Cumpleaños (a mi amiga Pilar, arrebatada demasiado pronto)

La palabra cumpleaños

se te ha quedado pequeña,

pues ya tu sueño acaricia

las edades de la tierra.

En la seda del recuerdo

hemos bordado sirenas

con el perfil de tus ojos

y la suma de tus huellas,

para recordar por siempre,

como recuerda la arena

los trazos que hacen las conchas

en la tarde de sal quieta,

el surco de tu sonrisa

en la eterna primavera.

 

Abril 2015

VENTANAS (Rescatado de 1998)

VENTANA A

 

Aquellos días eran de ventanas

de par en par, hacia cualquier destino:

trastornaron las piedras de las sendas

para pensar de pronto en los gorriones.

 

Y tú estabas allí, como los otros,

en el momento en que se abrió el verano,

mas tú sí te asomabas a los grillos

y a veces escuchabas mis pisadas.

 

Hablaste cómo y cuánto era preciso

cuando el agua arañaba los cimientos

de un segundo estancado en su ceguera.

 

Y en un momento atado a cualquier parte

quizás mi voz se desentierre un día

de entre esas hojas que acunan recuerdos.

 

 

 

 

 

 

 

Febrero 1998

Y NECESITO

Y NECESITO

 

Yo necesito tiempo.

El tiempo abierto como un haz de agua,

el tiempo, como un libro, al infinito,

peinándose las hojas con mis pasos.

 

Yo necesito tiempo.

Un tiempo donde todo el pensamiento

se  encienda libremente, con el aire,

un tiempo para el pájaro y las venas,

donde a cada palabra siga un potro

con su universo a cuestas…

 

Yo necesito tiempo.

El tiempo necesario que me apunte

las exactas raíces de mi alma.

 

He de sembrar el tiempo por el cielo,

guardarlo de alimañas y cenizas.

Salvaré las mañanas en el puño,

y el tiempo correrá como la savia,

desnudando la niebla.

 

Año 2012

AQUÍ Y NUNCA (ESPINAS)

(Aquí y nunca) ESPINAS

 

Hay espinas que caen y se anclan

en el arcón de arena del sentido:

pintan en su misterio uñas crueles,

sacan de sus mentiras garfios ácidos,

y concretan la muerte en una imagen

tan real como el peso de las puertas

en la casa vacía y sin palabras.

 

¿Y cómo no creer en el dolor

cuando la soledad aprieta el sueño,

y el miedo es un silencio indefinido

que no enseña ni fechas ni razones,

que no cuenta verdades, ni despliega

las auroras de todos los despiertos

que por fin arrancaron sus espinas?

 

Hay horas en tropel que se disparan

y salpican la piel de brumas sucias:

deciden qué pasó en aquel minuto,

hornean a su antojo los vacíos,

abren heridas con balas de viento,

y se anclan al fondo de la lluvia

de las almas vencidas por el sol.

 

 

Año 2008

 

Arcilla

I

Cuando más firmes eran los detalles

perfectamente fijos en sus leyes,

cuando era inexorable aquel camino

que se me hizo verdad entre preguntas,

de agua me encontré mi corazón,

tal vez de sangre, como sin forma,  huésped

de aquel vaso dorado que se alzaba …

 

Cuando más ciertas eran las siluetas

y más reales marcaban cada paso,

se cercenó el silencio sin piedad,

y apareciste tú, como una brecha,

rasgando cada línea de mi mundo,

agitado de ti, como de lava.

 

II

La arcilla alimentó mi sentimiento,

dócil como el pan crudo, sin perfiles,

y se abrió desde dentro hasta perderse

en un tiempo sin nombres ni esqueleto.

Hallé vida detrás de las murallas,

y me comí la hiedra intensamente;

desde ti llegué hasta el mar que no cabía

en los trazos perfectos de mis años,

y pequé desde ti contra los hombres

sentados al vacío de sus almas,

temerosos de todo cuanto tiembla,

que me arrojaron ojos como hierros

y puñales de voz por las esquinas,

porque mi amor de sal quemaba el aire

de sus casas, sus calles, y sus horas.

