PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXII (Carne y Espíritu) Agosto 2017

RADIOGRAFÍA 2

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXII (Carne y Espíritu. Agosto 2017)

Desde siempre hemos hablado de la dualidad del ser humano, de su mezclada constitución de carne y espíritu, e independientemente de cualquier valoración moral o religiosa, aparte de la interpretación metafísica, es obvio que la complejidad conductual del hombre conlleva una estructura doble que da lugar a un individuo capaz de modificar y modular el medioambiente en el que se encuentra como forma de adaptación al mismo, siendo a la vez parte de él, especialmente a través de la composición química y de las imposiciones biológicas.

También se podría considerar que, sin necesidad de intervenciones esotéricas ni nomenclaturas divinas, y aun teniendo en cuenta esa posibilidad, la esencia humana posee dos vertientes, una carnal y otra emocional, que al mismo tiempo se engloban en una unidad indivisible, la cual sigue en ambos componentes las mismas leyes, a mi modo de ver. Y es ahí donde entra mi pequeña y simple reflexión, pues a lo largo del tiempo, en la extensa experiencia que me concede la edad, he llegado a la conclusión de que idénticas pautas se aplican en las dos sustancias, la del cuerpo y la del alma, sobre todo en lo que respecta a la curación de las heridas, bien físicas o bien emocionales.

El proceso de sanación, en los dos casos, se somete a pasos parecidos, y al igual que la rotura de un hueso, por ejemplo, puede sanar si se atiende con el cuidado oportuno y el tiempo necesario, también los golpes del sentimiento se pueden superar. Pero, igualmente, en ambas situaciones el resultado final nunca es idéntico al que teníamos antes del accidente (bien corporal o anímico), y siempre permanecen unas secuelas que de vez en cuando hacen asomar el dolor desde algún rincón perdido, ya que el cambio estructural se ha producido en las dos circunstancias que confluyen en la persona. Además, la dificultad en la curación y las consecuencias permanentes que pueden quedar, se acentúan con la edad, pues tanto en el cuerpo como en el alma, las fracturas se vuelven más profundas y la actuación de los anticuerpos, la creación de células nuevas, y otros mecanismos de defensa y autoprotección, se tornan más lentos y menos eficaces a medida que avanzan los años. Pero, ¡cuidado!, de ninguna manera estoy negando la posibilidad de curación, arrebatando con ello la esperanza de los humanos respecto al logro de la superación de los obstáculos, sean de la índole que sean. Solamente incido en aquellos aspectos que atañen a la sanación perfecta, aquella que nos deja exactamente igual que estábamos antes de la herida. Esa sanación no existe. Siempre van a permanecer una serie de cambios que nos van a convertir en individuos distintos a los que éramos.

Así, ese tobillo que se nos dobló sin querer, esa postura que nos dañaba la espalda, o ese fracaso amoroso que superamos hace tiempo, nos vuelven a doler en los días nublados, o en alguna mañana radiante, cuando menos lo esperamos.

 

 

ME DICEN (Agosto 2017)

 

 

Cuadro bME DICEN  (Agosto 2017)

 

Me dicen que busque perlas,

que me sumerja en cristal,

donde a veces, tras la espuma,

en la profunda humedad,

brillan luciérnagas blancas,

de algas, arena, y sal.

Pero yo he gastado el fondo

del agua en la que buscar,

y he escondido caracolas

donde se resguarda el mar,

más de las que en una vida

o acaso una eternidad,

los números de los hombres

pudiesen, ciertos, contar.

 

Me dicen que allá adelante

está el camino, aún inquieto,

que conserve la mirada

en las lindes del sendero,

para trazar un destino

de pasos y nombres nuevos.

Pero yo he abrazado el alba

con el perfume del cielo,

y el aroma consumido

con el corazón abierto,

agotó su irrepetible

fórmula de luna y viento,

y ningún planeta turbio

vencerá al sol del recuerdo.

 

Las ideas son tan fuertes

que en el universo negro

sacuden chispas de sangre

y raspaduras de fuego.

 

Y finas redes de estrellas

pulen las líneas del sueño.

