A MI PÁJARO COLORÍN, QUE SE ME HA IDO A LOS 17 AÑOS.

A MI PÁJARO COLORÍN, QUE SE ME HA IDO A LOS 17 AÑOS (24 Diciembre 2025)

Ya no escucho su trino mañanero,

ni su saludo al salir al balcón;

se ha llevado consigo su canción

de pájaro cordial y zalamero.

El brillo se borró en su grácil verde,

su tupido naranja y su azul:

su arcoíris cerrado en un baúl,

que solo existe mientras lo recuerde.

El destello encendido en su mirada

y aquellas acrobacias de alegría,

me llenaron el alma de contento.

Al romperse en la oscura madrugada,

solo oigo tristeza sobre el viento

que hace eco en su jaula vacía.

DIFÍCIL TAREA ES VOLVER A EMPEZAR (enero 2026)

DIFÍCIL TAREA VOLVER A EMPEZAR

 En el humilde espacio de opinión que la experiencia me brinda, afirmo que la tarea de volver a empezar es DOBLEMENTE difícil. Y, ¿por qué digo yo que la dificultad en esa situación está duplicada? Pues, porque, en principio, una cosa es empezar, a secas, cuando hay que edificar en un terreno limpio y desbrozado, y otra es volver a empezar, en cuyo caso es necesario reconstruir sobre ruinas, y ya no se trata tan solo de iniciar un nuevo camino, ni de simplemente inaugurar una senda inexplorada en la que rutila con fulgor la ilusión de las construcciones por levantar. No, no se trata solo de empezar, que aun complejo y arduo, se envuelve de entusiasmo y emoción, como todas las primeras veces.

  Estoy hablando de volver a empezar,  lo cual, supone arrancar de cuajo todo lo anterior, suprimir obligadamente todas las rutinas conocidas a las que se agarra, como al más preciado soporte, nuestro pobre ánimo de simples humanos.

 Volver a empezar es salir al aire abierto desde la nada, esperar un milagro del vacío críptico que nos aguarda, soñar con un prodigio regenerador con el que poder trazar un plan virgen, aún por diseñar en el abismo de su fondo ya desierto, porque el pasado se escapó entre los dedos.

 Y en esta tan sumamente difícil circunstancia de volver a empezar, el éxito es algo indirectamente proporcional a la edad, pues cuanto más años se arrastran, ya cumplidos en la vida, menos probabilidades nos quedan de emerger airosos, ya que además, este paso, prácticamente siempre, nos viene impuesto por el Destino, y no elegido por la Voluntad.

Sé de lo que hablo porque he tenido que pasar por ahí, por la dura exigencia de empezar de cero con los sesenta años a la espalda. Y también sé que cuando por fin se logra, cuando defines el horizonte desde esa fatigosa posición, la sensación de victoria y orgullo personal llega a la inmensidad, porque el hecho de labrarse una vida nueva, distinta, recién hecha, por estrenar, con el cuerpo ya ajado y el dolor agudo de los huesos latiendo por dentro, premia con una inconmensurable recompensa al pujante deseo de vivir.

ESAS PEQUEÑAS FELICIDADES (VERSIÓN 2 DE DESDE EL SOFÁ) Enero 2026

ESAS PEQUEÑAS FELICIDADES COTIDIANAS

En este incontenible torbellino de dolores y recuerdos que sus recién cumplidos 69 años le sella a fuego en el cuerpo, ella se sienta a pensar. Intenta poner en claro cuáles son esas pequeñas y simples cosas, que como decía la canción de Mercedes Sosa, son a las que se vuelve siempre, esas que le dejan el regusto de una cierta dosis de felicidad.

Y piensa, casi de inmediato, en los tiernos abrazos y mullidos besos que recibe de sus nietos, esas flores bellas y fuertes que brotaron de sus raíces cansadas, esas réplicas de ADN que llenan de luz sus espacios oscuros, y donde reconoce gestos y poses, parpadeos y expresiones de sí misma, como en un espejo prodigioso.

