CADENAS (Septiembre 2020)

CADENAS (24 Septiembre 2020)

Estas cadenas que amarran mi tiempo

acosan mi vejez, que no descansa,

me lastran cada paso desde adentro,

desde la carne viva, desde el alma.

Es el hierro salido de mi vientre,

mis células, ajenas, pero ancladas

en un cordón de tierra permanente

que abrocha los caminos a mi espalda.

Los años que me comen cual gusanos

se llevan la presteza de mis piernas

y el sólido coraje de los brazos,

mas no el destete agrio de mi estela.

Mi libertad, que es nueva, ha tirado

esa llave de búsqueda en el cielo

y en la grandiosidad ciega del campo,

la que abre el corazón hasta los dedos.

Las puertas del romance al fin se cierran,

guardan sus hilos junto a las arañas:

miro impasible el rastro de las guerras

desde un inmune acero de distancia.

Y ahora que el capítulo, ya viejo,

del frágil corazón se me ha olvidado,

me esclavizan los llantos, a destiempo,

de aquellos que en mi carne se forjaron.

MUCHO MÁS QUE ANIMALES (Octubre 2023)

MUCHO MÁS QUE ANIMALES (Octubre 2023)

  • Buenos días, señorita. Este es el Departamento de Sanidad y Salud Públicas, ¿no es así?
  • Sí, señor. ¿Qué podemos hacer por usted?
  • Me llamo Arsenio Pérez y quisiera comunicar que en mi casa tengo una plaga de chinches. ¿Qué se puede hacer para exterminarlas? Estamos desesperados con la situación.
  • ¿Exterminarlas, dice? ¡Pero, por Dios! ¿Acaso no sabe usted que está totalmente prohibido torturar y matar animales? ¿Cómo se le ocurre?
  • ¿Qué me está diciendo? ¿Que erradicar unos bichos indeseables, molestos, y peligrosos para la salud de mi familia es un delito? ¿Insinúa usted que no puedo aniquilar de ninguna manera esa plaga que nos tiene llenos de picaduras?
  • ¡Por supuesto que no los pueden aniquilar! ¡Son animales, seres vivos, criaturas de la naturaleza!
  • Pero, mire usted, compréndame. Mi hijo de sólo tres años está acribillado por las chinches. No puede dormir, la criaturita, y ya no sabemos qué hacer. No sirven los insecticidas convencionales, no es suficiente con matar a las que podemos encontrar. Siguen ahí, y cada vez hay más. Mi mujer tiene los nervios desquiciados, quiere tirar todos los colchones y canapés y todas las sábanas, mantas y colchas, y que se lo lleven todo a algún sitio donde lo puedan quemar para evitar que vuelvan a salir y a expandirse. Pero eso cuesta mucho dinero. Yo no gano lo suficiente como para poder tirar todo eso a la basura y comprar mobiliario nuevo y ropa de cama flamante. Ni siquiera me llega para pagar el alquiler…
  • Mire, señor, le estoy diciendo que no pueden saltarse la ley y matar animales a su gusto, que es un delito, y si continúa con la misma cantinela, lo voy a denunciar por maltrato animal. ¿Entendido?
  • Pero, ¿eso cómo va a ser? Estamos llenos de ronchas, vamos a caer enfermos, y el estrés y la falta de sueño nos tienen alterados los nervios. ¡A mí me va a estallar la cabeza! No podemos seguir así…
  • ¡Ya le he dicho que…! ¡Oiga! ¿Qué hace?

(Se escuchan sollozos de desesperación y seguidamente, la detonación de un disparo)

  • ¡¡Danerys María!! ¡Otro que se pega un tiro! Llama a Izan y dile que venga a recoger el cadáver para llevarlo al Parque Nacional, que los buitres necesitan comer, ¡animalitos!

