LOS RECUERDOS

LOS RECUERDOS

 

Mis recuerdos están llenos de cieno,

mis recuerdos eran sombras de humo,

deambulan como espectros confundidos,

mi reflejo batido en el engaño.

 

Mis recuerdos se han caído en un pozo

donde la oscuridad muerde sus grietas,

se han quedado sin líneas definidas,

son sólo una mentira en la ignorancia.

 

Estaban construidos con salitre,

con vapor de cristales pisoteados,

se basaban en sueños ilusorios,

inventos inocentes de mi alma.

 

No me quedan ni años ni recuerdos,

sólo un vacío turbio en su desgaste:

hay un borrón inmenso que me cruza,

por medio de mi ser, como un gusano.

 

Arrugas de papel, edad perdida,

mis recuerdos se fueron a su origen,

al cesto de las páginas en blanco:

Mis recuerdos, simplemente, no existen.

 

 

 

NO TE ENFADES CON LA ABUELA (Febrero 2016)

NO TE ENFADES CON LA ABUELA (Febrero 2016)

 

¡Ay, mi niña de miel rubia,

no te enfades con la abuela,

que la abuela está muy triste,

y ni sonrisa le queda!

 

Bésala con besos blancos,

dale tus manos de cera,

cuéntale con tus pestañas

la historia de tu inocencia.

 

En un abrazo de oro,

estréchala con presteza,

para borrar un poquito

de su interminable pena.

 

Mírala desde el misterio

de tus lazos con la tierra,

con la simpleza del mundo

de tu ingenuidad repleta.

 

No preguntes por qué llora,

no preguntes qué la aqueja,

porque en tu océano limpio

no entenderás la respuesta.

 

Tan sólo refléjate

con tus ojos de sorpresa

en su corazón deshecho

por una explosión de arena.

 

Ayúdala, que está a oscuras,

y llena de sombras viejas,

acércale una canción

en todo tu amor envuelta.

 

Por eso, niña preciosa,

no te enfades con la abuela,

que la abuela está muriendo

al fondo de una tormenta.

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE (I)

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE (I)    (Febrero 2016)

 

Desde que se alcanza ese momento en que nos hacemos conscientes de nuestra propia existencia, ese instante milagroso en que se nos aparece nuestro propio ser como una entidad única y distinta del resto de la realidad, diferente y a la vez inmersa en esa misma atmósfera, empezamos a preguntarnos por nuestro destino, por el Bien y el Mal, por los caminos a elegir, por cuál será el final de los senderos que surgen como estrellas posibles en nuestra imaginación. Y la pregunta más acuciante de todas, quizás, es la que nos conduce a pensar en  lo que quedará de nosotros cuando los relojes no marquen más horas visibles, la que nos empuja a considerar ese esbozo de Infinito en el que con todas nuestras fuerzas deseamos creer, pero que la mayor parte de las veces se nos esfuma de la esperanza, como un truco de ilusión hermoso, pero carente de fundamento. Es entonces cuando llegan las explicaciones biológicas y químicas, que aunque escondan una belleza de universo encriptado,  no nos solucionan la fe rota, ni recomponen nuestro diminuto y limitado futuro, que se estrecha hacia la nada irremisiblemente. Y también es entonces cuando uno cae en la cuenta de que hay un rastro de permanencia sutil en este mundo a través de la memoria de los otros, a través de las huellas en aquellos que conservan nuestra imagen, que nos piensan a veces, entre sus cosas: Esa es la porción de eternidad a la que podemos aspirar, más extensa cuanto más recordados seamos. Si se extingue el último ser que nos recuerde, si se apaga nuestro nombre de todas las memorias aún latentes, nos iremos al más absoluto de los olvidos.