Y piensa también en la espléndida vista que contempla tranquilamente desde su sofá, donde la generosidad de la barandilla del balcón, montada sobre una amplia urdimbre de metal, le permite ver, aun sentada, la torre del homenaje del castillo de Alfonso X el Sabio, la vieja espadaña de la Iglesia Mayor, y la barroca y rojiza silueta de la vetusta plaza de toros, de raigambre visceral en la ciudad, y todo ello en el azul celeste e inmenso de los días radiantes, o las grises cortinas de la lluvia. E incluso, bajo la intensa paleta del arcoíris, que a veces se forma en el horizonte, donde al mismo tiempo se cimbrean un par de árboles majestuosos que habitan en el patio de las rancias bodegas.

Y asimismo piensa en el lento placer de saborear una buena loncha de jamón ibérico, seguido de una copa de buen vino, mientras se sumerge en la historia de alguna película, de esas que rezuman calidad. Y quien dice jamón, dice queso, o gambas, de las blancas, o langostinos, de los grandes, o ya puestos, cigalas. O mejor aún, galeras para la final del Falla.

Hay muchos otros detalles, cometas repentinos, que salpican su cabeza al invocar ese ramillete de felicidades sencillas y efímeras, pero condensadas como frescos bombones de praliné: ese instante en el que siente el sol suave del ocaso sobre la arena de la playa, o ese otro en el que baila como una loca irremediable en la penumbra del comedor, inmersa en los vibrantes compases del rock que tanto adora…

Pero también se da cuenta de que hay otra cosa que cada vez se ha convertido en más y más imprescindible para poder gozar de uno de esos momentos de felicidad: la existencia de un aseo cercano. Porque su pobre vejiga maltratada al parir niños muy grandes, se ha dejado vencer hasta hundirse en el canal que no le corresponde, derivando todo ello en un enorme y brutal cistocele. Esta circunstancia unida a la tensión alta y su consiguiente medicación diurética, acaba dando como resultado que la pobre vejiga sea incapaz de aguantar más de hora y media sin soltar su carga líquida.

Y sí, asume, con cierta rabia contenida, que, llegados a este punto, puede decirse que entre esas pequeñas felicidades cotidianas está la sencilla, pero no siempre asequible, presencia de un servicio a escasos pasos de su alcance.

¡Un cuarto de baño! ¡Qué alegría! ¡Qué felicidad!

Realmente, se conforma con poco…

QUIERO SU RISA SIEMPRE

QUIERO SU RISA SIEMPRE (Diciembre 2025)

Mi niño de blancura

tiene sembrada el alma,

su risa de algodón

me transporta en sus alas,

me muestra el mundo abajo,

y me lleva en volandas

por la línea del cielo

donde las aves cantan.

Trae una verdad simple

en su tierna mirada,

el brillo sonriente

que limpia la mañana,

y no hay nada más cierto

ni honestidad más clara

que la luz que rebosa

por entre sus pestañas.

Sus abrazos de tierra,

de hierba, sol, y agua,

son la lluvia en el campo,

y la arena en la playa,

y en sus besos de ángel

el universo estalla

en mil joyas pequeñas

con sus guiños de plata.

Su amor es el regalo

que el infinito alcanza,

tan fuerte el resplandor

y tan pura la llama

que sujeta la vida

al cordón de la infancia.

No quiero que se agote

la voz de su inocencia,

no quiero que se agrie

esa verdad inmensa

que cruza las paredes

y los tejados peina

con su rastro de azúcar,

limón, vainilla, y menta,

y la gota de almizcle

que su cariño trenza:

quiero su risa siempre,

y ser siempre su abuela,

y guardar sus abrazos,

mis más valiosas prendas,

en mitad de la sangre

que comparten mis venas.

Mas sé que el tiempo acucia

con sus veloces piernas,

y al correr va borrando

las pisadas ingenuas,

y evita el balanceo

de las flores abiertas,

agostando amapolas

en cada primavera

con su falso destello

de los años que esperan,

y atropella a los niños

que aún creen en las estrellas.