LAS MERIENDAS DE CARMELITA (Octubre 2023)

LAS MERIENDAS DE CARMELITA

 Las cosas no eran nada fáciles en mi barrio, un distrito de clase obrera situado en el extrarradio de la ciudad, donde imperaba la pobreza y la lucha constante con los escasos sueldos, cuyas exiguas cifras apenas permitían llegar a fin de mes. Entre sus habitantes había un gran número de trabajadores que mantenían la estabilidad de sus hogares con extenuantes jornadas laborales, que a veces alcanzaban las trece o catorce horas, como era el caso de mi padre. Pero también se encontraban otros padres de familia, de poca especialización en sus empleos y casi nula formación, que sucumbían ante la penuria económica, y se dejaban caer en el abismo del alcohol y el maltrato familiar como rutina de vida.

 Yo, que era aún una niña, no me daba mucha cuenta de lo gravemente dura que era esa situación, especialmente para los niños que la sufrían, aunque por instinto, sentía que aquellas circunstancias eran muy dolorosas y dignas de lástima, como ocurría en el caso de mi amiga Carmelita.

 Carmelita era una compañera del colegio, pero faltaba con demasiada frecuencia a las clases. Llevaba casi siempre la misma ropa raída y cuajada de lamparones, y su aspecto también ofrecía la misma apariencia de suciedad, con la cara sin lavar, donde asomaban restos de tizne de carbón, las manos, al igual que las uñas, ennegrecidas por la roña acumulada, y los pies desaseados como los de un zíngaro nómada. Pero lo más característico, lo que sigo recordando a día de hoy como si la tuviera delante, era su pelo, pajizo, enmarañado y tieso como si no lo hubieran peinado jamás.

 Carmelita venía a merendar a mi casa. Con delicadeza, mi madre le lavaba la cara y las manos antes de la merienda. Ella no protestaba ni se molestaba, al contrario, sentía que se le hacía caso, que nos preocupábamos por ella, y que se le daba un trato digno. Al principio, la vergüenza le impedía comer demasiado, tratando de esconder la urgencia del hambre, pero cuando adquirió cierta confianza, ya se fue atreviendo a coger de todo lo que se le ofrecía: chorizo, mortadela, chocolate, manteca “colorá”, etc., siempre con su generoso trozo de pan correspondiente. Incluso, al cabo del tiempo,  optó por decidirse a repetir. Los colores de tono carmesí que encendían sus cachetes y la mirada alegre que nos regalaba, nos daban cuenta de su enorme satisfacción y de su agradecida felicidad con la abundante, aunque humilde, merienda.

 A veces, yo iba a buscarla a su casa, pero no me quedaba demasiado allí. La impresión de descuido infinito inundaba toda la vivienda. Había porquería por todas partes: platos con restos añejos de comida, cortinas rotas y medio caídas, ropa sucia tirada por doquier, y sobre todo, botellas de vino y cerveza, tanto vacías como aún por acabar, desperdigadas por todas las estancias, incluyendo el suelo. Las botellas usadas dejaban un olor a fermento nauseabundo semejante al de las viejas tabernas.

También en ocasiones, Carmelita aparecía con algún moratón en la cara o en el ojo, y arañazos por todo el cuerpo. Yo no le preguntaba nada, suponía que tener que contar sus terribles avatares la harían sentir aún peor. Simplemente le hablaba como si nada, como si aquello no hubiera sucedido, como si ese no fuera su mundo porque se merecía uno mejor.

 A mi madre y a mí nos daba mucha pena, sobre todo cuando veíamos a su padre arrastrarla por los pelos como un pelele de trapo en medio de la calle, para dejarla después tirada en la acera, mientras se acercaba tambaleándose a su mujer, con quien se enzarzaba en una pelea plagada de violencia y gritos, justo en ese fragor de agresiva borrachera que los hacía estallar. En pleno tumulto, yo le chistaba a Carmelita y le hacía señales desde mi ventana para que subiera y se quitara de en medio, y ella subía corriendo a mi casa, como quien escapa hacia un refugio oculto.

