LO QUE QUEDA DE LA ESFERA (Otoño 2025)

LO QUE QUEDA DE LA ESFERA  (Otoño 2025)

¿Cuándo fue? No lo sé, mas no hace mucho.

Ocho años, quizás, que me di cuenta

de que el círculo azul del firmamento

había ido menguando a pasos largos,

hasta dejar tan solo los resquicios

de un tercio mal contado de la esfera,

una pequeña hoz de barro incierto,

donde las piernas temen las caídas.

Los años discurrían como ríos

que ves pasar sin saber dónde llevan,

sin pararte a pensar que el agua guiña

los ojos un instante casi mudo,

y no tuerce su tránsito guerrero,

ni vuelve la corriente que saluda

para decir adiós, sin recalar

en la orilla que cambia dormitando…

El otoño llegó, y todavía

yo llevaba la ropa de verano,

la maleta de agosto aún deshecha,

y las sábanas finas en la cama.

Pero el calor se había diluido,

y ya el maldito viento, de repente,

trasbocaba hojas muertas, sin cuidado,

en lo que aún quedaba de la esfera.

Rugieron sobre el aire las borrascas,

con su dolor anclado por los huesos,

sus amargos cristales de ventisca

fustigando la paz de las rodillas,

mientras truenos hirientes como agujas,

clavaban la tersura de la carne,

para marcar con látigos de angustia,

los pequeños espacios aún de pie.

Entonces, arreciaron las preguntas

y el miedo, al contemplar el precipicio,

pero también se abrieron los balcones

y los misterios llenos de candados,

y se hizo paso un coro de guirnaldas

de una clarividencia tan radiante,

que el mundo apareció, iluminado,

como una realidad por estrenar.

Es ahí, no sé cuándo, pero ahí,

en el perfil plegado por la lluvia,

en el brillo tenaz de la conciencia,

ahí es donde tercamente miro,

donde he aprendido a deletrear mi alma,

el punto donde el tiempo se hace escaso,

pero infinito al fin, de tan intenso,

reloj veraz, donde la luz se espesa.

Es ahí donde sueño que encontré

la feliz sutileza del otoño.

Deja un comentario