EL FRÍO EN EL CURSO DE LA VIDA (ENERO 2024)

EL FRÍO EN EL CURSO DE LA VIDA (Tres décimas o espinelas en homenaje a Espinel, con el tema del «Frío» como estación final de la vida, a la que llegamos en la vorágine del Tiempo)

Al cerrarse la estación

del invierno en el paisaje,

recolecta el oleaje

los restos de la emoción.

Y el ensueño de pasión

que la tierra da al camino

tuerce certero el destino

que busca, desesperado,

el calor que se ha quedado

al antiguo sol del vino.

La tarde camina lenta

hacia la noche extendida,

oscura voz repetida

entre el viento y la tormenta.

Y todo el cuerpo se enfrenta

a las mordidas del frío:

la niebla rodea el río

con su turbia densidad,

y nos cala la humedad

en su olvido del estío.

Cual demiurgo inconsciente

así el tiempo se comporta,

perfila la vida y corta

el trayecto de repente.

Cae en el juego la gente:

el tiempo ríe en su rueda

y, cada vez, la vereda

es más fría y más estrecha,

hasta que acaba deshecha

en el polvo gris que queda.

NO VOLVERÉ A ESCUCHAR VERSIÓN I (23 Diciembre 2023)

Bolero homenaje al género que ha sido nombrado Patrimonio de la Humanidad.

NO VOLVERÉ A ESCUCHAR MÁS CANCIONES DE AMOR (Marzo 2016)

RENOVADA DICIEMBRE 2023

(Introducción instrumental)

No volveré a escuchar

más canciones de amor:

oírlas me recuerda

todo lo que he perdido,

la complicidad tenue

de las tardes al sol,

y el tacto de la espuma

callada en un suspiro.

No volveré a escucharlas,

me envuelven en dolor;

son espinas que gritan

dentro del corazón.

No volveré a escuchar

más canciones de amor,

a menos que las cubran

las hojas del olvido.

(Instrumental para guitarras, acordeón, flauta, y percusión)

No volveré a escuchar

más canciones de amor:

Hacen sentir que el tiempo

es un cuenco vacío;

me dicen que la vida

rodando se escapó,

que al final me he quedado

sin encontrar mi sitio.

No volveré a escuchar

más canciones de amor.

Me empujan hacia el frío

de las puertas cerradas,

me cuentan que en el cielo

el día se apagó,

y dormirse en los versos

ya no conduce a nada.

(Instrumental)

LOTERÍA MILAGROSA. UN CUENTO DE NAVIDAD (Diciembre 2023)

LOTERÍA MILAGROSA UN CUENTO DE NAVIDAD

 Esta pequeña y muy curiosa historia está basada en hechos reales. Fue hace unos 20 o 25 años, no lo sé decir con certeza, cuando en un programa de televisión presentaron una entrevista a un alto cargo representante de Loterías y Apuestas del Estado. Esta persona estuvo comentando anécdotas relacionadas con el sorteo de Navidad del 22 de diciembre, y entre ellas, hubo una que me llegó al corazón y que se me ha quedado grabada para siempre en las entretelas de la emoción y el sentimiento.

 Esta persona importante en la institución de Loterías comentaba que todos los años recibían montones de cartas de todos los puntos del país e incluso del extranjero, algunas de ellas increíblemente peregrinas en su contenido.

 Entre las susodichas misivas, le llamó poderosamente la atención una carta que habían enviado unas monjitas de un pueblo perdido de Huesca, creo recordar, en la que las monjas exponían su precaria situación, al borde de la miseria total, con sus humildes instalaciones a punto del derrumbe, y sus alacenas en el más absoluto vacío.

 Se encontraban a cargo de unos 15 ancianos dependientes, pobres, y dolorosamente solos en el mundo, a quienes no iban a poder seguir cuidando, porque el convento se les caía a cachos. Las monjas ya no tenían nada que vender y no disponían del dinero necesario para comprar los ingredientes precisos para sus dulces, su único medio de vida.