 

 

 

 

 

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXI: Generación Equivocada (Julio 2017)

Reloj al revés a

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXI “GENERACIÓN EQUIVOCADA” (Julio 2017)

 

Nací en un momento equivocado, con las fechas bailadas por un azar insolente y caprichoso, como un niño que se volvió cruel a base de mimos. Nunca pertenecí del todo a la dimensión temporal en la que supuestamente, según el calendario, debía moverme, y por ello siempre fui una rara avis, una luciérnaga de arena atravesando, etérea, los planos diversos y cabalísticos que el juego ad libitum del universo tuviera a bien proponerme. Esta circunstancia, por curioso que parezca, tal vez me salvó de haber caído en las redes espinosas del acoso o las burlas, y a pesar de la ostentosa diferencia con mi entorno, mi fuerza interior, arrolladora, junto con una visión de desapego del suelo, me infundían la capacidad de contemplar desde arriba los grises avatares del mundo, con la energía bulliciosa de esperanza que da la intuición del futuro y con la insondable coraza de una brillantez inocente.

Pero este destino fuera de su sitio tiene un oneroso precio. La felicidad se escabulle jugando al gato y al ratón, en una suerte de alquiler del tiempo, un alquiler limitado y sin derecho a compra. Y así, desde siempre, mi andadura ha sido un continuo divagar por una línea que nunca acaba de ser mía, de tal manera que los sueños quedan inefablemente marcados por la sensación de lo inestable, de la borrosa imagen que turba al viajero al pasar por las estaciones, donde la retina no alcanza a guardar más que un efímero instante de humo. Espero, espero algo, mas, sé que lo que espero ya pasó, porque todo está al revés, y la realidad termina por quedarse en los confines de la imaginación.

Ahora, cuando los latidos que sobran están casi contados, no puedo hacer más que vivir y revivir de las rentas, las que caducaron con cifras ajenas, y abrir las manos para aprender a construir un tiempo plenamente mío, aunque sólo sean unos días, o unas horas…

Sin embargo, incluso si llego a edificar una medida de momentos artificiales para mi ilusoria propiedad, este limbo entreverado no me puede conceder más fin que vagar a rumbo perdido por una inmensidad profundamente sola.

«EL AIRE FRESQUITO» (Junio 2017)

Cuando era niña, el reconfortante viento de las noches estivales, simplemente se llamaba “El Aire Fresquito”.

PARA REFRESCARSE A

 

“EL AIRE FRESQUITO”

 

En las noches de Poniente,

los ramajes de la sangre

sienten que están satisfechos

con la intimidad del aire.

El hondo cofre que guarda

toda la infancia, se abre

por la caricia de plata

de frescas estrellas grandes,

que limpian el polvo antiguo

de un ramillete de imágenes

de aquellos años sencillos,

cuando el calor era el arte

de sobrevivir al día

con mangueras en la calle,

saltando arcos de agua,

para después agarrarse

al armisticio nocturno

con su humedad refrescante.

Esas noches repetían

el viento dulce y amable

en el cine de verano,

veladas, juegos, muy tarde…

Los jazmines resonaban

ecos de aroma en la carne,

y yo, tan niña, dormía,

con el mundo por delante.

Parece que las trastadas

del tiempo hacen su alarde

de poder sobre las sombras,

y las altas noches arden,

cada vez más al calor

déspota y ruin del Levante.

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE (JUNIO 2017) Reflexiones de una docente recién jubilada

CLASE ERASMUS A

 

REFLEXIONES DE UNA DOCENTE RECIÉN JUBILADA

Llegué a la enseñanza por casualidad, como muchos otros, me consta, pues mi primera opción para la vida profesional siempre fue la Medicina, por lo que en principio escogí el camino de las Ciencias, el que siempre me fascinó y me sigue fascinando. Sin embargo, tal vez de forma inconsciente, ya desde muy temprano me había picado el gusanillo de las aulas, y colocaba a los escasos muñecos que la débil economía familiar me permitía poseer en una suerte de toscas filas, a modo de clase, con el objetivo de someterlos a etéreos problemas que debían resolver, o llevarlos a la ortografía de dictados imaginarios.

Después, por curiosas circunstancias de índole sentimental, que tanto han marcado mi vida, decidí estudiar Filología, en concreto Filología Hispánica, para difundir el Español por Estados Unidos. Y de nuevo por asuntos del corazón, el sueño americano quedó en borroso recuerdo, y acabé la carrera por el otro extremo del idioma, es decir, por la Sección Anglo-Germánica.

