
MEDIANOCHE SIN REMEDIO (1977) Premio de Poesía joven Ciudad de Osuna
Era la medianoche sin remedio
y me encontré una voz azul y simple.
Era de un esqueleto un puro haz,
un tallo solo.
El miedo, mi enemigo, envenenaba,
aunque en la turbia lucha lució a veces
un rastro casi inútil de rocío,
buscando el mar.
Llegó la hora de perderlo todo,
desnudez, frente a frente, ante el abismo,
mi soledad a secas, pobre y sucia
de tanto error.
Pude inventar a Dios, pero no quise.
No era justo. Grité sólo mi nombre
con un silencio nunca conocido.
Nadie lo oyó.