PARA PILAR EN SU BATALLA (Septiembre 2017)

 

 

Flores en el campo 1PARA PILAR EN SU BATALLA (Septiembre 2017)

 

HA LLEGADO LA HORA Y EL MOMENTO

DE SACARLE LAS UÑAS AL DOLOR,

DE HACERLE FRENTE, CON SÚBITO ARDOR,

AL MONSTRUO QUE TE MUERDE DESDE EL VIENTO.

 

SE REQUIERE LA PIEL EN EL INTENTO,

Y ENUMERAR LAS PERLAS DEL AMOR,

PARA LIMPIAR LOS TRAZOS DE ESA FLOR

QUE AÚN LUCE RADIANTE EN TU PENSAMIENTO.

 

NO DESISTAS Y GUÁRDATE EL ALIENTO,

COMO UN TESORO DE LUZ Y CORAL:

NO NECESITAS ESTATUAS DE SAL,

SINO BUSCAR VALOR EN LA MEMORIA,

Y TU ALMA, ILUMINADA, SOBRE EL MAL

ACABARÁ ESCRIBIENDO LA VICTORIA.

¡Pobre Castillo Viejo! (Agosto 2017)

 

 

 

 

Castillo viejo Trasmoz 1¡POBRE CASTILLO VIEJO!   (Agosto 2017)

¡Ay, pobre castillo viejo,

con sus almenas vencidas,

grietas sangrando, calladas,

cuajadas de flores vivas,

los escalones gastados,

mirando siempre hacia arriba,

al cielo encendido y vasto

que fue su corona altiva!

Fortaleza desahuciada

donde las aves habitan,

silueta que el tiempo agosta

con sus manos mortecinas,

para robarle el aliento

a las piedras aún erguidas,

y así empujarlas cruelmente

al abismo de las ruinas.

Tú, pobre castillo viejo,

te suturas las heridas

con los árboles del páramo

y un soplo de fuerza antigua,

para apuntalar los restos

de la torre casi extinta,

y recoger, como un libro,

aquella historia perdida,

que te duele allá en el foso,

y en la erosión de las tibias

cadenas que fueron puente,

y ahora, al viento se oxidan.

En el tapiz de la tarde,

el castillo viejo grita,

dibujando penas solas

con silencios de ceniza.

 

 

 

 

SALTOS (Agosto 2017)

 

Torre Monasterio Veruela

 

SALTOS

Hay tantos recuerdos, tantos,

que bailan como los niños,

saltando por la cabeza,

como duendes infinitos,

sacando imágenes sueltas,

huecos en el laberinto

del arcón de terciopelo

de la vida, un revoltijo

de sentimientos y luces,

flores de pan del destino.

Aquí, la llamada al alba

que de pronto recibimos

desde un remoto planeta

en aquel cuarto sucinto,

donde el amanecer moro

nos envolvió en amarillo

eco de súbito encuentro,

en alta voz, de improviso,

sobre la cama de fuego

de aquel viaje atrevido.

Allá, el perfume de lluvia,

de hierba y árboles limpios,

con pájaros mañaneros

de un verano casi extinto,

y el aire mojado y fresco

que nos halló bien dormidos,

sobre la piel de una manta

en un refugio sencillo,

con un septiembre aún nuevo

en el campo humedecido.

En otro rincón, silencios

recortados por los grillos

y el ajetreo del agua

entre un paisaje de olivos;

o la osadía del zorro

arañando huesos tibios

en la soledad inmensa

del monte aislado y esquivo,

o el mar enojado y grande,

gritándole a su enemigo

el viento, loco gigante,

en un fatal desafío,

para jugar con los hombres

en la cresta de un rugido.

Allá, por el otro extremo,

de pronto surge un racimo

de risas innumerables

en incontables caminos,

o en múltiples tardes suaves,

solos los dos, en el limbo

del tiempo, sin más cordura

que la fuente del delirio,

con el amor en la frente,

y la pasión en un guiño.

O aquella luz mortecina

en el cementerio antiguo

donde las brujas cantaban

entre viejas fotos, lirios,

y margaritas ajadas

en los misteriosos nichos,

mientras nosotros, absortos,

viajábamos a otros siglos,

con los ojos entornados

y el aliento recogido.