Les era imposible poder continuar con su labor de cuidadoras, ni siquiera podían subsistir ellas mismas. Se habían gastado lo poco que les quedaba en cinco décimos de lotería de Navidad, y su petición en la carta no era otra que suplicar a los encargados del sorteo que les concedieran algún premio para poder salir de la indigencia total en la que caerían sus viejecitos sin remedio alguno. Con los décimos en cuestión, se habían encomendado a un Niño Jesús, talla del siglo XVII, que custodiaban celosamente en el convento.

 El funcionario de alto rango que había recibido la carta, se sintió muy conmovido, pero era consciente de que nada se podía hacer, pues el sorteo está fuertemente controlado y vigilado, y se lleva a cabo en público. Sólo el azar decide quién será agraciado con el capricho de la fortuna.

 Un par de semanas después del sorteo, el alto funcionario del organismo de Loterías volvió a recibir una carta de las monjitas. En ella, agradecían hasta el infinito la ayuda que se les había prestado, pues les había tocado el segundo premio, y con cinco décimos, la cantidad bastaba para solucionar durante mucho tiempo la situación del convento y los ancianos. El funcionario se quedó de piedra al enterarse de la maravillosa noticia, en la que por supuesto, no había tenido nada que ver.

 En ese momento, con el corazón anegado por una extraña sensación de fe que no conocía y que nunca antes había experimentado, respondió a las hermanas diciendo que ni él ni su organización habían influido para nada en los designios de los bombos, y que si tenían que agradecérselo a alguien, ese sería sin duda alguna, su precioso Niño Jesús.

UNAS NAVIDADES MUY DIFERENTES (Diciembre 2023)

UNAS NAVIDADES MUY DIFERENTES  (DICIEMBRE 2023)

 Era la primera vez que viajaba a un país musulmán. A pesar de la cercanía del país, por circunstancias, nunca se me había ocurrido visitarlo, ni tampoco había aparecido ese momento oportuno, o mágico, o como se le quiera llamar, en el que decides abrir tus ojos hacia otros mundos, por razones muy diversas que no vienen al caso.

 Fue allá por el año 1994, precisamente durante la Navidad, justo en el punto temporal que resultaba ser crucial en mi vida, una fecha roja que sellaba un antes y un después en toda mi existencia hasta ese momento.

 Aun siendo consciente de la teoría sobre la diferencia religiosa, la imagen plasmada en la realidad fue mucho más impactante de lo que había esperado. Nada más pisar la Estación Marítima magrebí, el aspecto desangelado y desprovisto de color que captaron mis ojos, chocó de repente con la iluminada escena de la Estación de Algeciras, de donde había partido hacía sólo una o dos horas. Allí, en la amplia zona de embarque española, había podido contemplar un inmenso árbol adornado con parpadeantes luces de colores, espumillón y toda clase de figuritas colgantes, como angelitos, bolas brillantes, pequeñas cajas de simulados regalos, envueltas en papel dorado… Bajo el árbol, un hermoso Misterio del Nacimiento mostraba el clásico portal anunciado por la Estrella de Belén, con la Virgen María, San José y el Niño, flanqueados por la mula y el buey. Y todo el recinto se presentaba engalanado con cintas centelleantes, figuras de Papá Noel, campanillas, y otros distintivos propios de la Navidad. Por supuesto, en el ambiente, cargado de personas ansiosas por la celebración, sonaban villancicos de todas clases, desde los tradicionales hasta los importados. Y yo casi ni me había dado cuenta, por lo rutinaria que podía parecer la imagen en las fechas navideñas.

 En cambio, el choque fue total al llegar a aquellas instalaciones donde no había ni un solo adorno, ni una sola señal de celebración de la Navidad. Era lógico, claro, era de esperar, sin duda, pero no por ello menos asombroso o menos sorprendente. Por un instante me sentí fuera de sitio, pues había pasado en un rato de la atmósfera brillante y festiva de la celebración, al oscuro y triste escenario de un día laborable cualquiera.