Pero esta verdad, contundente y dolorosa, no se limita únicamente a la mortalidad definitiva, al final físico e irreversible de nuestra carne, sino que también afecta a las pequeñas eternidades cotidianas, aquellas en las que reafirmamos nuestra presencia en el mundo, en el día a día. Si nadie nos ve, si nadie nos oye, si nadie nos muestra una sonrisa para entrar en los rigores desconocidos del nuevo día, si nadie nos regala una caricia para reconocernos en la incertidumbre, si no nos vemos reflejados en una mirada, si no somos amados, si ni siquiera nos recuerdan, al menos en un segundo perdido, dejamos de existir. Nos hacemos invisibles. Morimos.

NO MORIRÁ FELIZ (Febrero 2016)

NO MORIRÁ FELIZ (Febrero 2016)

 

No morirá feliz el que levante

un látigo de hierro , espino y piedra,

sobre la piel, temblando y dolorida,

de una víctima sola e indefensa.

 

No morirá feliz el que recurra

a un olvido feroz, que nunca llega,

intentando limpiar inútilmente

los restos del recuerdo en sus arterias,

pintándose una paz con hielo ardiendo

cegando el corazón con turbias vendas.

 

No morirá feliz quien con puñales

marque tristes heridas en la tierra,

quien pretenda regar con llanto ajeno

una felicidad fláccida y negra,

de donde sólo brota, cual reptil,

una oleada de culpas infectas.

 

No morirá feliz quien haga daño,

ni siquiera pagando a las estrellas,

porque cuando así el tiempo lo decida,

y haya que despedirse por la Puerta,

la vida surgirá, como una historia,

y en ese punto cumbre de la ausencia

todo el dolor causado se hará firme,

los mordiscos alados en las huellas

de las lágrimas blancas recogidas,

aullarán sin descanso en la cabeza,

y las voces tapadas en los años,

chirriarán como cadenas eternas,

para impedir la fácil despedida,

desvestir la paz falsa en su vergüenza.

 

No morirá feliz quien vuelva el cuello

para no ver los surcos de la pena,

inventándose mundos y galaxias,

enmascarando imágenes y fechas,

ocultando el cristal en los baúles,

barriendo las cenizas en la acera.

 

No. No verá la paz, aunque se afane,

a menos que se arranque la conciencia,

y extirpe las raíces hasta adentro

para librarse de su alma entera,

y acabar con el cuerpo despojado

de todo lo que un día humano fuera.

Pero eso es el infierno de los monstruos,

y allí es donde la muerte más aterra:

no hay paz, ni quietud, tan sólo miedo

que se asoma, deforme, en una mueca.

 

No morirá feliz quien esto haga,

iluso condenado el que lo crea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA NÁUSEA (Febrero 2016)

LA NÁUSEA  (Febrero de 2016)

 

La náusea se apodera de tu alma,

la náusea brota como un agua sucia,

trae  vómito de astillas insolentes,

ejércitos de vidrios diminutos

que perforan los restos de tu sueño,

y agrian el aire como una sentencia.

 

La náusea se empeña en recordarnos

nuestra mortalidad en las incógnitas,

y muestra en un relámpago la puerta

para que en un segundo se revele

la sensación de abrir los precipicios:

Extiende en el sudor, que todo invade,

la angustia de algún último minuto.

 

 

 

 

 

NO ES FÁCIL (Febrero 2016)

NO ES FÁCIL (Febrero 2016)

 

No es fácil decidirse a echar cortinas,

ni a cerrar los pestillos de las fotos,

cuando has sentido un círculo de azúcar

completo en cada punto de sus días,

entero, hacia arriba, detallado,

en el centro perfecto del paisaje.

 

No es fácil acallar la queja sola

en un desolador fundido en negro,

engullido ante el peso de la lógica,

mas al fin a la fuerza consentido,

cuando se han transitado mil senderos

hacia un cénit cuajado de naranjas.