 Me he preguntado muchas veces qué habrá sido de Carmelita. No era nada torpe, y albergaba una especie de veneración por la escuela, que para ella constituía la representación de una realidad bien distinta a la suya. Pero la angustiosa existencia a la que estaba sometida probablemente no le permitió salir de aquella atmósfera enrarecida por los vapores del alcohol y las palizas. No lo sé…Sólo puedo constatar que mientras merendaba y jugaba en mi casa, Carmelita tuvo, al menos durante un rato, algo parecido a una infancia feliz.

TIEMPO DE CASTAÑAS, TIEMPO DE MÚSICA

TIEMPO DE CASTAÑAS, TIEMPO DE MÚSICA

El clima es un pájaro asustado que aletea con aspavientos de terror. La locura que la inconsciencia del hombre ha impuesto a los fenómenos meteorológicos nos deja con estelas de verano en mitad del otoño, con sequías persistentes, con aguaceros torrenciales que todo lo arrasan, y temperaturas descompuestas y enfermas, bailando como locas a un son impredecible.

Sin embargo, yo recuerdo aquellos lejanos noviembres de nubes apretadas de negrura y lluvia intensa, pero no dañina, cuando había que abrigarse y usar el paraguas para ir al colegio. Y, sobre todo, recuerdo aquellas tardes húmedas y frescas en las que acompañaba a mi padre a los ensayos. Caminaba feliz de su mano, con un impermeable amarillo limón, deseando hallar algún charco que pisar con mis botas de agua nuevas.

<<Ten cuidado, hija, que me vas a salpicar los pantalones>>, me advertía mi padre, en suave y cariñosa reprimenda.

 Al salir del entrenamiento musical, ya de noche, sintiendo todavía el dulce regusto de los clarinetes, las trompetas, la flauta y demás instrumentos, solíamos pasar junto a una viejecita, en la esquina de la calle donde se encontraba el local del ensayo. Era una anciana castañera, que removía las ascuas bajo la ennegrecida olla de las castañas, sembrando la calle de un humo de aroma penetrante y casi hipnótico.

<<¡Papá, cómprame un cartuchito de castañas!>>, le rogaba yo, con los ojos abiertos como ventanas mañaneras, y mi padre sonreía mientras rebuscaba unas monedas en el bolsillo.

 Yo regresaba a casa irradiando contento, con mis ricas castañas calentitas, casi quemándome los dedos a través del papel de periódico del que estaba hecho el cartucho.

 Quizás por eso las castañas tienen para mí un nostálgico sabor a La Revoltosa, al Baile de Luis Alonso, a La Leyenda del Beso, e incluso a España Cañí y Amparito Roca, y hasta a la marcha Amargura o Virgen del Valle. El aroma de las castañas se ha quedado fijo en la música, al compás de aquellas tardes entrañables, a las que nunca podré volver más, si no es, únicamente, con la volátil traslación de la memoria.

FELICIDAD EN EL ESPACIO (28 Septiembre 2023)

Cuadro: Niña en la playa

FELICIDAD EN EL ESPACIO (28 Septiembre 2023)

(Homenaje a Joaquín Sorolla)

El Mar Mediterráneo ha florecido

en un eterno cénit luminoso;

el viento frunce el blanco vaporoso

del ágil movimiento en el tejido.

El oleaje, mágico bramido,

deja un húmedo paso cadencioso

en un encuadre grácil y vistoso,

donde mandan la luz y el colorido

Es la inmortalidad de la alegría,

reino del sol, del agua, y de la arena,

la dimensión del mundo en una escena.

Es la niñez, que asoma muy despacio,

en la fastuosidad del mediodía.

Es la felicidad en el espacio.

LA ESCALERA DE FERNANDO (21 SEPTIEMBRE 2023)

LA ESCALERA DE FERNANDO (21 de septiembre 2023)

Fernando lanza un suspiro

hacia el mar en la Alameda:

quiere volver a ese blanco

refulgir de La Caleta,

a las osadas gaviotas

y a la espuma tempranera,

pero no halla el camino

para bajar a la arena.

No hay balaustrada de mármol,

ni escalones de madera,

ni dibujos repujados

en la quebrada silueta;

pero las mullidas nubes

los peldaños le moldean,

y su espíritu desciende

la vaporosa escalera.