 Nuestro amigo Said, que nos esperaba para recogernos en la Estación Marítima, leyó el desconcierto en nuestros rostros, y se apresuró a explicar que allí no se celebraba la Navidad, naturalmente, pero sí el Año Nuevo, en el que las familias se hacían los presentes de rigor, y que por ello la entrada de año constituía para los niños la noche de mayor ilusión. Si observábamos en algún lugar signos de celebración, escasos, pero visibles en algunos puntos, estaban ahí para festejar el Año Nuevo, una fiesta neutra, que no conlleva nada relacionado con la religión. Nos advirtió de que no preguntásemos a nadie por la Navidad, porque a algunos les podría parecer ofensivo o insultante.

 Aquella visita fue muy instructiva. Resultó ser una experiencia de esas que te hacen aprender lo relativo de las cosas y cuán borrosos pueden llegar a ser los límites de las verdades.

DE LOS RETORNOS IMPOSIBLES (2004)

De los retornos  imposibles

LA MOSCA (I) (En La Pinta en 2004)

En un instante soy como una mosca

diminuta y extraña, sin un nombre,

una presencia que nadie contempla,

espacio inadvertido entre las voces.

En un instante mi tiempo se fue

y ahora que lo sé, ya no hay remedio;

todo puede curar, menos la herida

que asestan los relojes en el cuerpo.

Ese es el modo en que llega la muerte,

que ataca a la materia con sigilo,

va ajando cada huella de tus dedos,

deteriora tu sangre y tu destino.

Poca cosa es el alma en esta lucha,

y nada es lo inmortal contra la carne,

nada el empeño de todos los pasos

que cruzaron el viento hacia delante.

Me he mudado la piel en la de insecto:

pues tú ya no me ves, no me ve nadie.

Me borraron del mundo sin piedad,

me han despojado del rostro y del aire.

No existiré, sin más, por este amor

de amanecer cuando cae la tarde.

Contra el tiempo pequé, y mi condena

me aleja de las líneas de la imagen.

Año 2004

NÚMEROS (II) 

Cuando se esperan números abiertos

la línea de la noche se hace nítida,

se olvida que hay destinos perfilados,

y que el mundo no es más que un punto fijo.

Cuando hay gestos que quedan en suspenso,

como en una oración, como hacia arriba,

se olvida que el camino está trazado,

y nunca hay un regreso hacia la carne.

Son todos los retornos imposibles

que nos dejan exhaustos, sorprendidos,

enfadados, en fin, ante los números

que a cada paso cierran con mil llaves

la proyección de estelas de cristal

que se nos va cayendo en el camino.

Año 2004

NAVIDAD EN LA DISTANCIA (Diciembre 2023)

NAVIDADES EN LA DISTANCIA (DICIEMBRE 2023)

En Oriente, una vez hubo un lugar

por la luz de una estrella coronado

donde un refugio humilde fue encontrado

para Aquel que este mundo iba a salvar.

Dicen que una envolvente claridad

anunció por los campos la venida

del Niño que trazó para la vida

una eterna lección de humanidad.

Desde entonces, ese acontecimiento

se reescribe en un gozo milenario

que pinta de color el calendario,

festejando la Flor del Nacimiento.

Bolas, espumillón y algarabía,

calles engalanadas y balcones,

panderetas, zambombas y canciones

marcan la Navidad y su alegría.

Mas, para mí, en cambio, se ha borrado

todo aquello, de pronto, en los espejos:

y aparecen las sombras a lo lejos

de un destello fundido en el pasado.

Porque ahora, las luces de la infancia

se han quedado a remolque del recuerdo,

en una masa azul en que me pierdo

por la amorfa inquietud de la distancia.

