Y NECESITO

Y NECESITO

 

Yo necesito tiempo.

El tiempo abierto como un haz de agua,

el tiempo, como un libro, al infinito,

peinándose las hojas con mis pasos.

 

Yo necesito tiempo.

Un tiempo donde todo el pensamiento

se  encienda libremente, con el aire,

un tiempo para el pájaro y las venas,

donde a cada palabra siga un potro

con su universo a cuestas…

 

Yo necesito tiempo.

El tiempo necesario que me apunte

las exactas raíces de mi alma.

 

He de sembrar el tiempo por el cielo,

guardarlo de alimañas y cenizas.

Salvaré las mañanas en el puño,

y el tiempo correrá como la savia,

desnudando la niebla.

 

Año 2012

AQUÍ Y NUNCA (ESPINAS)

(Aquí y nunca) ESPINAS

 

Hay espinas que caen y se anclan

en el arcón de arena del sentido:

pintan en su misterio uñas crueles,

sacan de sus mentiras garfios ácidos,

y concretan la muerte en una imagen

tan real como el peso de las puertas

en la casa vacía y sin palabras.

 

¿Y cómo no creer en el dolor

cuando la soledad aprieta el sueño,

y el miedo es un silencio indefinido

que no enseña ni fechas ni razones,

que no cuenta verdades, ni despliega

las auroras de todos los despiertos

que por fin arrancaron sus espinas?

 

Hay horas en tropel que se disparan

y salpican la piel de brumas sucias:

deciden qué pasó en aquel minuto,

hornean a su antojo los vacíos,

abren heridas con balas de viento,

y se anclan al fondo de la lluvia

de las almas vencidas por el sol.

 

 

Año 2008

 

Arcilla

I

Cuando más firmes eran los detalles

perfectamente fijos en sus leyes,

cuando era inexorable aquel camino

que se me hizo verdad entre preguntas,

de agua me encontré mi corazón,

tal vez de sangre, o sin forma,  huésped

de aquel vaso dorado que se alzaba …

Cuando más ciertas eran las siluetas

y más reales marcaban cada paso,

se cercenó el silencio sin piedad,

y apareciste tú, como una brecha,

rasgando cada línea de mi mundo,

agitado de ti, como de lava.

II

La arcilla alimentó mi sentimiento,

dócil como el pan crudo, sin perfiles,

y se abrió desde dentro hasta perderse

en un tiempo sin nombres ni esqueleto.

Hallé vida detrás de las murallas,

y me comí la hiedra intensamente;

desde ti fui hasta el mar que no cabía

en los trazos perfectos de mis años,

y pequé desde ti contra los hombres

sentados al vacío de sus almas,

temerosos de todo cuanto tiembla,

que me arrojaron ojos como hierros

y puñales de voz por las esquinas,

porque mi amor de sal quemaba el aire

de sus casas, sus calles, y sus horas.

III

Y te amé de una vez, sin dar excusas

ni al tiempo, ni a las voces, ni al sonido

del trueno, entre mis dientes, olvidado.

Te amé sin más porqué que el viento tibio

como un dardo de azúcar por mi boca,

sin lamentar ni un poro, ni un cabello,

ni tan siquiera un verso o una mirada.

Te amé de un solo golpe, sin pensarlo,

con mi voz, con mis ojos, con mis manos,

con mis labios fundidos sin medida,

con cada sacrificio de mi mente.

Te amé igual que lo hacía aquellas veces

en que el sol desataba las mañanas

como sucesos blancos en la historia,

para empezar el mundo desde el centro,

y aprenderme los nombres de las cosas.

IV

Casi no queda aliento que me entregue

a la felicidad espesa y cálida

de los aún creyentes en la vida,

mas ahora que mis pies se han repartido,

borrarme hacia el principio es imposible:

los días repetidos ya no pueden

tragarse hasta el final mi fantasía.