 

No es fácil acabar mirando al suelo

y encontrarse los pies andando solos,

con un camino gris por horizonte,

y unas manos vacías por destino,

cuando se ha estado al fondo de las nubes,

y se ha conocido el arcoíris,

cuando se ha atestiguado la existencia

de un júbilo de luz en las pestañas,

y en las venas, concretas como el cielo,

o el aliento sublime de las olas

que conforman las almas enlazadas

en los pequeños mundos cotidianos.

 

No es fácil despedirse de la tierra

en la que se ha alcanzado el azahar,

ni despojarse de glorias intensas,

para acabar contando las paredes

y dándole la vuelta a los recuerdos,

con el único fin de buscar luces

que de antemano sabes imposibles.

 

No es fácil desgajar el equipaje

con la luna durmiendo en la camisa,

ni borrar las señales bien guardadas

en un hatillo luminoso y blanco,

sin poder apoyarse ni en el odio

como un arma de hiel hacia el pasado,

pues odiar es un acto inalcanzable

cuando en tu corazón cabe tan sólo

ese puñado de días eternos,

extendidos al sol como reliquias,

hasta que llegue la noche cerrada

en que los ojos vuelen para siempre.

 

Febrero 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

Romance de la Vieja Tonta

ROMANCE DE LA VIEJA TONTA (14 febrero 2016. San Valentín)

Me dirijo hacia la muerte

presa de miedo y vacío:

La sensación de gastar

tres cuartos de mis latidos

en una batalla inútil

de triste final previsto,

para hallar mi devoción

de tantos años rendidos,

arrojada a la basura

negra de los desperdicios.

Es culpa mía, lo sé,

por dejar que mis sentidos

cedieran ante la espesa

sinrazón de los delirios,

a ese amor suicida y caro

que pagué con mi destino

de soledad amargada

por el recuerdo maldito.

 

¿Qué voy a hacer con el aire,

si ya, apenas respiro?

¿Qué voy a hacer con las hojas

de este dolor corrosivo

que se escapa por las noches

de mis insomnios podridos?

¿Qué voy a hacer con la roja

y absurda huella del vino

que empapa temeridad

más allá del sueño estricto,

cuando el momento no es llano,

ni el cuerpo, en su sed, propicio?

¿Qué voy a hacer con el tiempo

ralo, escaso,  amarillo,

que se me escurre deprisa,

sin un abrazo de alivio?

Tan sólo morir despacio,

sin un beso, sin un guiño,

sin un viento que me llame,

sin unos ojos sencillos

que me miren y reflejen

la certeza de que vivo,

sin unas manos dispuestas

a recorrerme en los tibios,

dulces arroyos del pan

que chispea en los resquicios

de mi alma levantada

como un milagro infinito,

sin un número que doble

el sol diario y magnífico,

y sobre todo, sin risas

en el eco del camino.

 

¿Qué voy a hacer con el ramo

de años, días, entresijos

de las mañanas abiertas,

sin bocas, flores, ni avisos

de una voz que me descubra

que la luz ha renacido?

 

Tan sólo saldar con llanto

la cuenta del desvarío,

para que cobren los astros

el daño que, cual cuchillo,

asesté, en otro tiempo,

a quien de veras me quiso.

Tan sólo engarzar las sombras

desencajadas del frío,

y pensar: “Yo ya he pagado:

Mi corazón muere limpio,

encogido por la pena

ha llorado, y ha cumplido”.

 

Soneto de los Hermanos Rotos

Soneto de los Hermanos Rotos (Enero 2016)

 

Un día decidiste que tu historia

y las raíces de tu corazón

debían apartarse, sin razón,

de todos los huecos de la memoria.

 

La niñez, y sus sabores de euforia,

los fundamentos de mi condición,

ennegrecidos sin explicación,

arrancados de su inocente gloria.

 

No sé cuál fue mi equivocación

para ganar tu odio desmedido:

tú desgarras la piel del apellido,

y rompes los recuerdos con las manos;

yo en cambio guardo intacta mi emoción,

los años en que éramos hermanos.

 

 

Enero 2016.