 

III

Y te amé de una vez, sin dar excusas

ni al tiempo, ni a las voces, ni al sonido

del trueno, entre mis dientes, olvidado.

Te amé sin más porqué que el viento tibio

como un dardo de azúcar por mi boca,

sin lamentar ni un poro, ni un cabello,

ni tan siquiera un verso o una mirada.

Te amé de un solo golpe, sin pensarlo,

con mi voz, con mis ojos, con mis manos,

con mis labios fundidos sin medida,

con cada sacrificio de mi mente.

Te amé igual que lo hacía aquellas veces

en que el sol desataba las mañanas

como sucesos blancos en la historia,

para empezar el mundo desde el centro,

y aprenderme los nombres de las cosas.

IV

Casi no queda aliento que me entregue

a la felicidad espesa y cálida

de los aún creyentes en la vida,

mas ahora que mis pies se han repartido,

borrarme hacia el principio es imposible:

los días repetidos ya no pueden

tragarse hasta el final mi fantasía.

Y esta luz descalzada que confirma

el nacimiento de mi carne nueva,

llega con unas fechas azuladas,

un vestido de azahar, y una pregunta

que ha borrado los surcos de mis manos.

 

 

Año 1998

 

COPA DE MAR Y MONTAÑAS

COPA DE MAR y MONTAÑAS

El viento  del ocaso es un milagro,

el mar se vierte en una copa al fondo,

y mientras tanto las hermosas moles,

suaves en la luz que se retira,

parecen al alcance de la mano,

con sus picos tan cerca que uno siente

que puede hablar con Dios en voz muy baja.

 

El adiós se me cae por el alma,

no quiero irme de esta blanca altura.

Quiero llevarme los montes guardados

oler aquella azul y húmeda niebla

donde las gaviotas se deslizan.

Quiero dejar el cuadro suspendido,

como un pequeño sueño que se cumple,

y quiero las imágenes magníficas

en el álbum dorado que conservo

para el día del alba cegador

cuando atraviese túneles de agua

y ajuste mi memoria y mis sentidos

a los colores básicos del  mundo.

 

 

Agosto 2015.

MARES CIEGOS O EL ALZHEIMER

MARES CIEGOS o EL ALZHEIMER (A mi madre)

Su alma no está.

En sus ojos vencidos sólo asoma

toda la opacidad de los naufragios,

la maraña de días imperfectos

que han  perdido sus nombres y sus fechas.

No me conoce siempre:

Las caras son un mundo inexplicable

que depende de dioses escondidos,

artífices ajenos que se escapan

de los trozos de espejo que aún conserva.

A veces la recorre su pasado

y se acuerda del sol y de sus hijos,

por un instante se llena de luces

que dan sentido al túnel desvaído;

mas las sombras contestan desde dentro

y traen sus laberintos sin memoria,

desgarros sin color y sin palabras

que le arrancan el alma de su sitio

y dejan la piel hueca, despojada

de toda su estructura de recuerdos,

y de toda la historia de su carne.

Es igual que la muerte,

que se ha multiplicado en el camino,

en esa lentitud de tiempo extenso

que todo lo vulnera y lo destiñe,

y acaba por borrar en su delirio

las raíces más firmes de la tierra.

Año 2009 (A mi madre)

A mi padre, ausente desde entonces

A MI PADRE, AUSENTE DESDE ENTONCES

 

El mundo se fue de pronto

y él vio una verdad helada

que le hirió como una estrella.

El silencio se hizo diáfano,

y su corazón de arena

le enseñó una puerta oscura

con una palabra escrita,

tan clara como su nombre,

tan cierta que le dolía,

abrupta como el destino

de embudo ciego y ceniza:

La leyó inefablemente

con los ojos muy abiertos,

el alma puesta de pie,

y los sentidos pendientes

de la última memoria.

 

¡Ay, quién pudiera dormirse

sin contemplar huecos negros,

cargados de la conciencia!

¡Ay quién pudiera cerrar

el puño como los niños,

dormirse sin saber nada,

en la ingravidez del sueño,

echar llave a la memoria,

y deslizarse al olvido

como una pizca de sal

en la espuma del invierno!

