PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XII (Redescubriendo mi balcón) Agosto 2016

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE  XII  (Redescubriendo mi balcón) Agosto 2016.

AMANECER P JARDÍN 1

 

He reencontrado las estrellas desde el enclave fundido de la cama, como no lo había podido disfrutar desde hacía muchos años. Las veo, las vuelvo a ver, y su suave rutilar me ayuda a pasar por un tamiz el puñado de duermevelas diseminados aquí y allá, aunque sin rastro del miedo precipitado a la acuciante aurora que suele arrastrar consigo el insomnio. He vuelto a recoger el fresco de la brillante oscuridad estival a través de la pura mirada de la ventana, desde ese cuadrado mágico que perfila el cielo, desplegado con la libertad de las puertas abiertas de par en par a la noche.

He descubierto de nuevo la imponente majestuosidad de los árboles al fondo de las altas tardes en el sosiego refrescante de la terraza. Soy animal de balcón, de mi balcón, atento siempre a la ciudad extendida allá abajo, con su hermoso desfile de monumentos erguidos por toda la galería del horizonte.

Siento un orgullo arrebatador e intenso que se refleja en los límites de las paredes, cuya trayectoria simple, humilde y de encendida intimidad, multiplica mi sensación de dominio en la sabrosa pequeñez de mi territorio, tan decisivo y sellado que me transporta a vivencias antiguas, de allá lejos, de mi madre, de mi abuela, narradas por el curso de la sangre, experiencias ajenas pero mías, que me enseñan con rotundidad, mediante su historia de carencias, no directas, pero sí contadas a la luz de las cocinas, el sublime valor de las guaridas propias y de las llaves siempre en su sitio del cajón, como un perfecto conjuro sagrado. Nada que discutir ni que saldar, y por fin,  los papeles felices con su cúmulo de polvo en la estantería. Dueña y señora del amanecer.

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XI Siempre al mismo sitio (Julio 2016)

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XI  Siempre al mismo sitio (Julio 2016)

 

Siento que vuelvo al mismo sitio, aunque a decir verdad, el lugar no coincide exactamente; se produce este vívido espejismo porque se da la confluencia precisa para llegar a la misma sensación de entonces, y de otras veces, diferentes pero con la misma esencia de mi yo solo frente al mundo. Otra vez la soledad se convierte  en un extenso caleidoscopio por el que observo las jugarretas del levante rabioso y los movimientos de compás desconocido que confiere ritmos únicos a la gente que pasa, tan ajena, tan observable, sin saber nada de mi realidad.

Me recreo en la introspección absorbente de la noche ruidosa y circular, que termina por desplegarse a mi alrededor con sus segmentos existenciales anónimos y llamativos a la vez. Me vienen a la mente los rumores de aquellos días parapetados en la memoria con la curiosa impresión de retornar a un tiempo del que prácticamente no queda ni el humo, con el corazón casi convencido de tener veintitantos, mirando en derredor con una búsqueda joven y resplandecientemente osada, con el latido ilusorio de haber vuelto a aquel momento perdido, a aquellas tardes calurosas, a aquella entrada expectante en los comienzos de mi vida adulta. Y todo porque me recorre la misma soledad, como de extraño recién llegado, el mismo punto de partida desde el alma nueva con los ojos abiertos, como por estrenar, aun sin ser cierto…

EL HOGAR (Junio 2016)

Cajón

 

EL HOGAR  (Junio 2016)

 

Esta casa que una vez llamé hogar,

se está quedando al borde de los huesos.

Los cajones, en madera desnuda,

miman las huellas de las telarañas,

y suman más empeño en silenciar

los susurros dolientes del espacio,

celosamente anclado en sus raíces.

 

Me voy llorando con los ojos mustios,

impregnando de sangre las paredes,

con tres cuartos del alma derretidos

por el suelo y las capas del colchón,

sellando las rendijas y los muebles

con una llamarada de presencia,

como las tumbas de las catedrales.

 

Aquí se queda el eco de mi nombre

cual cauce venerado de leyenda

que el nudo persistente de los años

talló con fundamentos de hormigón,

y aquel rostro que fue feliz un día

se queda cincelado en cada estancia

al aroma infinito del recuerdo.