 

 

Hay tantos recuerdos, tantos,

que ni la miel de los libros,

con su gramática blanca

y su léxico exquisito,

ni siquiera el diccionario,

en mar de vocablos rico,

con sus páginas al viento,

podrían darles vestido

de palabras para el mundo.

Tan sólo en los repetidos

saltos de azar de la mente

se vuelven de pronto vivos,

para estrenarse en el fondo

del corazón, en su sitio.

 

 

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXII (Carne y Espíritu) Agosto 2017

RADIOGRAFÍA 2

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXII (Carne y Espíritu. Agosto 2017)

Desde siempre hemos hablado de la dualidad del ser humano, de su mezclada constitución de carne y espíritu, e independientemente de cualquier valoración moral o religiosa, aparte de la interpretación metafísica, es obvio que la complejidad conductual del hombre conlleva una estructura doble que da lugar a un individuo capaz de modificar y modular el medioambiente en el que se encuentra como forma de adaptación al mismo, siendo a la vez parte de él, especialmente a través de la composición química y de las imposiciones biológicas.

También se podría considerar que, sin necesidad de intervenciones esotéricas ni nomenclaturas divinas, y aun teniendo en cuenta esa posibilidad, la esencia humana posee dos vertientes, una carnal y otra emocional, que al mismo tiempo se engloban en una unidad indivisible, la cual sigue en ambos componentes las mismas leyes, a mi modo de ver. Y es ahí donde entra mi pequeña y simple reflexión, pues a lo largo del tiempo, en la extensa experiencia que me concede la edad, he llegado a la conclusión de que idénticas pautas se aplican en las dos sustancias, la del cuerpo y la del alma, sobre todo en lo que respecta a la curación de las heridas, bien físicas o bien emocionales.

El proceso de sanación, en los dos casos, se somete a pasos parecidos, y al igual que la rotura de un hueso, por ejemplo, puede sanar si se atiende con el cuidado oportuno y el tiempo necesario, también los golpes del sentimiento se pueden superar. Pero, igualmente, en ambas situaciones el resultado final nunca es idéntico al que teníamos antes del accidente (bien corporal o anímico), y siempre permanecen unas secuelas que de vez en cuando hacen asomar el dolor desde algún rincón perdido, ya que el cambio estructural se ha producido en las dos circunstancias que confluyen en la persona. Además, la dificultad en la curación y las consecuencias permanentes que pueden quedar, se acentúan con la edad, pues tanto en el cuerpo como en el alma, las fracturas se vuelven más profundas y la actuación de los anticuerpos, la creación de células nuevas, y otros mecanismos de defensa y autoprotección, se tornan más lentos y menos eficaces a medida que avanzan los años. Pero, ¡cuidado!, de ninguna manera estoy negando la posibilidad de curación, arrebatando con ello la esperanza de los humanos respecto al logro de la superación de los obstáculos, sean de la índole que sean. Solamente incido en aquellos aspectos que atañen a la sanación perfecta, aquella que nos deja exactamente igual que estábamos antes de la herida. Esa sanación no existe. Siempre van a permanecer una serie de cambios que nos van a convertir en individuos distintos a los que éramos.

Así, ese tobillo que se nos dobló sin querer, esa postura que nos dañaba la espalda, o ese fracaso amoroso que superamos hace tiempo, nos vuelven a doler en los días nublados, o en alguna mañana radiante, cuando menos lo esperamos.

 

 

ME DICEN (Agosto 2017)

 

 

Cuadro bME DICEN  (Agosto 2017)

 

Me dicen que busque perlas,

que me sumerja en cristal,

donde a veces, tras la espuma,

en la profunda humedad,

brillan luciérnagas blancas,

de algas, arena, y sal.

Pero yo he gastado el fondo

del agua en la que buscar,

y he escondido caracolas

donde se resguarda el mar,

más de las que en una vida

o acaso una eternidad,

los números de los hombres

pudiesen, ciertos, contar.

 

Me dicen que allá adelante

está el camino, aún inquieto,

que conserve la mirada

en las lindes del sendero,

para trazar un destino

de pasos y nombres nuevos.

Pero yo he abrazado el alba

con el perfume del cielo,

y el aroma consumido

con el corazón abierto,

agotó su irrepetible

fórmula de luna y viento,

y ningún planeta turbio

vencerá al sol del recuerdo.

