MAYOS (Mayo 2017)

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MAYOS  (Mayo 2017)

Este Mayo de sol endurecido

y frescor en las noches melodiosas,

me recuerda las rocas codiciosas

de estío en aquel Mayo consentido.

La arena llana, el mar intenso, erguido

en unas soledades misteriosas,

sin más figuras que dos caprichosas

sombras al viento, raudo y desvestido,

conforman el paisaje atrevido

de la playa tranquilamente eterna,

con el rumor salado de una tierna

fuga de luz. Solos. Agua en el pelo.

Y nosotros en medio del olvido,

bajo la urna plácida del cielo.

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE (Mayo 2017) La Gran Ironía de la Vida

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PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE (Mayo 2017)  La Gran Ironía de la Vida

Todos hemos oído alguna vez a alguien expresar su deseo vehemente pero imposible de volver a los 20 años, o a algún otro punto de la juventud perdida. Todos hemos suspirado en alguna ocasión al compás de otro suspiro amigo, siguiendo el mismo ritmo especular de la nostalgia, esa tirana idealizadora de cualquier tiempo pasado, quizás empujados por alguna foto prendida en un instante inmóvil de la volátil adolescencia, o por la insistencia de alguna melodía viajera en nuestra historia particular. Y hemos sentido  impotencia, de carácter inconforme, ante la imposibilidad de recobrar aquella época de carne firme, huesos fuertes, y sueños atrevidos.

Sin embargo, cuando me pongo a pensar en este tema realmente en serio, no me invade una imperiosa necesidad de recuperar aquellos años tiernos, no quiero regresar a aquella edad, que contemplada desde la perspectiva actual me parece un tanto insulsa e inconsciente. Me reconozco como era entonces, tonta e incauta, pero convencida de saberlo todo a pesar de sufrir una irremediable tendencia a meter la pata, (como suele ser típico en los jóvenes), y a pesar de cargar con una inocencia excesiva que me llevaba a enjuiciar el mundo con moldes tan ideales como absurdos, sin la menor traza de realidad. Aunque mi extracción social no me proporcionaba la comodidad de la vida regalada que sí tenían algunos de mis compañeros de estudios, (lo cual me salvaba de la levitación total), esta vivencia de escasez económica, en cierto grado dura, no impedía que mi contacto con la tierra fuese de lo más liviano, y que mi comportamiento en general fuese de lo más etéreo, sacado de los libros y el olor de las bibliotecas.

En este orden de cosas, debo afirmar por tanto, que no tengo el más mínimo interés en volver a aquella lejana edad, y verme en la obligación de tener que pasar de nuevo por los mismos errores e incertidumbres. Por nada del mundo cambiaría el poder de reflexión que me han regalado los años y que tanta satisfacción me produce; por nada trocaría el valioso bagaje que el dolor y los golpes soportados en el camino recorrido han depositado en mis entrañas; nada sería suficiente para pagar el tesoro acumulado por la experiencia, a través de cientos de circunstancias lidiadas con el viento en contra y la impasibilidad de los elementos, sin más protección que la fuerza del alma desnuda, sin más ayuda que la luz de la honestidad.

De ahí la Gran Ironía de la Vida, el juego matemático del tiempo que aplica su ley de proporciones inversas al paso de los seres humanos por la existencia. Es verdad que se puede luchar por mantener una forma más o menos digna a pesar de la edad, pero siempre será muy por debajo de lo que puede conseguir un muchacho o muchacha de 18 o 20 primaveras, igual que el aprendizaje se hace más arduo con el paso de los años, aunque no sea del todo inalcanzable. Mas, nunca se conseguirán los objetivos con la misma facilidad, ni los físicos en la vejez, ni los espirituales en la juventud. El estado de sublime perfección del cuerpo, con sus músculos, vísceras y huesos en el cénit de su ser, es inversamente proporcional al estado de plenitud del espíritu; a mayor calidad de piel le corresponde menor consciencia; cuanto más repleta de brillantez está el alma, cuanto más extendido se encuentra el rango del pensamiento, menor es la capacidad del cuerpo para afrontar los retos del día a día. Esa es una verdad de la que nadie está exento. Quizás sea ese el único consuelo: Mal de muchos, consuelo de tontos.

