VIDA EN ECLIPSE

VIDA EN ECLIPSE (Julio 2026)

No era yo, no era yo, no, que eras tú

el astro que nublaba mi silueta

tras una identidad desconocida

y ráfagas doradas de centellas.

No era yo, no era yo quien decidía

el destino final de los planetas

en el juego sutil del universo

con sus raudos relámpagos de estrellas.

No era yo, no era yo quien daba nombre

a los cálidos guiños en las sendas

que extendían las luces de su magia

sobre las negras sombras de la tierra.

Sin embargo, era yo, que en realidad

alumbraba tu cara más completa

con rayos de naranja, y mi fulgor

poseía las llamas verdaderas.

Y era yo, era yo, quien encendía

el rastro que dejaban tus tinieblas,

y te prestaba mi destello puro,

siempre fluyendo en mi alma de candela.

EN EL BALCÓN, MI ATALAYA (Julio 2026)

EN EL BALCÓN, MI ATALAYA (Julio 2026)

Desde aquí arriba,

en el balcón marmóreo de los años,

la vida se me ha hecho más pequeña,

más contables los días, tan finitos

como infinitas eran las mañanas,

cuando aún me sobraba juventud

y la cuesta era un punto muy lejano.

En la distancia

que me da la virtud del oro viejo,

me asomo a los detalles de las cosas

como a un acertijo descifrado,

y desprendo una luz que todo alumbra,

a pesar del dolor inevitable,

y de la estricta norma de las células.

Todo se esfuma.

Las ingrávidas alas de hace tiempo

como flores de arena se deshacen.

Y sin embargo, todos los misterios

despliegan su esplendor, sin más cerrojos,

y se abren cual lavanda en pleno julio,

trasminando la tierra en su color.

Desde aquí arriba,

desde esta atalaya tan costosa

que tuve que pagar con la vejez,

la claridad me abruma y me alimenta,

y encaro los segundos como uvas

que saboreo al fondo de la boca,

con un pálpito hueco que no cesa.

Desde aquí arriba.

Desde el balcón.