Por eso, mientras tanto,

en este tiempo leve,

antes de que la prisa

de su carrera encierre

la estela de la magia

en un recuerdo breve,

quiero saborear

el tiempo que nos quede,

su ingenuidad dorada,

y su sonrisa siempre.

DESDE EL SOFÁ

DESDE EL SOFÁ

Desde el sofá,

el mullido refugio

donde la pertenencia se hace pluma,

observo el metal lento de la tarde,

lloviendo sin parar,

besando sutilmente la espadaña

de la Iglesia Mayor,

bosquejada al azar del horizonte,

envuelta en un dibujo indefinido,

mientras a la derecha,

tras el visillo tenue de la lluvia,

los árboles altivos

alzan su impenetrable majestad

por entre los tejados centenarios

de las viejas bodegas.

Y más allá, apenas delineada,

la torre del Castillo,

donde el Rey Sabio quiso descansar,

cambiando las batallas por los libros,

trocando las ballestas por la luz

y la concisa paz del oleaje,

tras conquistar El Puerto.

Y si giro la vista hacia la izquierda,

saludo al toro al frente de la plaza,

el coso que simula arte mudéjar

en sus arcos rojizos,

donde la arena guarda mil historias

de hombres y animales,

del libro antiguo de la tauromaquia.

Y simplemente pienso:

¡qué más puedo pedir, si esto es la gloria,

una lección de arte ante mis ojos,

en el calor de la mesa camilla

y el paisaje a mi alcance,

con la tranquilidad de estar a salvo

de la lluvia que cae!

Es la felicidad en una taza,

el ocaso meciéndose ahí afuera,

y yo desde el sofá,

mirando al frente,

llenándome del panorama inmenso:

línea estelar de pájaros y casas,

cielo abierto en canal para mí sola.

LA TENUE EXPLOSIÓN DE TU SONRISA

LA TENUE EXPLOSIÓN DE TU SONRISA

(I)

Tras un batir de abanico,

estalla blanca y brillante,

y como un visillo al viento,

deja su impronta de ángel.

Las campanitas del cielo

repiquetean y tañen,

y se estremecen de gozo

las entretelas del aire.

¡Qué melodía más limpia,

qué canción más dulce y suave,

qué detonación más clara,

tan pequeñita y tan grande!

¡Cuánta luz alba y sublime

entre esas dos líneas cabe!

¡Cuánto jardín infinito

de buganvillas y azahares

se derrama por la tierra

en un fulgoroso instante!

La estela que en un momento

el océano reparte

es un don de la galaxia

que en el ánimo se expande.

¡Qué milagrosa sonrisa

que cura todos los males!

MAR CONFIDENTE (Octubre 2025)

MAR CONFIDENTE (Octubre 2025)

Entre los rizos de espuma

y la cadencia del agua,

las nieblas del horizonte

mojan las grietas del alma.

La mar es un oído inmenso,

todo lo oye y lo guarda:

rumia secretos antiguos,

y en las olas, acunadas,

conserva, como en un cofre,

las huellas de las palabras.

Y al igual que un viejo amigo,

lo escucha todo y se calla,

y nosotros, como niños,

con los sueños a la espalda,

le confiamos anhelos,

pensamientos y nostalgias,

juegos, amores, o penas

que por dentro nos desgarran,

y le contamos bajito

cómo gime la guitarra

que suena en la noche negra

antes de que alumbre el alba,

o el clamor de los tambores

que rugen en la batalla,

y se llevan con el humo

los sueños de la mañana.

También las voces tranquilas

que amanecen en las palmas

de las manos, o los aires

que a veces, serenos, cantan.

Cosas alegres o tristes,

placeres que nos abrazan,

o pesadumbres que inquietan

como roce de mortaja.

Porque tú, desde el abismo,

o el suave son de las algas,

o el silencio más oscuro,

o las limpias crestas áureas,

recorres los corazones

con sal y paz, y los bañas.

¡Llévame a tu tempestad,

tu salvaje azul de rabia,

cuéntame tú, desde el fondo,

dónde la arena descansa!

Señala esas horas crespas

que rompen la madrugada,

y seamos confidentes

a la tibia luz del alba.