Y esta luz descalzada que confirma

el nacimiento de mi carne nueva,

llega con unas fechas azuladas,

un vestido de azahar, y una pregunta

que ha borrado los surcos de mis manos.

Año 1998

COPA DE MAR Y MONTAÑAS

COPA DE MAR y MONTAÑAS

El viento  del ocaso es un milagro,

el mar se vierte en una copa al fondo,

y mientras tanto, las hermosas moles,

suaves en la luz que se retira,

parecen al alcance de la mano,

con sus picos tan cerca que uno siente

que puede hablar con Dios en voz muy baja.

El adiós se me cae por el alma,

no quiero irme de esta blanca altura…

Quiero llevarme la abrupta silueta

que serpea en el lienzo de los montes,

quiero el rumor del viento acorazado,

quizás oler la azul y húmeda niebla

donde las gaviotas se deslizan.

Quiero dejar el cuadro suspendido,

como un pequeño sueño que se cumple,

y quiero las imágenes magníficas

en el álbum dorado que conservo

para el día del alba cegador,

cuando atraviese túneles de agua,

y ajuste mi memoria y mis sentidos

a los colores básicos del  mundo.

MARES CIEGOS O EL ALZHEIMER (2009)

MARES CIEGOS o EL ALZHEIMER (A mi madre)

Su alma no está.

En sus ojos vencidos sólo asoma

toda la opacidad de los naufragios,

la maraña de días imperfectos

que han  perdido sus nombres y sus fechas.

No me conoce siempre:

Las caras son un mundo inexplicable

que depende de dioses escondidos,

artífices ajenos que se escapan

de los trozos de espejo que aún conserva.

A veces la recorre su pasado

y se acuerda del sol y de sus hijos,

por un instante se llena de luces

que dan sentido al túnel desvaído;

mas las sombras contestan desde dentro

y traen sus laberintos sin memoria,

desgarros sin color y sin palabras

que le arrancan el alma de su sitio

y dejan la piel hueca, despojada

de toda su estructura de recuerdos,

y de toda la historia de su carne.

Es igual que la muerte,

que se ha multiplicado en el camino,

en esa lentitud de tiempo extenso

que todo lo vulnera y lo destiñe,

y acaba por borrar en su delirio

las raíces más firmes de la tierra.

Año 2009 (A mi madre)

A mi padre, ausente desde entonces (Poema escrito tras su fallecimiento en 1999)

A MI PADRE, AUSENTE DESDE ENTONCES

El mundo se fue de pronto

y él vio una verdad helada

que le hirió como una estrella.

El silencio se hizo diáfano,

y su corazón de arena

le enseñó una puerta oscura

con una palabra escrita,

tan clara como su nombre,

tan cierta que le dolía,

abrupta como el destino

de embudo ciego y ceniza:

La leyó inefablemente

con los ojos muy abiertos,

el alma puesta de pie,

y los sentidos pendientes

de la última memoria.

Te me fuiste a ras del suelo,

te nos fuiste de la atmósfera,

y nos quedamos contando

las líneas de las baldosas.

Te fuiste, para mí, pronto,

tú, que sumabas andamios

para subir por las sombras,

tú, que me diste los nombres

que anclaban el universo,

tú que me abriste los ojos

a la luz de cada día.

¡Ay, quién pudiera dormirse

sin contemplar huecos negros,

cargados de la conciencia!

¡Ay quién pudiera cerrar

el puño como los niños,

dormirse sin saber nada,

en la ingravidez del sueño,

echar llave a la memoria,

y deslizarse al olvido

como una pizca de sal

en la espuma del invierno!

Pero sé que he de caer

en la ansiedad contundente

de saberme bien despierta

cuando me alcance el segundo

en que mi suerte, borrosa,

cumpla con el horizonte

su antiguo rito de agua,

como en un grito callado,

sin más huella que mi miedo,

sin caminos compartidos,

y con un dolor tan único

que quebrará los espejos,

sin ecos, sin voz, sin nadie,

yo sola, y el universo,

como tú, mirando arriba,

como tú, troceando lluvias.