<<¡Ay, mi Cádiz, que me fluyes

por las huellas de las venas!

Te reconozco en el aire,

en el salitre, en la siesta,

en las líneas que hacia el cielo

tu mapa de sol recrea,

en las noches arropadas

por el Levante, en la piedra

acrisolada de indianos

que volvieron a su tierra.

Yo me quedo con el nombre

tendido en las azoteas,

para medirme en las olas

con las palabras abiertas,

y persistir en el dulce

titilar de las estrellas.>>

<<¡Ay, Fernando, ¿qué te digo?

¿Qué te digo que no sepas?

¿Qué voy a decir yo ahora

de quien con el alma entera,

con los huesos y las uñas,

la carne y la voz dispuesta,

se desvivió por cantar

hasta la última acera,

el más mínimo adoquín

en cada plaza, las letras

que resuenan en las coplas

cuando febrero revienta?

Quédate, que te esperamos,

y desenreda tu ausencia,

que te llaman los piratas,

y la sonrisa de Hortensia.>>

AGOSTO ANTES DE LA JUBILACIÓN (Agosto 2023) FOTO AGOSTO 2014

AGOSTO ANTES DE LA JUBILACIÓN (Agosto 2023)

Agosto.

Agosto antiguo.

Agosto, te recuerdo en la nostalgia,

un bálsamo dorado en mi memoria,

en la parcela de mi libertad.

Aparecías como un alto el fuego,

truncando el malestar del sobresalto

del grito del reloj en la rutina,

de par en par tu puerta de horas sanas,

con tu “dolce far niente” hasta la luna.

Tus mañanas, extensas en mis manos,

oficiaban rituales en los mapas,

para dejar trazada una aventura

donde explorar Dios sabe qué senderos.

No eras un punto más del calendario.

Marcabas el final de la contienda,

en la cansada lucha del día a día.

Dividías el tiempo en dos mitades,

siendo bandera de la ensoñación.

Cuando te ibas marchando, te añoraba,

ya te extrañaba sin haberte ido,

porque sabía que al llegar septiembre,

el mundo volvería a sus penurias

cuajadas en la piel de los minutos

escritos uno a uno en un papel.

Agosto.

Agosto antiguo.

No me importaba la ardiente cadencia

de esas noches de trópico prestado,

ni los fieros mordiscos del sudor

bajo el arbitrio del mercurio vivo.

No me importaba que el viejo refrán

no acabara cumpliendo su promesa

de refrescar el rostro…

Agosto. Agosto libre.

Mi existencia de entonces compartía

tu cuerpo y tu lugar en el verano.

En este agosto

que ya no es diferente de otros meses,

echo de menos mi amor expectante

por ese agosto libre y definido,

cuando el calor grababa la señal

de ese tiempo privado que era mío.

LA VENDIMIA DE LA VIDA (18 agosto 2023)

LA VENDIMIA DE LA VIDA

Ya agosto va marchando bruscamente,

trocando blanca luz por un espino,

se rinde a los designios del camino,

y, sin remedio, baja la pendiente.

Con su corona de hojas por la frente,

anuncia ya septiembre su destino,

y en su añosa sonrisa sorbe el vino

que el recuerdo le ofrece, irreverente.

He alcanzado el límite consciente

de esa abrupta vendimia que me espera,

ya agotados verano y primavera,

sé con certeza qué estación me toca:

la que recoge, guarda, apila, evoca

la cosecha que trae mi vida entera.

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE: AGOSTO, FRÍO EN EL ROSTRO (Agosto 2023)

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE: AGOSTO, FRÍO EN EL ROSTRO.

 Siempre se han considerado los refranes como el jugo concentrado de la sabiduría popular, la manifestación en un molde sucinto de toda la experiencia de siglos que la gente ha plasmado en pequeñas frases sentenciosas. Su primordial propósito no es otro que ayudar a tomar decisiones instantáneas ante dilemas cotidianos, ante coyunturas sencillas del día a día, que precisan de una solución pragmática y veloz. Realizan su función didáctica mediante la constatación de pequeñas verdades, simples silogismos de andar por casa, conclusiones empíricamente válidas.