 

Pero sé que he de caer

en la ansiedad contundente

de saberme bien despierta

cuando me alcance el segundo

en que mi suerte, borrosa,

cumpla con el horizonte

su antiguo rito de agua,

como en un grito callado,

sin más huella que mi miedo,

sin caminos compartidos,

y con un dolor tan único

que quebrará los espejos,

sin ecos, sin voz, sin nadie,

yo sola, y el universo,

como tú, mirando arriba,

como tú, plegando lluvias.

 

Año 1999

 

 

El hielo en tus palabras

En tus palabras hay bosques de hielo,

suenan como un carámbano traidor,

una navaja ciega en su desprecio

que como insecto cuaja en el insomnio,

carcome las heridas ya curadas,

y crece por el fango del silencio

en la fábrica abrupta del absurdo.

 

Salen como una fiera obnubilada

por el pasto salvaje y venenoso

de un futuro esperado que no existe,

pues no hay futuro cierto en este mundo,

y pensar que es visible es caer al fondo

de un vacuo paraíso donde el miedo

cultiva sus mentiras arrogantes.

 

Van tus palabras locas por la sangre,

con los ojos vendados por la ira,

se creen eternas cuando son instantes

que el viento desperdiga sin memoria,

corren en remolinos sin cerebro,

movidas por pesares escondidos

que yo ni he consentido ni conozco.

 

Así tus noches no verán centellas

que rebosan de luz en las esquinas

para orientar la oscuridad errante

de aquellos que se sienten castigados

por alguna tormenta de preguntas.

Y no hallarás caminos ni respuestas

si no buscas sostén en los recuerdos,

en la raíz sincera de las cosas

que el amor hace intactas e imborrables:

Somos la suma entera de los pasos

que ya dimos, efectos de esas huellas,

y en preciadas maletas de jazmín

viene el esbozo de destinos nuevos.

 

 

 

Noviembre 2015

 

 

 

EL TIEMPO DESHILACHADO

EL TIEMPO DESHILACHADO   (A nuestro amigo Luis)

Cesó por fin su lucha en la batalla

contra todos los nombres y apellidos.

Cerró su diccionario opaco y áspero,

que nunca descifró con claves claras,

mientras un corro de atentos oídos

se afanan en pasar las turbias hojas.

 

Le habían cruzado dos negras espinas

el alma de niñez que conservaba,

hacia atrás trastocaron las edades,

y el proyecto de adulto que dormía

esperando su turno para el vuelo,

quedó desvanecido entre las brumas

de una adolescencia dilatada,

desvaída, ajada, discordante,

fuera de su lugar en el otoño.

 

El mundo estaba ahí, sin una puerta,

una suerte de luces encriptadas

donde los camuflajes de las sombras

sonríen en nombre de la libertad,

con su dulce disfraz de tiempo eterno,

y su inmortalidad, tan engañosa.

En sus adentros brotaba un susurro:

“¿Quién eres, Libertad? ¿Y quién soy yo?

Hay una niebla oscura que me ciega.

¿Dónde acaba el pespunte de mi alma?

¿Y dónde empieza el mar que no conozco?

¿Y quién es esa luna que me llama,

y me arrastra en sus largos dedos rubios?”

Las preguntas se helaban con la escarcha

de aquellas madrugadas como selvas.

Mientras la eternidad era sencilla,

los años, papelillos de colores,

la vida era un minuto repentino,

un canto altivo, una piel inmortal.

Pero los calendarios y los huesos

se agrietan y enmohecen como el pan

que se nos olvidó en una alacena.

Y entonces toda la euforia del alba,

y las fechas fugaces del azahar,

se caen de las cumbres del Olimpo,

y encuentran su destino diseñado

por las seguras leyes de la tierra.

Y esa verdad de golpe duele tanto

que una flecha certera se clavó

en mitad de su alma dolorida,

y le robó el aliento de repente,

para dejarnos llenos de preguntas.

Llegó y se fue el eterno caminante

de redondos caminos infinitos.

AGOSTO 2014.