PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE: LO QUE NOS DAN LOS ANIMALES (Noviembre 2017)

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE: LO QUE NOS DAN LOS ANIMALES (Noviembre 2017)

 

Uno de los placeres sencillos que más bienestar nos produce a las personas es el simple hecho de acariciar a los animales, y es así especialmente por la maravillosa respuesta que obtenemos de ellos, a saber, una satisfacción desde la raíz más pura, desnuda de cualquier tipo de interés, (que tanto nos define a los humanos), valiosa en sí misma, por el sentimiento que emana, y no por recompensas posteriores ajenas al afecto en sí.

Ellos sienten una felicidad sin dobleces, nítida y brillante, que expresan al exterior sin posibilidad de interpretaciones ambiguas, y de manera inmediata, tal cual notan el estímulo del cariño, en una entrega absoluta y rendida al amor, sin más ingredientes que su entusiasmo más sincero.

Yo he llegado tarde a esta experiencia tan beneficiosa y transparente, porque mis padres, en su celo exacerbado por mi protección contra todo daño externo que pudiera acecharme, intentaron alejarme de mi inclinación natural al juego con los animales, inculcando en mi mente blanda, como la arcilla por moldear, unos terrores excesivos y un tanto irracionales hacia el contacto con otros seres vivos que no fueran humanos, y por supuesto, conocidos.

Quizás por eso, al alcanzar esta fase de intercambio afectivo con la palpitante inocencia de los animales, tras superar los miedos sembrados en la infancia, sin malicia, por mi familia, vivo este hecho con la intensidad de la madurez, y a la vez, con el gozo sincero de mi fondo humano: ahora, por eso mismo, no puedo parar. Parece mentira que un gesto tan pequeño pueda reconfortar tanto en ambas direcciones.Nena B

ARCOS (30 Octubre 2017)

 

Entrada cueva A

 

ARCOS  (30 OCTUBRE 2017)

LA HOJARASCA SE DESNUDA

A LA LUZ TIBIA DEL LIMBO

QUE SE DESLIZA EN LA TARDE

POR EL ALBERO IMPREVISTO,

LEVANTADO CON EL SOPLO

DEL OTOÑO OSCURECIDO.

LA VENGANZA DEL VERANO

NO DEJA PASAR AL FRÍO,

ACORRALADO EN LAS SOMBRAS

DEL RELOJ ENTUMECIDO,

Y UN RALO SUDOR RESISTE,

TIRANDO DE UN CALOR FIJO,

Y LOS INSECTOS DAN VUELTAS

EN EL TIEMPO, PEREGRINOS

DE UNA CONFUSIÓN INSANA,

EXTRAÑADOS DE SÍ MISMOS.

LA TIERRA NO TIENE EJE,

NI CABEZA, NI DESTINO,

TAN SÓLO UN HERVOR CARGADO

DE TALLOS SECOS Y ESPINOS,

PIEDRAS NEGRAS, ESQUELETOS,

Y RESTOS ENMOHECIDOS.

ALLÁ DONDE VAMOS TODOS

EL ENIGMA ES INFINITO:

NO CONOCEMOS LAS FECHAS,

NI LOS HORARIOS, NI EL SITIO,

NI LAS REGLAS, NI EL DIBUJO

QUE TRAZA EL AGUA EN EL RÍO.

YO QUIERO QUE ME LLORÉIS,

UN LUGAR, UN HUECO, UN RITO,

Y CUMPLIR AÑOS DE HUMO

EN EL MISTERIO PRECISO,

CON UN TROZO DE UNIVERSO

ETERNO EN EL BOLSILLO.

 

 

 

 

 

 

SONETO DE LA MUERTE Y LOS CAMINOS (Octubre 2017)

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SONETO DE LA MUERTE Y LOS CAMINOS (OCTUBRE 2017)

 

CUANDO LA MUERTE ARROLLA EN EL CAMINO,

Y VA QUEBRANDO EL ALMA DESDE ATRÁS,

TE OBLIGA A RENACER EN UN “QUIZÁS”

COMO UNA TRAVESURA DEL DESTINO.

LA MEMORIA SE AGRIA, COMO EL VINO,

Y EN LAS ENTRAÑAS GRITA: “¡NUNCA MÁS

AQUEL LATIDO ANTIGUO SENTIRÁS!