 Pero, como corresponde a unos axiomas tan ligados a la tierra firme, su rango de acción está limitado a aquellas zonas de donde proceden, y aunque su certeza esté garantizada por los años de acumulación sensorial mediante el método de ensayo y error, o el simple testimonio de los sentidos, sólo es aplicable en los núcleos sociales de donde surgieron.

Así, mientras frases como: <<La “surlestá” de San José, quince días antes, quince días después>>, donde el gran conocimiento que los hombres de la mar tienen sobre la conducta de los vientos, coloca a la “surlestá”, (es decir, la surlestada o viento del sureste) justo en todo el mes de marzo, en otras regiones de España, este dicho ni es conocido, ni tiene nada que ver con su realidad. El Sur Leste (que también es correcto y se utiliza en el argot marinero) bate nuestras costas en el mes de marzo, pues por la disposición astronómica y climatológica de ese momento, el suelo se va calentando más, y ese hecho da pie a que el aire se vuelva más cálido. Como consecuencia, el Levante tiende a subir y moverse sin parar. La sentencia de este refrán sólo es verdadera en el Sur de nuestra Península Ibérica, y más concretamente en el litoral gaditano, pues si bien es cierto que en toda España, por la misma explicación física, Marzo es un mes en el que reina el viento, como rezan los refranes <<Marzo ventoso y abril lluvioso, hacen a mayo florido y hermoso>>, o <<En marzo la veleta, ni dos horas se está quieta>>, estos dichos no hacen referencia al viento de Sureste, al Levante, ya que este fenómeno, tan familiar para nosotros en la provincia de Cádiz, no se produce en zonas del interior peninsular, ni en la costa cantábrica, ni en el litoral gallego, ni siquiera en el Mediterráneo, pues allí no existe esa confluencia de dos mares que hace posible la rebelión continua de los vientos ante las columnas de Hércules.

 Por este mismo motivo, el famoso refrán <<Agosto, frío en el rostro>>, o <<Agosto, refresca el rostro>>, en otra versión, constituye un dicho muy popular, pero poco aplicable a Andalucía, al menos en lo que respecta a la costa. Es una sentencia que nos lleva al Norte, nos transporta a la frescura del Atlántico en Galicia, donde las nubes cargadas de constante lluvia liberadora nos muestran los coletazos del mes de agosto como días de anticipación del otoño, con un bello halo de melancolía. Hablar de fresco en agosto, nos hace viajar al verde sanador del País Vasco, con ese paisaje espectacular y neblinoso que tanto alivia al cuerpo harto de los tórridos embates del verano meridional. <<Agosto, frío en (o refresca) el rostro>> nos hace pensar en esa rebequita tan necesaria en los anaranjados ocasos de la Castilla profunda, casi vacía, pero extremadamente hermosa, salpicada de pueblecitos como luciérnagas vergonzosas en los frondosos valles, donde la luz se va fundiendo paulatinamente al negro de la fría noche…

 En fin, <<Agosto, frío en el rostro>> nos sumerge al escucharlo en un paraíso de esperanza fresca cuando la canícula nos agobia con sus zarpazos ardientes, especialmente en esas noches de calor intenso en las que el sudor acompaña al insomnio. Pero siempre nos llega como algo distante, foráneo, no como el resultado de la experiencia de siglos en la bahía y la llanura gaditana. Puede que en las alturas de la sierra, la sentencia del refrán se encuentre en su salsa…Puede que allí sea así.

 En cualquier caso, y ya a título particular, a ver si consigo mediante este pobre escrito, a modo de conjuro, que el famoso dicho amplíe su radio de acción hasta nuestra latitud meridional, para poder sentir ese ansiado fresco en el rostro, igual que el poema anterior, “La pugna de los vientos”, sirvió para establecer un verano de delicioso Poniente, sobre todo por las noches, pues desde que lo escribí, el viento del oeste se asentó prácticamente en todo el estío. Amén.