Y lo que para otros resplandece

como celebración de eternidad

es para mí una oscura soledad

que en todos los diciembres reaparece.

MARCOS NO SE LAVA LOS DIENTES (Octubre 2023)

MARCOS NO SE LAVA LOS DIENTES

Marcos era un niño alegre y juguetón, que además tenía muchos amigos, y se divertía muchísimo con ellos. Pero Marcos tenía un problema muy importante: era demasiado goloso, y se pasaba el día comiendo chucherías de todo tipo. Se ponía morado de nubes, ositos, moras de caramelo, chocolatinas, Cheetos, gusanitos, gominolas, chicles de todos los sabores, y muchas cosas más. Cada vez que su abuela le daba un euro, se lo gastaba en chuches sin miramiento alguno. Y lo peor no era solo que se atiborrase de chuches, lo cual podría producirle un empacho. No. Lo peor de todo era que después de zamparse tantas golosinas, Marcos no se lavaba los dientes.

Su mamá no hacía más que reñirle en un intento inútil de controlar la cantidad de chuches que ingería Marcos, porque sabía que cualquier día se podía poner malo. Y también le recordaba constantemente que debía lavarse los dientes con regularidad, ya que si continuaba comiendo tantas golosinas sin la higiene precisa, le podrían salir caries, lo que se suele conocer como “tener los dientes picados”, que además de ser muy feo a la vista, acaba doliendo mucho, y eso hace necesario ir al dentista.

Pero Marcos no hacía caso.

Un día se le cayó un diente, y Marcos, muy ilusionado, colocó la diminuta pieza dental en una pequeña envoltura de plástico de cocina, y una vez hecho esto, lo puso debajo de su almohada, esperando el deseado regalo del famoso Ratón Pérez, que, como sabéis, suele traer algún presente a cambio del diente caído. Todos los amigos de Marcos que habían perdido un diente habían recibido alguna cosita del Ratón Pérez.

Sin embargo, cuando Marcos se despertó esa mañana, nervioso por ver qué le había dejado el Ratón, miró bajo la almohada, y no había nada, ¡nada!, nada más que el mismo diente que había depositado la noche anterior.

Muy triste, y con los ojos a punto del llanto, Marcos llamó a su madre para contarle lo que le había sucedido.

<<¡No me ha puesto nada el Ratón Pérez, mamá! ¿Por qué será?>>, preguntó sollozando.

<<Pues, yo creo que es porque no te lavas los dientes. El Ratón Pérez no quiere llevarse un diente sucio, porque tiene una enorme colección de dientes, y todos están muy limpios. Deberías lavarte los dientes bien y con regularidad. Saca el diente del papel film y lávalo. Verás como entonces el Ratón te regala algo>>

 Marcos hizo lo que su madre le había pedido. Se cepilló los dientes con esmero después de cada comida, y también limpió el diente caído. Lo volvió a colocar bajo la almohada y a la mañana siguiente, cuando miró se encontró un precioso cochecito rojo, una reproducción magnífica de un Ferrari, que además corría casi como un bólido de verdad. ¡Marcos no cabía en sí de contento!

 Desde entonces, no sólo come muchas menos chucherías, sino que también se cepilla los dientes después del desayuno, del almuerzo y de la cena, y por eso luce una dentadura limpia, sana, y espléndida.

CADENAS (Septiembre 2020)

CADENAS (24 Septiembre 2020)

Estas cadenas que amarran mi tiempo

acosan mi vejez, que no descansa,

me lastran cada paso desde adentro,

desde la carne viva, desde el alma.

Es el hierro salido de mi vientre,

mis células, ajenas, pero ancladas

en un cordón de tierra permanente

que abrocha los caminos a mi espalda.

Los años que me comen cual gusanos

se llevan la presteza de mis piernas

y el sólido coraje de los brazos,

mas no el destete agrio de mi estela.