TU CORAZÓN SE HA VUELTO UN PEREGRINO

SOBRE LOS VIDRIOS ROTOS DE TU SER,

LA VIDA QUE TUVISTE YA JAMÁS

EN EL BOSQUE NOCTURNO VAS A VER:

SE HA VUELTO OSCURO BARRIZAL PERDIDO

AQUELLA SENDA CONOCIDA AYER,

LO QUE ERAS YACE MUERTO EN EL OLVIDO.

 

 

 

 

 

PARA PILAR EN SU BATALLA (Septiembre 2017)

 

 

Flores en el campo 1PARA PILAR EN SU BATALLA (Septiembre 2017)

 

HA LLEGADO LA HORA Y EL MOMENTO

DE SACARLE LAS UÑAS AL DOLOR,

DE HACERLE FRENTE, CON SÚBITO ARDOR,

AL MONSTRUO QUE TE MUERDE DESDE EL VIENTO.

 

SE REQUIERE LA PIEL EN EL INTENTO,

Y ENUMERAR LAS PERLAS DEL AMOR,

PARA LIMPIAR LOS TRAZOS DE ESA FLOR

QUE AÚN LUCE RADIANTE EN TU PENSAMIENTO.

 

NO DESISTAS Y GUÁRDATE EL ALIENTO,

COMO UN TESORO DE LUZ Y CORAL:

NO NECESITAS ESTATUAS DE SAL,

SINO BUSCAR VALOR EN LA MEMORIA,

Y TU ALMA, ILUMINADA, SOBRE EL MAL

ACABARÁ ESCRIBIENDO LA VICTORIA.

¡Pobre Castillo Viejo! (Agosto 2017)

 

 

 

 

Castillo viejo Trasmoz 1¡POBRE CASTILLO VIEJO!   (Agosto 2017)

¡Ay, pobre castillo viejo,

con sus almenas vencidas,

grietas sangrando, calladas,

cuajadas de flores vivas,

los escalones gastados,

mirando siempre hacia arriba,

al cielo encendido y vasto

que fue su corona altiva!

Fortaleza desahuciada

donde las aves habitan,

silueta que el tiempo agosta

con sus manos mortecinas,

para robarle el aliento

a las piedras aún erguidas,

y así empujarlas cruelmente

al abismo de las ruinas.

Tú, pobre castillo viejo,

te suturas las heridas

con los árboles del páramo

y un soplo de fuerza antigua,

para apuntalar los restos

de la torre casi extinta,

y recoger, como un libro,

aquella historia perdida,

que te duele allá en el foso,

y en la erosión de las tibias

cadenas que fueron puente,

y ahora, al viento se oxidan.

En el tapiz de la tarde,

el castillo viejo grita,

dibujando penas solas

con silencios de ceniza.

 

 

 

 

SALTOS (Agosto 2017)

 

Torre Monasterio Veruela

 

SALTOS

Hay tantos recuerdos, tantos,

que bailan como los niños,

saltando por la cabeza,

como duendes infinitos,

sacando imágenes sueltas,

huecos en el laberinto

del arcón de terciopelo

de la vida, un revoltijo

de sentimientos y luces,

flores de pan del destino.

Aquí, la llamada al alba

que de pronto recibimos

desde un remoto planeta

en aquel cuarto sucinto,

donde el amanecer moro

nos envolvió en amarillo

eco de súbito encuentro,

en alta voz, de improviso,

sobre la cama de fuego

de aquel viaje atrevido.

Allá, el perfume de lluvia,

de hierba y árboles limpios,

con pájaros mañaneros

de un verano casi extinto,

y el aire mojado y fresco

que nos halló bien dormidos,

sobre la piel de una manta

en un refugio sencillo,

con un septiembre aún nuevo

en el campo humedecido.

En otro rincón, silencios

recortados por los grillos

y el ajetreo del agua

entre un paisaje de olivos;

o la osadía del zorro

arañando huesos tibios

en la soledad inmensa

del monte aislado y esquivo,

o el mar enojado y grande,

gritándole a su enemigo

el viento, loco gigante,

en un fatal desafío,

para jugar con los hombres

en la cresta de un rugido.