La auténtica aspiración del ser humano resulta imposible de obtener: Tal vez en realidad no deseemos volver a la adolescencia, sino disfrutar de nuestra mente madura en un cuerpo sin deterioro, anhelo que expresaba con angustia el gran poeta Blas de Otero: “Pero vivir, seguir, aunque se hundiesen / cielos y mar …Es más que en cielos, es en / la tierra, aquí, con cal y huesos …” .  Pero para ello tendríamos que resolver el problema que la Naturaleza nos plantea desde el nacimiento, y al menos por ahora, eso no puede ser.

CAMINOS CEGADOS (Abril 2017) Para Pilar Murillo en el tercer aniversario de su muerte.

 

 

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CAMINOS CEGADOS  (Tercer Aniversario de la muerte de mi amiga Pilar)

En Abril, como aquel Abril primero

que te enseñó la luz del mediodía

y los inquietos júbilos del campo,

los astros delirantes de la tarde

te cegaron las fuentes del camino,

para llevarte donde nadie sabe,

dejándonos aquí, mudos y solos,

boquiabiertos, nadando de improviso

en augurios oscuros, en preguntas

tan ciertas como el calcio de los huesos,

con sus horas de números borrosos:

el destino de nuestra masa viva.

 

Y te echamos de menos desde entonces,

te prestamos el cuerpo del recuerdo,

esa vida inmortal entre nosotros,

que llenamos los huecos con tus fotos

y ponemos tu risa en el silencio,

y en algún ángel que pasa de pronto.

Nos enfadamos con la primavera,

y el paseo de Abril, tan exultante

con su azahar y su paleta encendida:

Grabamos tu sonrisa por las hojas

de árboles alegres que te llaman

al verde balanceo de sus copas;

te miramos de frente con un brindis

para guardarte un vino y una silla,

y hacerte un homenaje despejado

con sonrisas que laten desde dentro.

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XX (Marzo 2017) A propósito del lenguaje poético

 

 

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PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE (Marzo 2017) A Propósito del Lenguaje Poético

Cuando se toma la decisión de utilizar la Poesía como vía de expresión, en principio, el objetivo de tal tipo de lenguaje viene orientado por la necesidad de reflejar los sentimientos sean de la índole que sean, y, probablemente de manera inconsciente, provocar en el imaginario oyente o lector una evocación de emociones similares a las que se intentan transmitir en el poema. No se pretende definir de forma exacta a través de un mensaje de lectura única, sino que más bien, se busca la forma de dejar abierta el alma con sus peculiaridades, con sus inquietudes únicas, con la fuerza real de todo lo que bulle dentro. Este método de comunicación, que a veces parece unidireccional, pues puede dar la impresión de que el poeta no tiene en consideración el acto de discurso en sí, como elemento emisor, sino que se habla a sí mismo, conlleva, en cambio, una comunicación diferente, ya que no se encamina a la descripción detallada de la realidad, para crear con ello un intercambio de ideas, o un debate, o un estado de alerta ante determinado peligro, sino que se dirige a un abanico de interpretaciones que dependen, fundamentalmente, de las experiencias del interlocutor. Esto quiere decir que cada persona que llegue al poema, rellenará su significado con sus propias emociones, y esa será la forma de entender el contenido de la pieza, a través de los sentimientos de cada cual. Así, si un poema trata, por ejemplo, de la magnífica vivencia de la maternidad, tendrá mayor repercusión en aquellas personas que hayan pasado por esa circunstancia, si bien eso no significa que sea imposible transmitir el pálpito a quienes no conozcan dicha experiencia, pues el ser humano tiene la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, pero, al menos a mi entender, sí puede modular la intensidad de la emoción recibida.

 

Asimismo, existe otro matiz inherente al lenguaje poético, que afecta al valor de las palabras en sí mismas. Me refiero al aspecto mágico que en muchos casos también, desde tiempos inmemoriales, impregna la Poesía, otorgándole un poder de conjuro capaz de deshacer hechizos y entuertos, como ocurre, por ejemplo, en los antiguos riddles, o acertijos de la poesía anglosajona primitiva. En estas rimas, breves y sencillas, se pretendía controlar el arrebato de las fuerzas de la Naturaleza mediante el simple método de nombrar los fenómenos que angustiaban a la población: Si se recitaba un poema sobre la energía furiosa del viento, se estaba realizando una invocación de la misma, para así, a través de los nombres, a través de las palabras, doblegar a las ráfagas de aire salvaje que asolaban sus poblados, pues pensaban que el simple hecho de llamar al desastre por su nombre, podría aminorar su crueldad.