ENCUENTRO (Junio 2016)

LA PUNTILLA MAREA BAJA 1ENCUENTRO    (Junio 2016)

 

Con sus batidas calientes

tronando en sal mientras gira,

el mar provoca y respira

entre burbujas valientes.

Yo, con pesares recientes,

bajo un sol que muerde y mira,

siento que el calor me inspira

con júbilos incipientes.

Me he dejado entre los dientes

la huella de una mentira,

y el agua que se retira

ha trazado mi alma al frente.

He encontrado, en un rincón,

una voz recién nacida,

que ha brotado de la herida

que infectaba mi razón.

Me hallé nueva en la pasión

que me devolvió la vida,

pero tu sombra escondida

gusanea mi corazón.

 

 

 

 

EL ARTE DE PARAR EL TIEMPO NO EXISTE (Junio 2016)

EL ARTE DE PARAR EL TIEMPO NO EXISTE (Junio 2016)

 

Nunca se puede

parar el tiempo,

ni con sonrisas,

ni con cemento.

Nadie conoce

arte certero

que aguante el rudo

correr del viento.

¡Maldito sea

aquel que ha puesto

trampas de espinas,

cuchillos pérfidos,

palabras como

armas de fuego,

para quien, débil,

con rostro enfermo,

convaleciente,

curando sueños,

salía del lodo

de los infiernos!

Ha de saber

que los recuerdos

van en la sangre

roja del cuerpo,

y su leyenda

cruza el desierto,

y siempre asoman

su voz de hueso.

 

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE X: Victoria, por primera vez

VICTORIA CON EL PATO 2 MESES

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE  X : Victoria, por primera vez (Junio 2016)

 

Dicen que cuando la edad avanza en su determinada carrera hacia la oxidación final, los momentos más cruciales, aquellos que nos dibujaron una marca perenne en los circuitos enrevesados del cerebro, y que a la vez nos compusieron una melodía distintiva en los latidos del corazón, aparecen delante de nosotros, como vivencias tatuadas en la piel más protegida de la memoria.

De mi extenso hatillo de recuerdos, que tanto relucen en cientos de apretadas motas doradas, destaca una imagen rotunda y palpable a pesar de los años, un sólido cuadro enmarcado en su tierna cualidad de caja musical, como el rastro de un sol juguetón en la palma de la mano. Ese momento, absolutamente único, me viene a mostrar la bellísima silueta de Victoria, mi niña, durmiendo en la inocencia plácida que envuelve a las criaturas recién llegadas al mundo. Recuerdo, como en una cinta rebobinada miles de veces, y aún así, intacta en su precisión, la sensación que me anegó como un relámpago de alegría súbita en el mismo instante en que contemplé la adorable figura que dormitaba tranquila en la cuna. No fue una reacción inmediata tras el nacimiento, no fue la artificial idea que nos imponen las películas, donde todo es fácil y sin fisuras en el tiempo, pues en la auténtica realidad, tras el parto, yo no recuperé la totalidad de mi pensamiento y el control completo de mis actos, hasta la mañana siguiente, cuando una limitada dosis de descanso me devolvió a la consciencia plena, tras disiparse los neblinosos vapores del dolor, el esfuerzo, y la anestesia.  Y recuerdo que en ese momento, en esa mañana radiante de primavera, mi primer sentimiento fue de absoluta incredulidad. No me lo podía creer. ¿Cómo podría creerme que aquella pequeña maravilla viviente, aquella preciosa creación que respiraba bajito desde su inmensa blancura, había salido de mí, como la más perfecta obra de arte? No, no me lo podía creer. Yo no podía haber alcanzado la capacidad para confeccionar ese ser tan lleno de luz, como un inimaginable milagro. Pensé, simplemente, que aquella grácil explosión de vida era lo más hermoso que había visto jamás. Lo sigo pensando.

LA ETERNIDAD EN LA SANGRE DE ESPERANZA (Junio 2016)

 

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LA ETERNIDAD EN LA SANGRE DE ESPERANZA  (Junio 2016)

 

Mi cuerpo atravesó cifras en guerra

por repartir la sangre generosa

en un destello de carne preciosa,

que en su tacto de luz, blancura encierra.

Un trozo de ADN que se aferra

al paso de una  nube silenciosa,

para hilvanar su huella luminosa

y prender las tinieblas de la tierra.