Allá, por el otro extremo,

de pronto surge un racimo

de risas innumerables

en incontables caminos,

o en múltiples tardes suaves,

solos los dos, en el limbo

del tiempo, sin más cordura

que la fuente del delirio,

con el amor en la frente,

y la pasión en un guiño.

O aquella luz mortecina

en el cementerio antiguo

donde las brujas cantaban

entre viejas fotos, lirios,

y margaritas ajadas

en los misteriosos nichos,

mientras nosotros, absortos,

viajábamos a otros siglos,

con los ojos entornados

y el aliento recogido.

 

 

Hay tantos recuerdos, tantos,

que ni la miel de los libros,

con su gramática blanca

y su léxico exquisito,

ni siquiera el diccionario,

en mar de vocablos rico,

con sus páginas al viento,

podrían darles vestido

de palabras para el mundo.

Tan sólo en los repetidos

saltos de azar de la mente

se vuelven de pronto vivos,

para estrenarse en el fondo

del corazón, en su sitio.

 

 

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXII (Carne y Espíritu) Agosto 2017

RADIOGRAFÍA 2

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXII (Carne y Espíritu. Agosto 2017)

Desde siempre hemos hablado de la dualidad del ser humano, de su mezclada constitución de carne y espíritu, e independientemente de cualquier valoración moral o religiosa, aparte de la interpretación metafísica, es obvio que la complejidad conductual del hombre conlleva una estructura doble que da lugar a un individuo capaz de modificar y modular el medioambiente en el que se encuentra como forma de adaptación al mismo, siendo a la vez parte de él, especialmente a través de la composición química y de las imposiciones biológicas.

También se podría considerar que, sin necesidad de intervenciones esotéricas ni nomenclaturas divinas, y aun teniendo en cuenta esa posibilidad, la esencia humana posee dos vertientes, una carnal y otra emocional, que al mismo tiempo se engloban en una unidad indivisible, la cual sigue en ambos componentes las mismas leyes, a mi modo de ver. Y es ahí donde entra mi pequeña y simple reflexión, pues a lo largo del tiempo, en la extensa experiencia que me concede la edad, he llegado a la conclusión de que idénticas pautas se aplican en las dos sustancias, la del cuerpo y la del alma, sobre todo en lo que respecta a la curación de las heridas, bien físicas o bien emocionales.

El proceso de sanación, en los dos casos, se somete a pasos parecidos, y al igual que la rotura de un hueso, por ejemplo, puede sanar si se atiende con el cuidado oportuno y el tiempo necesario, también los golpes del sentimiento se pueden superar. Pero, igualmente, en ambas situaciones el resultado final nunca es idéntico al que teníamos antes del accidente (bien corporal o anímico), y siempre permanecen unas secuelas que de vez en cuando hacen asomar el dolor desde algún rincón perdido, ya que el cambio estructural se ha producido en las dos circunstancias que confluyen en la persona. Además, la dificultad en la curación y las consecuencias permanentes que pueden quedar, se acentúan con la edad, pues tanto en el cuerpo como en el alma, las fracturas se vuelven más profundas y la actuación de los anticuerpos, la creación de células nuevas, y otros mecanismos de defensa y autoprotección, se tornan más lentos y menos eficaces a medida que avanzan los años. Pero, ¡cuidado!, de ninguna manera estoy negando la posibilidad de curación, arrebatando con ello la esperanza de los humanos respecto al logro de la superación de los obstáculos, sean de la índole que sean. Solamente incido en aquellos aspectos que atañen a la sanación perfecta, aquella que nos deja exactamente igual que estábamos antes de la herida. Esa sanación no existe. Siempre van a permanecer una serie de cambios que nos van a convertir en individuos distintos a los que éramos.

Así, ese tobillo que se nos dobló sin querer, esa postura que nos dañaba la espalda, o ese fracaso amoroso que superamos hace tiempo, nos vuelven a doler en los días nublados, o en alguna mañana radiante, cuando menos lo esperamos.

 

 

ME DICEN (Agosto 2017)

 

 

Cuadro bME DICEN  (Agosto 2017)

 

Me dicen que busque perlas,

que me sumerja en cristal,

donde a veces, tras la espuma,

en la profunda humedad,

brillan luciérnagas blancas,

de algas, arena, y sal.