JUGANDO CON MI NIETO A LA ENTREVISTA DE RADIO (Octubre 2025)

JUGANDO CON MI NIETO A LA ENTREVISTA DE RADIO A (10 Octubre 2025)

 Me encanta inventar juegos para mi nieto de cuatro años, que rebosa fantasía, dulzura e inocencia. Uno de los últimos pasatiempos que he ideado para él es el juego de la radio, donde la entrevista, con sus correspondientes preguntas pertinentes, sutilmente orientadas, me llevan sin fisuras al mundo auténtico, tierno, y a la vez lleno de magia que conforma la realidad cotidiana de mi querido niño.

 Aquí reproduzco,sin más, el contenido de una de esas valiosas entrevistas en las que la maravillosa honestidad de mi nieto me permite atisbar su día a día, como una verdadera profesional que se asoma al detalle de su vida.

(Entrevista 26 de septiembre 2025. Sirve de micrófono un proyectil de juguete, hecho de gomaespuma con la punta de esponja).

  • “Buenas tardes, queridos radioyentes de su emisora más cercana, la siempre veraz Radio Macuto, en el 167,89 de la FM para todos ustedes. Hoy nos encontramos en presencia de Don Marco Fernández, que nos va a hablar de su colegio y sus avatares cotidianos en la escuela. Díganos Sr Marco, ¿qué tal es su colegio? ¿Cuál es su opinión sobre el centro en el que cursa sus estudios?
  • Mi cole está bien. Allí están mis amigos, y me lo paso bien.
  • ¿Eso quiere decir, Sr Marco, que le gusta ir al colegio?
  • Sí, me gusta mucho. También como allí, pero enfrente, en otro sitio.
  • Eso significa que el comedor está en otro edificio, ¿no es así? Y, ¿por qué hay que ir a otro edificio?
  • Las mesas de comer no caben en la clase.
  • ¡Ah, vale! Han tenido que trasladar el comedor a otro lugar porque no quedaba sitio en el núcleo original de la escuela. Y, ¿cómo le ha ido hoy el día en el colegio?
  • Bien, pero en mi clase hay un niño que se llama Thiago, que le pega a todos los demás, y nos da bocados y arañazos, y la Señorita Patri ya está harta. ¡Lo ha mandado a la silla de pensar!
  • Y, ¿qué es eso de la “silla de pensar”?
  • Es una silla que la señorita pone junto a la pizarra para que los niños que se portan mal piensen en lo que han hecho, y ya no lo hagan más.
  • ¿A usted le han mandado a la silla de pensar en alguna ocasión?
  • No, este año, no. El año pasado me senté allí una vez, porque estaba hablando mucho y no me quedaba quieto, pero ya no lo hice más.
  • ¿Qué me puede decir de las actividades que ha realizado hoy en la clase?
  • Mmmm, hemos visto algunas letras, que yo ya me sabía, la R y la S, y hemos dibujado, y a mí se me ha caído el lápiz rojo, y he tenido que pintar con un cachito chico.
  • Me ha comentado usted que suele almorzar en el comedor escolar. ¿Puede decirme qué ha comido hoy, y si le ha gustado?
  • Hoy me he terminado los macarrones, que me gustan mucho, y también he tomado sandía, pero con la sandía me he manchado…
  • Bueno, esto es todo por hoy, Sr Marco. Le agradecemos mucho su colaboración con esta su emisora de radio amiga, nuestra apreciada Radio Macuto, que otro día volverá con más reportajes y entrevistas interesantes.
  • ¡Pero yo quiero seguir jugando a la radio!
  • Bueno, ahora vamos a merendar y a dejar que la voz de la abuela descanse un rato, que esto de reproducir voces impostadas hace que la garganta duela un poquito, ¿vale?
  • Vale. Quiero un batido de chocolate.

REVUELO DE SOL Y TOROS EN PATERNA DE RIVERA

REVUELO DE SOL Y TOROS EN PATERNA DE RIVERA

El sol quedó columpiado

sonriendo por las macetas

que cuelgan en los balcones

de las calles de Paterna.