Año 1999

El hielo en tus palabras

En tus palabras hay bosques de hielo,

suenan como un carámbano traidor,

una navaja ciega en su desprecio

que como insecto cuaja en el insomnio,

carcome las heridas ya curadas,

y crece por el fango del silencio

en la fábrica abrupta del absurdo.

 

Salen como una fiera obnubilada

por el pasto salvaje y venenoso

de un futuro esperado que no existe,

pues no hay futuro cierto en este mundo,

y pensar que es visible es caer al fondo

de un vacuo paraíso donde el miedo

cultiva sus mentiras arrogantes.

 

Van tus palabras locas por la sangre,

con los ojos vendados por la ira,

se creen eternas cuando son instantes

que el viento desperdiga sin memoria,

corren en remolinos sin cerebro,

movidas por pesares escondidos

que yo ni he consentido ni conozco.

 

Así tus noches no verán centellas

que rebosan de luz en las esquinas

para orientar la oscuridad errante

de aquellos que se sienten castigados

por alguna tormenta de preguntas.

Y no hallarás caminos ni respuestas

si no buscas sostén en los recuerdos,

en la raíz sincera de las cosas

que el amor hace intactas e imborrables:

Somos la suma entera de los pasos

que ya dimos, efectos de esas huellas,

y en preciadas maletas de jazmín

viene el esbozo de destinos nuevos.

 

 

 

Noviembre 2015

 

 

 

EL TIEMPO DESHILACHADO

EL TIEMPO DESHILACHADO   (A nuestro amigo Luis)

Cesó por fin su lucha en la batalla

contra todos los nombres y apellidos.

Cerró su diccionario opaco y áspero,

que nunca descifró con claves claras,

mientras un corro de atentos oídos

se afanan en pasar las turbias hojas.

 

Le habían cruzado dos negras espinas

el alma de niñez que conservaba,

hacia atrás trastocaron las edades,

y el proyecto de adulto que dormía

esperando su turno para el vuelo,

quedó desvanecido entre las brumas

de una adolescencia dilatada,

desvaída, ajada, discordante,

fuera de su lugar en el otoño.

 

El mundo estaba ahí, sin una puerta,

una suerte de luces encriptadas

donde los camuflajes de las sombras

sonríen en nombre de la libertad,

con su dulce disfraz de tiempo eterno,

y su inmortalidad, tan engañosa.

En sus adentros brotaba un susurro:

“¿Quién eres, Libertad? ¿Y quién soy yo?

Hay una niebla oscura que me ciega.

¿Dónde acaba el pespunte de mi alma?

¿Y dónde empieza el mar que no conozco?

¿Y quién es esa luna que me llama,

y me arrastra en sus largos dedos rubios?»

Las preguntas se helaban con la escarcha

de aquellas madrugadas como selvas.

Mientras la eternidad era sencilla,

los años, papelillos de colores,

la vida era un minuto repentino,

un canto altivo, una piel inmortal.

Pero los calendarios y los huesos

se agrietan y enmohecen como el pan

que se nos olvidó en una alacena.

Y entonces toda la euforia del alba,

y las fechas fugaces del azahar,

se caen de las cumbres del Olimpo,

y encuentran su destino diseñado

por las seguras leyes de la tierra.

Y esa verdad de golpe duele tanto

que una flecha certera se clavó

en mitad de su alma dolorida,

y le robó el aliento de repente,

para dejarnos llenos de preguntas.

Llegó y se fue el eterno caminante

de redondos caminos infinitos.

AGOSTO 2014.