 

Las ideas son tan fuertes

que en el universo negro

sacuden chispas de sangre

y raspaduras de fuego.

 

Y finas redes de estrellas

pulen las líneas del sueño.

 

 

 

 

 

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXI: Generación Equivocada (Julio 2017)

Reloj al revés a

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXI “GENERACIÓN EQUIVOCADA” (Julio 2017)

 

Nací en un momento equivocado, con las fechas bailadas por un azar insolente y caprichoso, como un niño que se volvió cruel a base de mimos. Nunca pertenecí del todo a la dimensión temporal en la que supuestamente, según el calendario, debía moverme, y por ello siempre fui una rara avis, una luciérnaga de arena atravesando, etérea, los planos diversos y cabalísticos que el juego ad libitum del universo tuviera a bien proponerme. Esta circunstancia, por curioso que parezca, tal vez me salvó de haber caído en las redes espinosas del acoso o las burlas, y a pesar de la ostentosa diferencia con mi entorno, mi fuerza interior, arrolladora, junto con una visión de desapego del suelo, me infundían la capacidad de contemplar desde arriba los grises avatares del mundo, con la energía bulliciosa de esperanza que da la intuición del futuro y con la insondable coraza de una brillantez inocente.

Pero este destino fuera de su sitio tiene un oneroso precio. La felicidad se escabulle jugando al gato y al ratón, en una suerte de alquiler del tiempo, un alquiler limitado y sin derecho a compra. Y así, desde siempre, mi andadura ha sido un continuo divagar por una línea que nunca acaba de ser mía, de tal manera que los sueños quedan inefablemente marcados por la sensación de lo inestable, de la borrosa imagen que turba al viajero al pasar por las estaciones, donde la retina no alcanza a guardar más que un efímero instante de humo. Espero, espero algo, mas, sé que lo que espero ya pasó, porque todo está al revés, y la realidad termina por quedarse en los confines de la imaginación.

Ahora, cuando los latidos que sobran están casi contados, no puedo hacer más que vivir y revivir de las rentas, las que caducaron con cifras ajenas, y abrir las manos para aprender a construir un tiempo plenamente mío, aunque sólo sean unos días, o unas horas…

Sin embargo, incluso si llego a edificar una medida de momentos artificiales para mi ilusoria propiedad, este limbo entreverado no me puede conceder más fin que vagar a rumbo perdido por una inmensidad profundamente sola.

«EL AIRE FRESQUITO» (Junio 2017)

Cuando era niña, el reconfortante viento de las noches estivales, simplemente se llamaba “El Aire Fresquito”.

PARA REFRESCARSE A

 

“EL AIRE FRESQUITO”

 

En las noches de Poniente,

los ramajes de la sangre

sienten que están satisfechos

con la intimidad del aire.

El hondo cofre que guarda

toda la infancia, se abre

por la caricia de plata

de frescas estrellas grandes,

que limpian el polvo antiguo

de un ramillete de imágenes

de aquellos años sencillos,

cuando el calor era el arte

de sobrevivir al día

con mangueras en la calle,

saltando arcos de agua,

para después agarrarse

al armisticio nocturno

con su humedad refrescante.

Esas noches repetían

el viento dulce y amable

en el cine de verano,

veladas, juegos, muy tarde…

Los jazmines resonaban

ecos de aroma en la carne,

y yo, tan niña, dormía,

con el mundo por delante.

Parece que las trastadas

del tiempo hacen su alarde

de poder sobre las sombras,

y las altas noches arden,

cada vez más al calor

déspota y ruin del Levante.

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE (JUNIO 2017) Reflexiones de una docente recién jubilada

CLASE ERASMUS A

 

REFLEXIONES DE UNA DOCENTE RECIÉN JUBILADA

Llegué a la enseñanza por casualidad, como muchos otros, me consta, pues mi primera opción para la vida profesional siempre fue la Medicina, por lo que en principio escogí el camino de las Ciencias, el que siempre me fascinó y me sigue fascinando. Sin embargo, tal vez de forma inconsciente, ya desde muy temprano me había picado el gusanillo de las aulas, y colocaba a los escasos muñecos que la débil economía familiar me permitía poseer en una suerte de toscas filas, a modo de clase, con el objetivo de someterlos a etéreos problemas que debían resolver, o llevarlos a la ortografía de dictados imaginarios.