Quiere asomarse tranquilo

a mirar las azoteas,

en el silencio que corre

por esquinas y plazuelas.

Saluda con brillo airoso

los ojos de gente buena

que acuna, al rumor del campo,

su orgullo de estirpe honesta.

Es su intención conquistar

con su alto poder de estrella

la bonhomía sencilla

que abunda por esta tierra.

Juega con dedos dorados

a que se lleva la fuerza

y el trapío de la lidia

en una estampa torera.

Los toros, en un revuelo,

giran a la luz sus testas

y rinden su culto al sol

con magnífica soberbia.

Los toros bravos persiguen

a ese círculo que quema,

dios que prodiga caricias

en el pueblo y la dehesa.

Continúa el sol paseando

por las calles de Paterna.

Camina con paso alegre

y con gallarda firmeza,

para iluminar ferviente

a la Virgen de la Inhiesta.

Ansía el ardor que guarda

el cante por peteneras,

y la gloria del flamenco

que el Perro le dio a Paterna.

Su hambre cuaja en el cielo,

y el sol se va a las tabernas

a hartarse de tagarninas,

de venado en la cazuela,

de alcauciles con jamón,

de caracoles y berza,

y copas del mejor vino

que reposa en las bodegas.

Anda tan contento el sol

con las viandas de la mesa,

que comparte con la gente

el ritual de la siesta.

Casi al borde del ocaso

su alma de tarde lo lleva

al regocijo de niños

que ríen en son de fiesta.

Y el astro, muy satisfecho,

rumia su hora y bosteza,

para dejar que la luna

perfile su blanca esfera,

y tornee tirabuzones

en forja de plata añeja

por los rincones dormidos

y en el dintel de las puertas.

Aunque el rey del firmamento

dice adiós y ya se acuesta,

mañana seguro vuelve

por plazas y callejuelas:

sueña en resaltar el blanco

de las casas de Paterna.

LO QUE QUEDA DE LA ESFERA (Otoño 2025)

LO QUE QUEDA DE LA ESFERA  (Otoño 2025)

¿Cuándo fue? No lo sé, mas no hace mucho.

Ocho años, quizás, que me di cuenta

de que el círculo azul del firmamento

había ido menguando a pasos largos,

hasta dejar tan solo los resquicios

de un tercio mal contado de la esfera,

una pequeña hoz de barro incierto,

donde las piernas temen las caídas.

Los años discurrían como ríos

que ves pasar sin saber dónde llevan,

sin pararte a pensar que el agua guiña

los ojos un instante casi mudo,

y no tuerce su tránsito guerrero,

ni vuelve la corriente que saluda

para decir adiós, sin recalar

en la orilla que cambia dormitando…

El otoño llegó, y todavía

yo llevaba la ropa de verano,

la maleta de agosto aún deshecha,

y las sábanas finas en la cama.

Pero el calor se había diluido,

y ya el maldito viento, de repente,

trasbocaba hojas muertas, sin cuidado,

en lo que aún quedaba de la esfera.

Rugieron sobre el aire las borrascas,

con su dolor anclado por los huesos,

sus amargos cristales de ventisca

fustigando la paz de las rodillas,

mientras truenos hirientes como agujas,

clavaban la tersura de la carne,

para marcar con látigos de angustia,

los pequeños espacios aún de pie.

Entonces, arreciaron las preguntas

y el miedo, al contemplar el precipicio,

pero también se abrieron los balcones

y los misterios llenos de candados,

y se hizo paso un coro de guirnaldas

de una clarividencia tan radiante,

que el mundo apareció, iluminado,

como una realidad por estrenar.

Es ahí, no sé cuándo, pero ahí,

en el perfil plegado por la lluvia,

en el brillo tenaz de la conciencia,

ahí es donde tercamente miro,

donde he aprendido a deletrear mi alma,

el punto donde el tiempo se hace escaso,

pero infinito al fin, de tan intenso,

reloj veraz, donde la luz se espesa.

Es ahí donde sueño que encontré

la feliz sutileza del otoño.