Mi libertad, que es nueva, ha tirado

esa llave de búsqueda en el cielo

y en la grandiosidad ciega del campo,

la que abre el corazón hasta los dedos.

Las puertas del romance al fin se cierran,

guardan sus hilos junto a las arañas:

miro impasible el rastro de las guerras

desde un inmune acero de distancia.

Y ahora que el capítulo, ya viejo,

del frágil corazón se me ha olvidado,

me esclavizan los llantos, a destiempo,

de aquellos que en mi carne se forjaron.

MUCHO MÁS QUE ANIMALES (Octubre 2023)

MUCHO MÁS QUE ANIMALES (Octubre 2023)

  • Buenos días, señorita. Este es el Departamento de Sanidad y Salud Públicas, ¿no es así?
  • Sí, señor. ¿Qué podemos hacer por usted?
  • Me llamo Arsenio Pérez y quisiera comunicar que en mi casa tengo una plaga de chinches. ¿Qué se puede hacer para exterminarlas? Estamos desesperados con la situación.
  • ¿Exterminarlas, dice? ¡Pero, por Dios! ¿Acaso no sabe usted que está totalmente prohibido torturar y matar animales? ¿Cómo se le ocurre?
  • ¿Qué me está diciendo? ¿Que erradicar unos bichos indeseables, molestos, y peligrosos para la salud de mi familia es un delito? ¿Insinúa usted que no puedo aniquilar de ninguna manera esa plaga que nos tiene llenos de picaduras?
  • ¡Por supuesto que no los pueden aniquilar! ¡Son animales, seres vivos, criaturas de la naturaleza!
  • Pero, mire usted, compréndame. Mi hijo de sólo tres años está acribillado por las chinches. No puede dormir, la criaturita, y ya no sabemos qué hacer. No sirven los insecticidas convencionales, no es suficiente con matar a las que podemos encontrar. Siguen ahí, y cada vez hay más. Mi mujer tiene los nervios desquiciados, quiere tirar todos los colchones y canapés y todas las sábanas, mantas y colchas, y que se lo lleven todo a algún sitio donde lo puedan quemar para evitar que vuelvan a salir y a expandirse. Pero eso cuesta mucho dinero. Yo no gano lo suficiente como para poder tirar todo eso a la basura y comprar mobiliario nuevo y ropa de cama flamante. Ni siquiera me llega para pagar el alquiler…
  • Mire, señor, le estoy diciendo que no pueden saltarse la ley y matar animales a su gusto, que es un delito, y si continúa con la misma cantinela, lo voy a denunciar por maltrato animal. ¿Entendido?
  • Pero, ¿eso cómo va a ser? Estamos llenos de ronchas, vamos a caer enfermos, y el estrés y la falta de sueño nos tienen alterados los nervios. ¡A mí me va a estallar la cabeza! No podemos seguir así…
  • ¡Ya le he dicho que…! ¡Oiga! ¿Qué hace?

(Se escuchan sollozos de desesperación y seguidamente, la detonación de un disparo)

  • ¡¡Danerys María!! ¡Otro que se pega un tiro! Llama a Izan y dile que venga a recoger el cadáver para llevarlo al Parque Nacional, que los buitres necesitan comer, ¡animalitos!

LAS MERIENDAS DE CARMELITA (Octubre 2023)

LAS MERIENDAS DE CARMELITA

 Las cosas no eran nada fáciles en mi barrio, un distrito de clase obrera situado en el extrarradio de la ciudad, donde imperaba la pobreza y la lucha constante con los escasos sueldos, cuyas exiguas cifras apenas permitían llegar a fin de mes. Entre sus habitantes había un gran número de trabajadores que mantenían la estabilidad de sus hogares con extenuantes jornadas laborales, que a veces alcanzaban las trece o catorce horas, como era el caso de mi padre. Pero también se encontraban otros padres de familia, de poca especialización en sus empleos y casi nula formación, que sucumbían ante la penuria económica, y se dejaban caer en el abismo del alcohol y el maltrato familiar como rutina de vida.