La eternidad, sencilla y prodigiosa,

ha cuajado en sublime proyección,

multiplicando al sol mi condición

para extender las líneas del viaje,

urdiendo con mi tuétano el encaje

donde amanece un nuevo corazón.

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE IX (El Cine) Mayo 2016

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE   (IX) El Cine (Mayo 2016)

 

Desde siempre, hasta donde puede abarcar el poder evocador de mi memoria, me ha fascinado el cine. Entre mis recuerdos más recónditos, aquellos que sólo muestran pequeños pedacitos sueltos, mordisqueados o cosidos a muescas, puedo a pesar de todo rebuscar las sensaciones que me anegaban de euforia cada vez que mi familia organizaba, especialmente en verano, una salida al cine en las noches reparadoramente frescas, la anhelada visita a aquel paraje de cielo descarado con innumerables guiños de estrellas, donde lucían en los árboles, como frutos llamativos,  brillantes ristras de bombillas de colores , mientras  el aroma del jazmín se filtraba por cada resquicio de la piel, como un bálsamo delicioso. Recuerdo que ya desde entonces, a mi temprana edad, disfrutaba lo indecible de aquel espectáculo mágico que desplegaba ante mí un catálogo ingente de vidas tan distintas como incomprensibles, y al mismo tiempo tan vibrantes y llenas de hechizo para una tierna imaginación infantil como la mía. También recuerdo los esfuerzos que imponía sobre mis párpados para que se mantuvieran abiertos y atentos a la historia que me iba contando la pantalla, pues mis pocos años junto con mi intensa actividad de juegos, me empujaban las pestañas hacia abajo, como la baraja de un local a la hora del cierre.

Curiosamente, sin embargo, no he sido consciente de mi profunda pasión por el cine hasta pisar los primeros peldaños de la madurez, y al asumir dicha disposición, también empecé a preguntarme el motivo de mi desmedida inclinación por el mundo fantástico de las películas. Y una vez enfrascada en mi análisis particular, quizás igualmente podría intentar averiguar por qué nos sentimos en general tan atraídos por ese arte de plasmar el universo en movimiento.

Después de meditarlo, mi humilde conclusión es que, tal vez, se podría explicar en tres vertientes distintas: Por un lado, la suerte de poder contemplar situaciones vitales diferentes a las que solemos encarar en nuestros pasos cotidianos, nos permite caminar por multitud de senderos inexplorados, que abren en toda su amplitud el muestrario de la vida, multiplicando con ello nuestra experiencia hasta alcanzar una mayor riqueza personal, con su correspondiente visión extensa de la realidad y por ende, su dimensión de tolerancia y comprensión del mundo en todos sus planos; por otro lado, también encontramos similitudes de peso con nuestros propios problemas o los de la gente cercana que nos importa, y esta compenetración de sentimientos exhibidos en un ámbito común, además de aliviarnos en las circunstancias adversas, pues el hecho de compartir siempre rebaja la presión de la carga, también nos ofrece una serie de posibilidades para la resolución de conflictos que en principio nos parecían tan únicos como imposibles de solventar, e incluso, de superar en caso de no llegar a buen fin. Por último, en la tercera vía que da sentido a nuestra atracción por el cine, podemos hallar ese deseo de evasión que por un rato nos libera de la onerosa fuerza de la tierra firme, para trasladarnos al inconsistente planeta de la fantasía, donde nuestro avatar escondido se pasea con sus vivencias vicarias por la hilaridad, el absurdo, o la aventura, que al salir de la oscuridad de la sala, se disipan para retomar, con más brío, las riendas del día.

Sea como fuere, por siempre y a voz en grito, proclamo: ¡Viva el cine!

 

LA LAVADORA VIEJA

LA LAVADORA VIEJA

 

Por la ocre ladera del vertedero,

surgen guiños  de ojos oxidados,

que lloran el recuerdo de su vida,

los días de jabones y de paños,

de resplandor en sábanas nerviosas,

la bendición sonora del trabajo.

 

Eran los años de servicio útil,

del agradecimiento consumado,

cuando necesitaban tu presencia

para los bienestares cotidianos

en pequeños milagros invisibles,

eterno apoyo en los momentos arduos.