Al terminar los estudios, mi idea de la enseñanza se acercaba más a los paseos que los antiguos filósofos griegos compartían con sus brillantes alumnos, que a la terrenal realidad de la adolescencia, esa edad tan a menudo sumida en la desgana, o presionada hacia los libros por la imposición familiar más que por el sublime deseo de aprender. Por este motivo, a causa del panorama ideal con el que la Universidad me había impregnado la fantasía, me chocó tanto que el nivel de cultura e interés que yo pretendía inculcar a través del entusiasmo exacerbado de mi juventud, no tuviera nada que ver con los objetivos del alumnado, que consistía mayormente en aprobar las asignaturas a corto plazo y con el menor esfuerzo posible, todo ello a pesar de que entonces la diferencia de edad entre profesora y alumnos era mínima.

Aun así, el pellizco que la transmisión de conocimientos y visiones del mundo nos produce a los que nos dedicamos a la enseñanza, me hizo buscar recovecos y atajos, saltos y formas nuevas, es decir, un método personal con el que llegar a despertar, al menos en un porcentaje suficiente de alumnos, el gusto por el aprendizaje.

Esa ha sido mi labor durante 37 años, esa continua búsqueda, con más o menos acierto, con más o menos esperanza, de una puerta mágica que fuese capaz de abrir los afanes, intereses o anhelos dormidos al fondo de cada estudiante.

Y ahora que la alarma del despertador me da un poco igual, ahora que los días están trazados por las compras, las sartenes, la nieta, los lavados, y a veces alguna que otra escapada en forma de viaje, me siento un poco rara, con la extrañeza y a la vez el placer de quien piensa: «¡Anda, ahora vienen los exámenes finales!», mientras veo cómodamente en mi sofá una película de culto, a las dos de la mañana, ahora, disfruto de la certeza, además, de que no tengo por qué echar de menos a los compañeros que dejé entre papeles, porque siempre puedo ir a verlos por motivos de regocijo y no de obligación. Y por si eso fuera poco, cuento con la inestimable aprobación de una gran cantidad de antiguos alumnos, de muy diferentes edades y generaciones, que siempre me saludan con cariño y apreciados recuerdos.

¿Qué más puedo pedir?

 

 

 

EN CASA (Mayo 2017)

Galaxia 1

 

EN CASA

Es como estar en casa, haber llegado,

simplemente volver un día más,

como no estar ausente ni un momento,

como una cuerda fija en la azotea,

con la ropa de siempre abierta al sol.

No hay tiempo de por medio, ni agujeros

irrumpiendo en el aire cotidiano,

no hay espacios sembrados de negrura,

ayer, tan sólo veinticuatro horas;

el mismo aroma, los mismos abrazos,

la misma calidez de tierno hogar.

Mas, allá abajo, encima del planeta,

hay una historia rota por el centro,

con el papel fruncido por el barro,

y los nombres quebrados en la esquina,

con unas dimensiones mensurables

en las medidas drásticas del mundo.

Sólo desde aquí arriba, desde el polvo

de las estrellas libres de los números,

se puede ver plantado en un cometa

el rostro conocido de la cal

y el calor familiar que da contorno

a un borroso refugio en la galaxia.

 

MAYOS (Mayo 2017)

Zahara Playa 1

MAYOS  (Mayo 2017)

Este Mayo de sol endurecido

y frescor en las noches melodiosas,

me recuerda las rocas codiciosas

de estío en aquel Mayo consentido.

La arena llana, el mar intenso, erguido

en unas soledades misteriosas,

sin más figuras que dos caprichosas

sombras al viento, raudo y desvestido,

conforman el paisaje atrevido

de la playa tranquilamente eterna,

con el rumor salado de una tierna

fuga de luz. Solos. Agua en el pelo.

Y nosotros en medio del olvido,

bajo la urna plácida del cielo.

