BRIJANA (26 Junio 2020)

BRIJANA (26 Junio 2020)

Llegó de pronto. Silueta sencilla.

Nos llamó, juguetona, desde fuera,

como empujada por la primavera

su joven condición de mantequilla.

Una bolita inquieta y amarilla,

ojos de lista, plumaje de cera,

su instinto le cambió la vida entera,

la libertad como una lamparilla.

Y se hizo a la ley de mi sonido

desde que apareció por mi ventana,

hasta imitar mi voz y mi silbido,

saludando, festiva, mi mañana,

y mi diario regreso. Se me ha ido.

Trece años me dio. ¡Adiós, Brijana!

HOJAS (22 Junio 2020)

HOJAS (22 Junio 2020)

Dos hojas en la brisa,

sin esperarlo,

con el alma en la boca

se han encontrado.

Se regalan los ojos,

guardan los labios,

las palabras son sombras

dobles del árbol.

Las raíces del hambre

atan las manos

para sellar con hierro

cualquier pecado,

pero asoman las flores

limpias del campo,

las que en el fondo verde

no se secaron,

y las hojas ya viejas

en besos largos,

agitan los recuerdos

en un abrazo.

En una rama antigua,

sueñan los pájaros.

Las hojas han caído,

y sin embargo,

en su viaje del suelo

siguen temblando.

LOS TONOS DE LA PRIMAVERA (09 JUNIO 2020)

LOS TONOS DE LA PRIMAVERA (09 JUNIO 2020)

                El cristalino azul del cielo aparece estampado de nubes como lunares únicos en su forma, que quizás recuerdan a las nubes que cruzan el cielo animado de “Los Simpson”. Sirven de originales sombreros al relieve abrupto de las montañas, como diseños locos y libres para cualquier imaginación. Los montes muestran sus siluetas soberbias, unas veces a través de las múltiples aristas de la roca magnífica, casi inquietante, y otras veces al abrigo de esa vegetación descarada de la que presume la arrogante primavera, con su paleta de verdes, azules, grises, y ocres amarronados, como pegotes caprichosos aquí y allá, en una composición casi onírica.

 El sol de este mediodía, sereno y tranquilo sobre la sierra, penetra en mis poros ávidos de luz y calor, pero no ruge enojado, sino que deja caer su tenue tinte de suavidad comedida. Es como un sol de invierno, ese que incluso se agradece, aunque aprieta un poco más osado en su escalada por el termómetro. Sin embargo, ni siquiera llega a rozar la agobiante e imperturbable contundencia de los rayos estivales, con sus despiadadas sentencias sensoriales de desierto ardiente. No se acerca en lo más mínimo a ese sol áspero que impulsa al cuerpo a buscar, incómodo y casi desesperado, el alivio salvador de la bebida fresca, y el refugio necesario de la sombra. No. Aquí, hoy al menos, hasta el sol del mediodía obedece a la mesura.

 Y lo mejor es el silencio. No es un silencio absoluto, pues eso no existe ni en los hielos perdidos de la Antártida. Hay en cambio un silencio de calidad, donde los sonidos son leves y selectos. Ninguna onda sonora sobrepasa el grado mínimo en la escala auditiva, y los tímidos ruidos que se difunden como briznas al viento, lo componen solamente lejanos ladridos, adormilados en la distancia, pequeños trinos de algún romance primaveral que se mezclan con la conversación secreta de algún coro de pájaros, y el zumbido intermitente de insectos, que fluctúa en su emisión como una radio que pierde su cobertura de vez en cuando entre los riscos. También se suman los balidos de las ovejas, contándose sus cosas a lo lejos, en medio de un pianísimo tintineo de cencerros que las acompañan en su camino hacia los pastos abiertos en el verde reclamo de la montaña. Y para completar el curioso concierto, los gallos repiten su estribillo improvisado en una letanía irreverente de cacareos, mientras las gallinas van salpicando de tonos altos y breves pizzicatos toda la partitura en su conjunto.

 Estos tonos intermedios y suaves son los que nos recompensan con una sublime sensación de paz.

PEQUEÑAS CONVERSACIONES CON MI NIETA: LA PANDEMIA Y SUS CONSECUENCIAS (08 Junio 2020)

PEQUEÑAS CONVERSACIONES CON MI NIETA. LA PANDEMIA Y SUS CONSECUENCIAS (08 Junio 2020)

  • ¡Esperanza, cariño, tienes que terminar la tarea de hoy!
  • Pero, Abuela, ¡estoy harta ya!
  • Ya sé que estás harta de hacer ejercicios sin la presencia de tus amigos del cole. Ya sé que es tremendamente aburrido abrir los libros y pasar sus páginas sin compartir el contenido con tus compañeros, sin poder intercalar sus graciosos comentarios, cuajados de risitas acuosas como cascadas de azúcar, y sin la recompensa del juego, como un premio de colores, al llegar el recreo…
  • ¡Ay, qué cosas dices, Abuela, más raras! ¡Vaya palabras! Pero creo que te refieres a que me parece muy extraño dar las clases así, sola en casa, sin mis profes ni mis amigos, y eso sí que es verdad: echo mucho de menos mis clases de todos los días en la escuela.
  • Pues, sí, veo que esta situación te altera. Por eso te ha dado por la llantina fácil y constante, mucho más que cuando eras sólo un bebé, tal vez porque a veces te sientes sensible y perdida como gallina en corral ajeno. ¿Por qué lloras tanto? Tú nunca has sido llorona, y ahora por cualquier cosa, por nimia que sea, acuden las lágrimas a tus ojos, y la rabieta quisquillosa a tu gesto, como si una sarta de contratiempos oscuros te hubieran azotado el ánimo hasta disipar ese entusiasmo alegre que siempre has llevado en la mirada.
  • No sé muy bien qué dices, Abuela, pero quizás hablas de que esto no me gusta, y eso es cierto. ¡Quiero que volvamos a la vida normal! ¡Quiero ir al colegio por la mañana y ver a mis amigos y a mis profes!
  • Bueno… A eso hay que añadir el tema de la pelusilla que te ha entrado por el hermanito o hermanita que viene en camino. Tanto te come el asunto, que no quieres más que mimos y atención a todas horas. Son muchos cambios del tirón, ¿no? Yo te comprendo, mi amor, pero aun así, ¡no me vayas a llorar otra vez, por favor! ¿Me prometes que no vas a llorar de nuevo?
  • ¡Puff! Eso es muy difícil. ¿Vale si te prometo la mitad?
  • ¡Bueno, de acuerdo! La mitad. Mejor que nada…