A Esperanza

A ESPERANZA

Su risa es un océano en agosto,

la playa abierta como el mediodía,

me demuestra el principio de la tierra,

la perfecta simpleza de la vida.

 

Cuando me mira, me buscan los pájaros

que creen en el cielo y su verdad:

Me deslumbra la voz de la inocencia,

y descubro mi imagen en el mar.

 

Me veo antes de mí, sin una sombra,

en el antiguo núcleo de la sangre,

me lleva hasta el olvido de los nombres,

hacia atrás, los espejos de la tarde.

 

No existen diccionarios que se acerquen

al alegre jazmín que en su alma habita;

ella es la explicación del universo,

la razón de mi carne, lección viva.

 

En ella se repiten mis arterias,

en ella están mis ojos de hace tiempo,

remotas fuentes del sol recogidas,

la arena de los dioses en los dedos.

 

Año 2012

 

Caminos y dolor

I

 

Estoy ante una calma que no entiendo

y no tengo palabras. No me buscan

las rocas aristadas ni los ruines

cristales escondidos en  la arena.

 

No me alcanzan las uñas de la noche

en cada aliento tímido, ni llegan

ejércitos de nombres afligidos

para sacar mi sangre a la batalla.

Mas sé que estoy mintiendo…

Miento desde un presente anclado en falso

retratado en el fuego o en el agua,

suspendido de un guiño, o de algún beso,

guardado en nubes o en cajas de luz…

 

He recortado números fugaces:

máscaras hice para los relojes.

Me he condenado desde cada paso

a no salir con vida de la ausencia.

 

No quiero ir. No quiero. Ni moverme.

Mas sé que estaré allí con el dolor,

dentro de los relojes, hacia el mundo,

sin miradas, sin muslos, sin mentiras,

con la última muerte en la garganta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

Ante esta incertidumbre que me empaña

sólo encuentro dolor como una selva.

Es el dolor a solas quien domina,

quien abarca mi vida hasta su límite:

Voy a hacer del dolor un cesto blanco

y más allá los sueños y las sombras.

Voy a hacer de la muerte una mentira

y en su creencia a ciegas, la victoria.

 

Se me escapó la piel, no sé por dónde,

y en el hueso desnudo habita el hambre.

Nunca tuve disfraz, sólo un espejo

de una sola imagen transparente.

Se me fue la razón en un momento,

y en su lugar campea una gaviota

con el dolor de fondo, donde hierven

estrellas que se enervan contra el tiempo.

 

Sólo tengo dolor, y con él quiero

hacerme, para nada, una garganta,

creerme una mentira irremediable,

y esperar hacia atrás, como los necios.

 

Año 1996

 

 

LA APUESTA

Un día sentí que el mundo

ardía en la cuerda floja,

y dejé que las ventanas

se abrieran hacia las sombras,

y me enfrenté sin pensarlo

con todas las vidas lógicas,

y aposté, aún a sabiendas

que sería pérdida honda,

cada gramo de mi carne

y el brillo en mi alma de novia,

por cogerte de la mano

en eternidades rotas.

A pesar de las caídas,

y de las agrias palabras

que recogía del viento

al cruzar las calles rancias,

te llevé por los senderos

felices de las montañas,

y te saqué de los lodos

oscuros que te embargaban

cuando el cielo ennegrecía

de nubes enmarañadas,

enseñándote tu nombre

para decirlo en voz alta,

con el semblante hacia arriba

y el orgullo en la garganta.

Pero siempre hubo un demonio

como una humareda ácida,

siguiéndome hasta en el sueño

con la estela de su espada,

para enterrar mi sonrisa

en los espejos del agua,

y hacerme vagar sin pies

por la tierra descarnada

con una mentira a cuestas

y un número en la mañana.

Y hoy se han vaciado las letras

y se esfumó el libro entero

donde escribía con aire,

a imitación de los eterno,

los detalles de tus ojos

y la huella de tu cuerpo

repetida en mi piel cómplice

como en mil rayos secretos:

Se ha terminado la tregua

que una vez me prestó el tiempo,

y he de volver a la espina

contundente del espejo,

y aceptar las cifras claras

que se asoman a mis dedos,

para curar los enconos

de mi amor propio maltrecho,

y ser libre en las pesadas

migajas que aún conservo.

Quiero poder cumplir años

sin sentir culpa por ello.

Quiero que la piel quebrada

llegue a un armisticio cierto,

que la lucha con la cifras

de los calendario viejos

descorra cortinas crudas

y abra ventanales negros;

que esta tortura implacable

que se ha pegado a mis huesos

les permita mi dolor

sin sentir culpa ni miedo.

Diciembre 2015