 

Pero el tiempo raspó sus dedos sucios

sobre el metal que aún sueña tintes blancos,

dejando una telúrica injusticia,

líneas amarillentas y arañazos,

llorosos desconchones y flaquezas

en el temblor insano del lavado.

 

Y hoy que te robaron la familia

donde tuviste el sitio tantos años,

con el tambor quebrado, y sin cables,

la portezuela rota gruñe al tacto

de latones antiguos que en suelo

te absorben en su mundo de rechazo,

mientras allá en tu casa, allá lejos,

un aparato nuevo  han colocado.

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE VIII (El rostro de la Muerte)

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE VIII (Cuando llega el rostro de la Muerte)

Mayo 2016

 

A mi pobre entender, y siempre, por supuesto, desde la inestable posición especulativa que nos otorga el hecho de estar vivos, el momento en que nos encontramos de frente con el tan temido como ignoto rostro de la Muerte, puede surgir de tres formas distintas.

En primer lugar, una de dichas formas, que curiosamente es quizás la más deseada a pesar del  brusco zarpazo que desencadena, corresponde a la Muerte Repentina, aquella que nos atrapa en el instante menos pensado, con la casa tal vez por barrer, las cuentas desordenadas y por saldar, y las despedidas aún por esbozar en decenas de papeles en blanco arrumbados por los cajones, en la ilusa creencia de que todavía queda tiempo para dibujar adioses floridos, rebosantes de alivios soñados,  a la espera tal vez de culminar en añorados reencuentros . Esa Muerte, que tan súbitamente nos arranca de la escena en mitad de la obra, es la más ansiada por muchos, pues su aparición inesperada nos puede ahorrar el sufrimiento de la partida, como si atravesáramos a toda prisa una reducida transición mediante una anestesia tan reparadora como neblinosa, a pesar de provenir en principio de cualquier fuente violenta, desde el raudo asesinato, al accidente fatal, pasando por las paradas cardiacas, los ictus, o cualquier otra versión de disfunción irremediable.  Pero esa misma rapidez en el dictamen del  punto final nos permite el lujo de no enterarnos de nada, y eso es algo que todos, o casi todos, buscamos.

Asimismo, hay otra forma de proximidad a la Muerte, que si bien salva al condenado de la tortura que inflige la consciencia, deja el aparatoso rastro del tormento para que lo sufran todos aquellos que rodean al moribundo, en muchos casos unidos a éste por el grave vínculo del amor, y en otros casos, simplemente a través de un contrato laboral que les exige una disposición permanente destinada a los cuidados del enfermo.  En esta situación, la persona afectada por el revés de los hados, se sumerge despacio, y sin un ápice de intención, en la opacidad persistente por la que discurren los laberintos de la memoria perdida, y en los ovillos enredados que el desgaste neuronal enmaraña, con más o menos prisa, pero siempre con el mismo resultado inamovible. Quien llega a la Muerte por este cauce, tampoco es consciente, al menos al final del proceso, de su triste nivel de deterioro, ni de las deformidades que asoman al rostro del peligroso jinete que nos abduce en su camino al apocalipsis. La ignorancia en este caso trae implícita una perfecta dosis de serenidad, y un sutil y cómodo apagado total.

En cambio, la Muerte Lenta y Anunciada por los hirientes avisos de la enfermedad y el caos físico o anímico, con el absoluto conocimiento del individuo, es la que nos produce el miedo más profundo, y el sentimiento de indefensión más penoso y arduo de llevar,  pues nos supone tener que asumir la inevitable presión de la consciencia, y  el grito sobrecogido por el pavor que emana del cerebro dolorosamente agudo en la dimensión de su inteligencia aún intacta, conocedor, sin evasión posible, de la siniestra cercanía de nuestro fin, y de la fragilidad que hace diluirse en el vacío toda la irrecuperable sensación de la vida. Nadie, excepto quizás los santos, o aquellos que han llegado al valle tranquilo de la aceptación meditada, siente el más mínimo deseo de llegar al momento crucial de la Muerte por esta vía de inexorable lucidez, sino que más bien, la mayoría optamos por lanzar nuestras oraciones en pro de un tránsito lo más inconsciente posible. No saber, no conocer, es en este caso, lo mejor.