando ya casi nadie se acordaba de las difíciles vicisitudes que las acumuladas envidias de las vocales habían acarreado, cayó la O en el mismo pecado, y de pronto se puso a pensar: “Yo soy la más perfecta, las más redonda. Soy como el universo. Dentro de mí caben todas las demás como en un anillo. Sin mí no habría flor, ni color, ni amor, ni siquiera voz. Llamó a sus hermanas para cantar una canción a coro. Y el viento se puso a tronar con eterna sorpresa: Oooooooooo

Anita quería un lápiz verde para colorear un árbol que había dibujado en el colegio. “On lopoz vordo” “¿Ko?” “On lopoz vordo”  No pudo hacerse entender. No consiguió el lápiz y tuvo que presentar en el colegio la enferma imagen de un árbol desangelado por la palidez extrema de sus simples trazos sin verdor.

La gente del pueblo empezaba a hartarse de este juego singular, de sus bocas como roscos de vino a todas horas, de la confusión y el desconcierto entre las familias, los amigos, los vecinos.

Fue necesaria otra vez la intervención de la ratoncita Guadalupe, con sus libros llenos de palabras, su paciencia y su acierto a cuestas. Pactó con la O la pronta liberación de las vocales a cambio de unos cromos y unos buñuelos. Salieron por fin las vocales del redondel, como vaquillas asustadas por la lidia inminente.

 

Y sucedió que otro día la U pensó: “Soy la más original. Sin mí no hay luz, ni está completa la melodía de la música, y además la “q” no sirve para nada en mi ausencia. Soy única.” Llamó a las demás vocales para jugar a mus y las amedrentó con sus pitones guerreros.

El viento estaba feliz con su letra preferida, pero la gente del pueblo se despertó sin poder tomar café ni tostadas, ni mantequilla o mermelada. A todos les dolía la boca de tener que forzar esa postura tan extraña. Cuando hablaban parecían monos: “uuu” “uuu” “uuu”.

 

Guadalupe ya se había cansado de tanto parlamento con niñas envidiosas, pero las súplicas de los vecinos del pueblo la enviaron de nuevo a salvar la situación. Esta vez se sirvió de un capote de palabras largas y de muchos sonidos para realizar su faena maestra, abriendo paso a las vocales prisioneras.

El pueblo entero decidió que no podrían permitirse pasar de nuevo por esa situación tan desastrosa. Era necesario buscar la forma de conciliar los genios enfrentados de las envidiosas vocales, y evitar las disputas de una vez por todas.

Guadalupe habló con todas las vocales durante horas. Les dijo que tenían que vivir en armonía, pues su inmenso valor dependía de la combinación adecuada de todas, y por separado no eran más que ruido incomprensible, que ni el viento podía digerir.

Y arrepentidas, las vocales juraron que nunca más intentarían aniquilarse unas a otras, porque todas contribuyen por igual al juego de las palabras, y su nefasta experiencia había puesto en claro que sin la colaboración de todas y cada una de ellas no podía haber ni lenguaje, ni comunicación, ni paz.

 

De los Retornos Imposibles

De los retornos  imposibles

LA MOSCA (I) (En La Pinta en 2004)

En un instante soy como una mosca

diminuta y extraña, sin un nombre,

una presencia que nadie contempla,

espacio inadvertido entre las voces.

 

En un instante mi tiempo se fue

y ahora que lo sé, ya no hay remedio;

todo puede curar, menos la herida

que asestan los relojes en el cuerpo.

 

Ese es el modo en que llega la muerte,

que ataca a la materia con sigilo,

va ajando cada huella de tus dedos,

deteriora tu sangre y tu destino.

 

Poca cosa es el alma en esta lucha,

y nada es lo inmortal contra la carne,

nada el empeño de todos los pasos

que cruzaron el viento hacia delante.

 

Me he mudado la piel en la de insecto:

pues tú ya no me ves, no me ve nadie.

Me borraron del mundo sin piedad,

me han despojado del rostro y del aire.

 

No existiré, sin más, por este amor

de amanecer cuando cae la tarde.

Contra el tiempo pequé, y mi condena

me aleja de las líneas de la imagen.

 

Año 2004

 

NÚMEROS (II) 

Cuando se esperan números abiertos

la línea de la noche se hace nítida,

se olvida que hay destinos perfilados,

y que el mundo no es más que un punto fijo.

 

Cuando hay gestos que quedan en suspenso,

como en una oración, como hacia arriba,

se olvida que el camino está trazado,

y nunca hay un regreso hacia la carne.

 

Son todos los retornos imposibles

que nos dejan exhaustos, sorprendidos,

enfadados, en fin, ante los números

que a cada paso cierran con mil llaves

la proyección de estelas de cristal

que se nos va cayendo en el camino.

 

Año 2004