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE (Mayo 2017) La Gran Ironía de la Vida

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PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE (Mayo 2017)  La Gran Ironía de la Vida

Todos hemos oído alguna vez a alguien expresar su deseo vehemente pero imposible de volver a los 20 años, o a algún otro punto de la juventud perdida. Todos hemos suspirado en alguna ocasión al compás de otro suspiro amigo, siguiendo el mismo ritmo especular de la nostalgia, esa tirana idealizadora de cualquier tiempo pasado, quizás empujados por alguna foto prendida en un instante inmóvil de la volátil adolescencia, o por la insistencia de alguna melodía viajera en nuestra historia particular. Y hemos sentido  impotencia, de carácter inconforme, ante la imposibilidad de recobrar aquella época de carne firme, huesos fuertes, y sueños atrevidos.

Sin embargo, cuando me pongo a pensar en este tema realmente en serio, no me invade una imperiosa necesidad de recuperar aquellos años tiernos, no quiero regresar a aquella edad, que contemplada desde la perspectiva actual me parece un tanto insulsa e inconsciente. Me reconozco como era entonces, tonta e incauta, pero convencida de saberlo todo a pesar de sufrir una irremediable tendencia a meter la pata, (como suele ser típico en los jóvenes), y a pesar de cargar con una inocencia excesiva que me llevaba a enjuiciar el mundo con moldes tan ideales como absurdos, sin la menor traza de realidad. Aunque mi extracción social no me proporcionaba la comodidad de la vida regalada que sí tenían algunos de mis compañeros de estudios, (lo cual me salvaba de la levitación total), esta vivencia de escasez económica, en cierto grado dura, no impedía que mi contacto con la tierra fuese de lo más liviano, y que mi comportamiento en general fuese de lo más etéreo, sacado de los libros y el olor de las bibliotecas.

En este orden de cosas, debo afirmar por tanto, que no tengo el más mínimo interés en volver a aquella lejana edad, y verme en la obligación de tener que pasar de nuevo por los mismos errores e incertidumbres. Por nada del mundo cambiaría el poder de reflexión que me han regalado los años y que tanta satisfacción me produce; por nada trocaría el valioso bagaje que el dolor y los golpes soportados en el camino recorrido han depositado en mis entrañas; nada sería suficiente para pagar el tesoro acumulado por la experiencia, a través de cientos de circunstancias lidiadas con el viento en contra y la impasibilidad de los elementos, sin más protección que la fuerza del alma desnuda, sin más ayuda que la luz de la honestidad.

De ahí la Gran Ironía de la Vida, el juego matemático del tiempo que aplica su ley de proporciones inversas al paso de los seres humanos por la existencia. Es verdad que se puede luchar por mantener una forma más o menos digna a pesar de la edad, pero siempre será muy por debajo de lo que puede conseguir un muchacho o muchacha de 18 o 20 primaveras, igual que el aprendizaje se hace más arduo con el paso de los años, aunque no sea del todo inalcanzable. Mas, nunca se conseguirán los objetivos con la misma facilidad, ni los físicos en la vejez, ni los espirituales en la juventud. El estado de sublime perfección del cuerpo, con sus músculos, vísceras y huesos en el cénit de su ser, es inversamente proporcional al estado de plenitud del espíritu; a mayor calidad de piel le corresponde menor consciencia; cuanto más repleta de brillantez está el alma, cuanto más extendido se encuentra el rango del pensamiento, menor es la capacidad del cuerpo para afrontar los retos del día a día. Esa es una verdad de la que nadie está exento. Quizás sea ese el único consuelo: Mal de muchos, consuelo de tontos.

La auténtica aspiración del ser humano resulta imposible de obtener: Tal vez en realidad no deseemos volver a la adolescencia, sino disfrutar de nuestra mente madura en un cuerpo sin deterioro, anhelo que expresaba con angustia el gran poeta Blas de Otero: “Pero vivir, seguir, aunque se hundiesen / cielos y mar …Es más que en cielos, es en / la tierra, aquí, con cal y huesos …” .  Pero para ello tendríamos que resolver el problema que la Naturaleza nos plantea desde el nacimiento, y al menos por ahora, eso no puede ser.

CAMINOS CEGADOS (Abril 2017) Para Pilar Murillo en el tercer aniversario de su muerte.

 

 

GUADALMESÍ B (14)

CAMINOS CEGADOS  (Tercer Aniversario de la muerte de mi amiga Pilar)

En Abril, como aquel Abril primero

que te enseñó la luz del mediodía

y los inquietos júbilos del campo,

los astros delirantes de la tarde

te cegaron las fuentes del camino,

para llevarte donde nadie sabe,

dejándonos aquí, mudos y solos,

boquiabiertos, nadando de improviso

en augurios oscuros, en preguntas

tan ciertas como el calcio de los huesos,

con sus horas de números borrosos:

el destino de nuestra masa viva.