Después, por curiosas circunstancias de índole sentimental, que tanto han marcado mi vida, decidí estudiar Filología, en concreto Filología Hispánica, para difundir el Español por Estados Unidos. Y de nuevo por asuntos del corazón, el sueño americano quedó en borroso recuerdo, y acabé la carrera por el otro extremo del idioma, es decir, por la Sección Anglo-Germánica.

Al terminar los estudios, mi idea de la enseñanza se acercaba más a los paseos que los antiguos filósofos griegos compartían con sus brillantes alumnos, que a la terrenal realidad de la adolescencia, esa edad tan a menudo sumida en la desgana, o presionada hacia los libros por la imposición familiar más que por el sublime deseo de aprender. Por este motivo, a causa del panorama ideal con el que la Universidad me había impregnado la fantasía, me chocó tanto que el nivel de cultura e interés que yo pretendía inculcar a través del entusiasmo exacerbado de mi juventud, no tuviera nada que ver con los objetivos del alumnado, que consistía mayormente en aprobar las asignaturas a corto plazo y con el menor esfuerzo posible, todo ello a pesar de que entonces la diferencia de edad entre profesora y alumnos era mínima.

Aun así, el pellizco que la transmisión de conocimientos y visiones del mundo nos produce a los que nos dedicamos a la enseñanza, me hizo buscar recovecos y atajos, saltos y formas nuevas, es decir, un método personal con el que llegar a despertar, al menos en un porcentaje suficiente de alumnos, el gusto por el aprendizaje.

Esa ha sido mi labor durante 37 años, esa continua búsqueda, con más o menos acierto, con más o menos esperanza, de una puerta mágica que fuese capaz de abrir los afanes, intereses o anhelos dormidos al fondo de cada estudiante.

Y ahora que la alarma del despertador me da un poco igual, ahora que los días están trazados por las compras, las sartenes, la nieta, los lavados, y a veces alguna que otra escapada en forma de viaje, me siento un poco rara, con la extrañeza y a la vez el placer de quien piensa: «¡Anda, ahora vienen los exámenes finales!», mientras veo cómodamente en mi sofá una película de culto, a las dos de la mañana, ahora, disfruto de la certeza, además, de que no tengo por qué echar de menos a los compañeros que dejé entre papeles, porque siempre puedo ir a verlos por motivos de regocijo y no de obligación. Y por si eso fuera poco, cuento con la inestimable aprobación de una gran cantidad de antiguos alumnos, de muy diferentes edades y generaciones, que siempre me saludan con cariño y apreciados recuerdos.

¿Qué más puedo pedir?

 

 

 

EN CASA (Mayo 2017)

Galaxia 1

 

EN CASA

Es como estar en casa, haber llegado,

simplemente volver un día más,

como no estar ausente ni un momento,

como una cuerda fija en la azotea,

con la ropa de siempre abierta al sol.

No hay tiempo de por medio, ni agujeros

irrumpiendo en el aire cotidiano,

no hay espacios sembrados de negrura,

ayer, tan sólo veinticuatro horas;

el mismo aroma, los mismos abrazos,

la misma calidez de tierno hogar.

Mas, allá abajo, encima del planeta,

hay una historia rota por el centro,

con el papel fruncido por el barro,

y los nombres quebrados en la esquina,

con unas dimensiones mensurables

en las medidas drásticas del mundo.

Sólo desde aquí arriba, desde el polvo

de las estrellas libres de los números,

se puede ver plantado en un cometa

el rostro conocido de la cal

y el calor familiar que da contorno

a un borroso refugio en la galaxia.

 

MAYOS (Mayo 2017)

Zahara Playa 1

MAYOS  (Mayo 2017)

Este Mayo de sol endurecido

y frescor en las noches melodiosas,

me recuerda las rocas codiciosas

de estío en aquel Mayo consentido.

La arena llana, el mar intenso, erguido

en unas soledades misteriosas,

sin más figuras que dos caprichosas

sombras al viento, raudo y desvestido,

conforman el paisaje atrevido

de la playa tranquilamente eterna,

con el rumor salado de una tierna

fuga de luz. Solos. Agua en el pelo.

Y nosotros en medio del olvido,

bajo la urna plácida del cielo.