PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE: LA HORIZONTALIDAD (Febrero 2017)

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PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XVII (La visión horizontal del mundo)

Febrero 2017

 

El canto de los pájaros es una verbena de verano en pleno Febrero. Se permiten el lujo de chisporrotear sus trinos despreocupados porque se sienten en su hogar, sin paliativos. La ciudad, a pesar de sus jóvenes tentáculos, nerviosos por el ansia de expandirse como el caos, conserva su innegable aroma de pueblo profundo de la mar, donde las mujeres aún echan al carrito de la compra las gruesas agujas con las que cosen y remiendan las redes de pesca, y las bombillas de repuesto para los extenuados barcos en que faenan sus maridos, orgullosos a pesar de navegar con la cubierta y los palos escocidos de oscuridad ante la estruendosa amenaza del océano implacable.

Parece que el deseo de emular a las grandes ciudades, y su ajetreo vicioso y sin control, todavía no ha calado en estas calles de perfil sencillo, cuyas azoteas tutean impertérritas al mundo moderadamente bullicioso que deambula por el suelo, y desde cuyos tímidos balcones se pueden contar las hormigas del parque en sus quehaceres, pues, por fortuna,  la vanidad de las alturas imposibles aún no ha impregnado la sosegada cotidianidad  del pueblo con el veneno de la ambición vertical, sino que más bien, las líneas horizontales que los ojos recogen sin esfuerzo, imponen sus reglas de talante cercano.

Al otro extremo del paseo marítimo, bajo el suave sol de la playa neblinosa, se puede atrapar sin desazón una calma de susurros intermitentes, y la visión de algunas figuras que aparecen a lo lejos, mientras pasan despacio en largos intervalos.

La vista se puede extraviar soñolienta en los brazos de arena que no muy lejos enseñan su vegetación de marisma tranquila. Alguna barquilla suelta, como un detalle olvidado, pinta su exigua silueta sobre el agua aparentemente mansa, que tal vez alardea de manera engañosa en una quietud fingida.

Simplemente, es un Martes cualquiera en un rincón azulado, donde las gaviotas y los viejos marineros recuerdan sus días de mar, sus fatigas, y sus hambres, y aquellas celebraciones festivas que sus esperados regresos provocaban en sus casas iluminadas por el reencuentro.

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