 Yo, que era aún una niña, no me daba mucha cuenta de lo gravemente dura que era esa situación, especialmente para los niños que la sufrían, aunque por instinto, sentía que aquellas circunstancias eran muy dolorosas y dignas de lástima, como ocurría en el caso de mi amiga Carmelita.

 Carmelita era una compañera del colegio, pero faltaba con demasiada frecuencia a las clases. Llevaba casi siempre la misma ropa raída y cuajada de lamparones, y su aspecto también ofrecía la misma apariencia de suciedad, con la cara sin lavar, donde asomaban restos de tizne de carbón, las manos, al igual que las uñas, ennegrecidas por la roña acumulada, y los pies desaseados como los de un zíngaro nómada. Pero lo más característico, lo que sigo recordando a día de hoy como si la tuviera delante, era su pelo, pajizo, enmarañado y tieso como si no lo hubieran peinado jamás.

 Carmelita venía a merendar a mi casa. Con delicadeza, mi madre le lavaba la cara y las manos antes de la merienda. Ella no protestaba ni se molestaba, al contrario, sentía que se le hacía caso, que nos preocupábamos por ella, y que se le daba un trato digno. Al principio, la vergüenza le impedía comer demasiado, tratando de esconder la urgencia del hambre, pero cuando adquirió cierta confianza, ya se fue atreviendo a coger de todo lo que se le ofrecía: chorizo, mortadela, chocolate, manteca “colorá”, etc., siempre con su generoso trozo de pan correspondiente. Incluso, al cabo del tiempo,  optó por decidirse a repetir. Los colores de tono carmesí que encendían sus cachetes y la mirada alegre que nos regalaba, nos daban cuenta de su enorme satisfacción y de su agradecida felicidad con la abundante, aunque humilde, merienda.

 A veces, yo iba a buscarla a su casa, pero no me quedaba demasiado allí. La impresión de descuido infinito inundaba toda la vivienda. Había porquería por todas partes: platos con restos añejos de comida, cortinas rotas y medio caídas, ropa sucia tirada por doquier, y sobre todo, botellas de vino y cerveza, tanto vacías como aún por acabar, desperdigadas por todas las estancias, incluyendo el suelo. Las botellas usadas dejaban un olor a fermento nauseabundo semejante al de las viejas tabernas.

También en ocasiones, Carmelita aparecía con algún moratón en la cara o en el ojo, y arañazos por todo el cuerpo. Yo no le preguntaba nada, suponía que tener que contar sus terribles avatares la harían sentir aún peor. Simplemente le hablaba como si nada, como si aquello no hubiera sucedido, como si ese no fuera su mundo porque se merecía uno mejor.

 A mi madre y a mí nos daba mucha pena, sobre todo cuando veíamos a su padre arrastrarla por los pelos como un pelele de trapo en medio de la calle, para dejarla después tirada en la acera, mientras se acercaba tambaleándose a su mujer, con quien se enzarzaba en una pelea plagada de violencia y gritos, justo en ese fragor de agresiva borrachera que los hacía estallar. En pleno tumulto, yo le chistaba a Carmelita y le hacía señales desde mi ventana para que subiera y se quitara de en medio, y ella subía corriendo a mi casa, como quien escapa hacia un refugio oculto.

 Me he preguntado muchas veces qué habrá sido de Carmelita. No era nada torpe, y albergaba una especie de veneración por la escuela, que para ella constituía la representación de una realidad bien distinta a la suya. Pero la angustiosa existencia a la que estaba sometida probablemente no le permitió salir de aquella atmósfera enrarecida por los vapores del alcohol y las palizas. No lo sé…Sólo puedo constatar que mientras merendaba y jugaba en mi casa, Carmelita tuvo, al menos durante un rato, algo parecido a una infancia feliz.