Pero yo he gastado el fondo

del agua en la que buscar,

y he escondido caracolas

donde se resguarda el mar,

más de las que en una vida

o acaso una eternidad,

los números de los hombres

pudiesen, ciertos, contar.

 

Me dicen que allá adelante

está el camino, aún inquieto,

que conserve la mirada

en las lindes del sendero,

para trazar un destino

de pasos y nombres nuevos.

Pero yo he abrazado el alba

con el perfume del cielo,

y el aroma consumido

con el corazón abierto,

agotó su irrepetible

fórmula de luna y viento,

y ningún planeta turbio

vencerá al sol del recuerdo.

 

Las ideas son tan fuertes

que en el universo negro

sacuden chispas de sangre

y raspaduras de fuego.

 

Y finas redes de estrellas

pulen las líneas del sueño.

 

 

 

 

 

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXI: Generación Equivocada (Julio 2017)

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PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XXI “GENERACIÓN EQUIVOCADA” (Julio 2017)

 

Nací en un momento equivocado, con las fechas bailadas por un azar insolente y caprichoso, como un niño que se volvió cruel a base de mimos. Nunca pertenecí del todo a la dimensión temporal en la que supuestamente, según el calendario, debía moverme, y por ello siempre fui una rara avis, una luciérnaga de arena atravesando, etérea, los planos diversos y cabalísticos que el juego ad libitum del universo tuviera a bien proponerme. Esta circunstancia, por curioso que parezca, tal vez me salvó de haber caído en las redes espinosas del acoso o las burlas, y a pesar de la ostentosa diferencia con mi entorno, mi fuerza interior, arrolladora, junto con una visión de desapego del suelo, me infundían la capacidad de contemplar desde arriba los grises avatares del mundo, con la energía bulliciosa de esperanza que da la intuición del futuro y con la insondable coraza de una brillantez inocente.

Pero este destino fuera de su sitio tiene un oneroso precio. La felicidad se escabulle jugando al gato y al ratón, en una suerte de alquiler del tiempo, un alquiler limitado y sin derecho a compra. Y así, desde siempre, mi andadura ha sido un continuo divagar por una línea que nunca acaba de ser mía, de tal manera que los sueños quedan inefablemente marcados por la sensación de lo inestable, de la borrosa imagen que turba al viajero al pasar por las estaciones, donde la retina no alcanza a guardar más que un efímero instante de humo. Espero, espero algo, mas, sé que lo que espero ya pasó, porque todo está al revés, y la realidad termina por quedarse en los confines de la imaginación.

Ahora, cuando los latidos que sobran están casi contados, no puedo hacer más que vivir y revivir de las rentas, las que caducaron con cifras ajenas, y abrir las manos para aprender a construir un tiempo plenamente mío, aunque sólo sean unos días, o unas horas…

Sin embargo, incluso si llego a edificar una medida de momentos artificiales para mi ilusoria propiedad, este limbo entreverado no me puede conceder más fin que vagar a rumbo perdido por una inmensidad profundamente sola.

«EL AIRE FRESQUITO» (Junio 2017)

Cuando era niña, el reconfortante viento de las noches estivales, simplemente se llamaba “El Aire Fresquito”.

PARA REFRESCARSE A

 

“EL AIRE FRESQUITO”

 

En las noches de Poniente,

los ramajes de la sangre

sienten que están satisfechos

con la intimidad del aire.

El hondo cofre que guarda

toda la infancia, se abre

por la caricia de plata

de frescas estrellas grandes,

que limpian el polvo antiguo

de un ramillete de imágenes

de aquellos años sencillos,

cuando el calor era el arte

de sobrevivir al día

con mangueras en la calle,

saltando arcos de agua,

para después agarrarse

al armisticio nocturno

con su humedad refrescante.

Esas noches repetían

el viento dulce y amable

en el cine de verano,

veladas, juegos, muy tarde…

Los jazmines resonaban

ecos de aroma en la carne,

y yo, tan niña, dormía,

con el mundo por delante.

Parece que las trastadas

del tiempo hacen su alarde

de poder sobre las sombras,

y las altas noches arden,

cada vez más al calor

déspota y ruin del Levante.