DE AMORES Y ODIOS

DE AMORES Y ODIOS

 

Del amor, fuerza universal indiscutible, origen del carácter divino de la vida, señal abrumadora de una naturaleza a la vez cercana y misteriosa, se habla en singular y en plural. Se canta al amor, como uno y único en su dimensión integradora, el que nos define como humanos, como hombres y como parte de un cosmos tan nuestro como inmensurable;  y también se canta a los amores, como muchos, resultado de una multiplicidad del sentimiento, donde hay cabida para muchas ramas de un mismo árbol sagrado, cuyas raíces nos modelan como seres simples y a la par complejos, lo cual, tal vez, no es más que una prolongación del esquema que custodia la Naturaleza desde siempre.

Pero del odio sólo se habla en singular. Se apunta al odio como a un monstruo único en su especie, indivisible como el engendro solitario del demonio, solo en su singularidad de tormento para la debilidad humana. Y sin embargo yo creo que hay múltiples odios, diferentes en su origen, y por ello,  distintos en su escala de peligrosidad.

De un lado, está el odio primario, visceral, el que nace como respuesta a una situación rechazada por el sujeto que, por ello mismo, se considera injustamente tratado: es  la contestación inmediata de nuestra parte animal a una circunstancia dolorosa, la materialización emocional de una ecuación causa – efecto.

Mas, existe asimismo un odio aprendido, alimentado, que no proviene sólo de la experiencia directa, sino del sometimiento constante y machacón a unos recuerdos tal vez no vividos. Es un odio que no surge del fuego del momento sino de la lenta masticación, de las historias contadas, de los sucios chismes cuidadosamente conservados en desvanes polvorientos. Es un odio calculado, de composición artificial, pero quizás mucho más dañino y persistente que la simple respuesta directa y animal, tan fácilmente volátil. Esta variedad de odio es la que da lugar a episodios horrendos y en principio inexplicables, como las muertes de Puerto Hurraco, los asesinatos arbitrarios perpetrados por gente anónima con venganzas enconadas,  la interminable escalada de violencia entre judíos y palestinos…..

Ningún odio puede ser justificado, ni siquiera el más inmediato, pues en el fondo tal síntoma no es más que una respuesta adaptativa que nuestra especie ha desarrollado como recurso de supervivencia, y afortunadamente contamos con otras formas de acercamiento a estas situaciones. Para hacer frente a tales menesteres la evolución nos ha dotado con otro gran y maravilloso recurso natural, la inteligencia, que es lo suficientemente efectiva como para crear estrategias que superen la respuesta puramente animal. Y es por eso mismo que la inteligencia ha de poner medios eficaces que logren evitar que ese odio alimentado, masticado,  rumiado de manera enfermiza y obsesiva, llegue a pudrirse en un inútil y absurdo océano de hiel que acabe ahogándonos sin remedio, y para nada.

 

2008

EL SELLO (2010)

VIR CON FLORES MARZO 2018 A dibujos A

 

EL SELLO

Yo te he horadado los sueños

con  una voraz carcoma

que te ha vaciado la fe,

y el peso de la memoria.

 

Yo irrumpí como los rayos

en tu inocencia de entonces,

arrollando tus fronteras

con mi ansia de amor joven.

 

Te di la vida de pronto.

Te forjé desde mi nombre.

Te desbordé con la fuerza

de mis pasos en la noche.

 

Te di la vida de pronto,

de pronto te la quité:

te destruí de repente

sin pensarlo, sin querer,

empujada por las olas

del corazón al revés,

arrastrada por el trote

de un poderoso corcel,

con los sentidos nublados

y el sentimiento de pie.

 

Y te hice tanto daño

que en la limpieza de tu alma

anidaron las espinas,

proliferaron fantasmas,

y se cubrieron de ciénagas

los arroyos de aguas claras.

Tu futuro se hizo escombros

sobre la desesperanza.

 

Y en el fondo de mi sangre

se me ha hospedado la culpa

con un dolor infinito

en un sello de amargura,

que me acompaña a diario

y no se desclava nunca.

 

Año 2010