SE VAN, SE VAN (MAYO 2026)

SE VAN, SE VAN (MAYO 2026)

Las ágiles palomas de los dedos,

se van tras la tormenta del otoño.

Se vuelven burdos troncos retorcidos,

sin anidar de abejas ni de aves,

caos en la maleza aprisionado,

donde las hojas solo son recuerdos.

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La decisión rotunda de las piernas

se diluye en las sombras, cual cenizas

que cedieron el rojo de su fuego

a la estela febril que deja el humo.

Sacan la blanca faz de la bandera

antes de que terminen su viaje.

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Caminar es tarea de gigantes,

enfrentamiento inútil contra el barro

y arenas movedizas, y grilletes

que arrastrar hacia arriba por las cuestas,

y allá en la cima asoman los cristales

que translucen las cosas cotidianas.

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El tiempo es un tirano que soporta

su ruleta de hielo en el azar:

señala sin piedad su cruel castigo

sobre los pobres seres, incapaces,

que acaban por rendirse en el silencio,

y asumir que han perdido la batalla.

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Se van, se van aquellos tiernos años,

cuando mover los brazos o las piernas

era una pieza más del día a día,

solo un acto sencillo del instinto,

algo tan simple como respirar,

consecuencia vital de la existencia.

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Se van, se van, nos dejan suspendidos

en una incongruencia inexplicable:

el espíritu entero, iluminado

por colores que agitan las mañanas,

y el cuerpo acurrucado en un rincón

con el miedo tatuado en los talones.

VACÍO (SEPTIEMBRE 2020. RETOCADO MAYO 2026)

VACÍO (Septiembre 2020)

Mi pájaro en su oronda juventud

columpia el trino azul de la mañana;

su esencia, tan vital, marca compases

en el áureo silencio, y despereza

el último resquicio de la noche.

Yo lo miro y me acuerdo de los días

cuando aún me habitaban los amores,

con las guirnaldas en el corazón,

frenético de auroras sometidas

y colmado de angustias indomables,

en el torrente cálido y arcano

de una entrega total y sin fisuras.

Era una suerte de disolución,

de correntía extensa y desplegada,

derramando, en sutiles inconsciencias,

las armas por el suelo, en pacto inútil,

más restos de equipaje, apenas tibio,

a cambio de minutos imposibles,

vendavales de flores imperfectas,

y de años de espera en el umbral.

Era una condición de tiempos tiernos,

de corazón abierto desde el fondo,

(puertas sin llaves y sin vigilancia,

en una expectación casi infinita),

de rendición constante cada hora,

de no saber ser libre en soledad…

La edad me ampara ahora en su blindaje,

ajustando los goznes de metal,

y cruzando pestillos en los huecos

del músculo vacío que aún palpita,

en una libertad grande y resuelta

donde su masa ya no tiene sitio.

No hay mariposas ni aleteos breves,

sino una calma espesa y contundente

que se abruma al mirar en el espejo

dibujos de memoria descarnada.

No quisiera volver, ahora no.

Ahora que contemplo desde lejos

la presión de ferrosa gravidez

en latidos lastrados por la ley

(esa ley tan antigua como el aire

del ingrato vaivén del sentimiento),

no volvería, tras hallarme entera,

yo misma al viento por primera vez…

Mas, a veces se añora hasta el dolor

en el inmenso páramo vacío.