 

Y te echamos de menos desde entonces,

te prestamos el cuerpo del recuerdo,

esa vida inmortal entre nosotros,

que llenamos los huecos con tus fotos

y ponemos tu risa en el silencio,

y en algún ángel que pasa de pronto.

Nos enfadamos con la primavera,

y el paseo de Abril, tan exultante

con su azahar y su paleta encendida:

Grabamos tu sonrisa por las hojas

de árboles alegres que te llaman

al verde balanceo de sus copas;

te miramos de frente con un brindis

para guardarte un vino y una silla,

y hacerte un homenaje despejado

con sonrisas que laten desde dentro.

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XX (Marzo 2017) A propósito del lenguaje poético

 

 

LETRAS Y PALABRAS 1

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE (Marzo 2017) A Propósito del Lenguaje Poético

Cuando se toma la decisión de utilizar la Poesía como vía de expresión, en principio, el objetivo de tal tipo de lenguaje viene orientado por la necesidad de reflejar los sentimientos sean de la índole que sean, y, probablemente de manera inconsciente, provocar en el imaginario oyente o lector una evocación de emociones similares a las que se intentan transmitir en el poema. No se pretende definir de forma exacta a través de un mensaje de lectura única, sino que más bien, se busca la forma de dejar abierta el alma con sus peculiaridades, con sus inquietudes únicas, con la fuerza real de todo lo que bulle dentro. Este método de comunicación, que a veces parece unidireccional, pues puede dar la impresión de que el poeta no tiene en consideración el acto de discurso en sí, como elemento emisor, sino que se habla a sí mismo, conlleva, en cambio, una comunicación diferente, ya que no se encamina a la descripción detallada de la realidad, para crear con ello un intercambio de ideas, o un debate, o un estado de alerta ante determinado peligro, sino que se dirige a un abanico de interpretaciones que dependen, fundamentalmente, de las experiencias del interlocutor. Esto quiere decir que cada persona que llegue al poema, rellenará su significado con sus propias emociones, y esa será la forma de entender el contenido de la pieza, a través de los sentimientos de cada cual. Así, si un poema trata, por ejemplo, de la magnífica vivencia de la maternidad, tendrá mayor repercusión en aquellas personas que hayan pasado por esa circunstancia, si bien eso no significa que sea imposible transmitir el pálpito a quienes no conozcan dicha experiencia, pues el ser humano tiene la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, pero, al menos a mi entender, sí puede modular la intensidad de la emoción recibida.

 

Asimismo, existe otro matiz inherente al lenguaje poético, que afecta al valor de las palabras en sí mismas. Me refiero al aspecto mágico que en muchos casos también, desde tiempos inmemoriales, impregna la Poesía, otorgándole un poder de conjuro capaz de deshacer hechizos y entuertos, como ocurre, por ejemplo, en los antiguos riddles, o acertijos de la poesía anglosajona primitiva. En estas rimas, breves y sencillas, se pretendía controlar el arrebato de las fuerzas de la Naturaleza mediante el simple método de nombrar los fenómenos que angustiaban a la población: Si se recitaba un poema sobre la energía furiosa del viento, se estaba realizando una invocación de la misma, para así, a través de los nombres, a través de las palabras, doblegar a las ráfagas de aire salvaje que asolaban sus poblados, pues pensaban que el simple hecho de llamar al desastre por su nombre, podría aminorar su crueldad.

 

Esta idea, que confiere características mágicas o curativas al lenguaje, prevalece en nuestros días, ya que es la misma dirección que sigue el psicoanálisis, por ejemplo, cuya función primordial es conseguir desterrar los fantasmas dañinos del interior humano mediante su exposición al exterior por medio de su plasmación en las palabras.

He aquí la explicación principal de mi poema “No están las palabras”, donde intento expresar mi sensación de impotencia al buscar los términos precisos para describir las emociones, y con ello, mediante la invocación que el lenguaje moldea en sus formas, desterrar el dolor, y sanar las heridas.