 

Esta idea, que confiere características mágicas o curativas al lenguaje, prevalece en nuestros días, ya que es la misma dirección que sigue el psicoanálisis, por ejemplo, cuya función primordial es conseguir desterrar los fantasmas dañinos del interior humano mediante su exposición al exterior por medio de su plasmación en las palabras.

He aquí la explicación principal de mi poema “No están las palabras”, donde intento expresar mi sensación de impotencia al buscar los términos precisos para describir las emociones, y con ello, mediante la invocación que el lenguaje moldea en sus formas, desterrar el dolor, y sanar las heridas.

 

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XIX (Cuando el futuro no se ve) Marzo 2017

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PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XIX (Cuando el futuro no se ve) Marzo 2017

 

Alguien de maravilloso buen sentir, que me guarda un cálido afecto, me invitó el otro día a participar en un evento cinematográfico, a sabiendas de mi absoluta adoración por el cine. La actividad, sin duda estupenda y digna de ser gozada por incondicionales de la pantalla como yo, tendrá lugar el próximo mes de Julio, y así me lo hizo saber el familiar amigo en cuestión. Y por segunda vez en mi vida, me inundó la incertidumbre al pensar en el futuro, aun siendo un futuro tan relativamente cercano como ese, que se esconde detrás de unos pocos meses, nada más.

La primera vez que me recorrió esa, hasta entonces, desconocida sensación había tenido lugar unos meses antes, al mencionar en una conversación la inminente primavera. Como un reptil extraño, la duda del tiempo trazó sus huellas en el sendero de mi pensamiento, dejando en el surco los acordes de aquella famosa sevillana: “¿Adónde estaré, Dios mío, la próxima Primavera …?”, cuyo eco, como un manojo de asombro y desconcierto, sembró en mí la turbia emoción del final impreciso.

En esta segunda ocasión, la cosa ha empezado a perturbarme, pues me lleva a pensar que mi imaginación, y con ella, de rebote, la esperanza, ha recortado el horizonte del porvenir, y lo ha reducido a un pequeño ángulo de visión, de muy corto alcance, donde el sueño de lo que queda por aparecer en mi vida ya no tiene la extensa imagen de espacio abierto que hacía rebosar de fantasía mis preguntas en la niñez. Y eso a pesar de que, según la teoría que ofrecen las estadísticas, y de acuerdo con el despliegue de fe que enuncian la tecnología y los avances de los tiempos modernos, aún me quedan bastantes años por gastar del saco de la vida, muchos minutos para rebañar con los dedos ansiosos. Pero mi mente más recóndita, no sé si movida por el engaño o por la fiel verdad, no me permite tomarme por seguras las fechas que van más allá de, si acaso, algunas horas … Nunca antes había adquirido una consciencia tan contundente de la proximidad de la muerte, de su amenaza de espectro súbito.  No sé si el dolor acumulado en los acontecimientos recientes ha contribuido a este sentimiento tan rotundo de realidad, pero en resumidas cuentas, las lindes del camino se insinúan a través de un grueso cristal distorsionado que arrebata la visión. Y el futuro no se ve.

MADERA ANTIGUA (Marzo 2017)

 

 

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MADERA ANTIGUA

 

Mi alma es como la madera antigua,

en su combate con las inclemencias:

una reliquia que se vuelve polvo

al más leve contacto improvisado

de imágenes podridas y crueles,

con el soplo del tiempo en las aristas

enseñando los dientes y las garras,

y una espada prendida de una teja.

 

Se torna llanto, un reguero de arañas

frágiles y temblando en la intemperie.

No importa cuánto luche, se deshace

como las mariposas en los dedos:

Va y viene del dolor, como la luna,

como el espíritu de las mareas,

como otras almas, con los ojos bajos,

que quedaron vagando en los caminos,

agarrándose a un clavo que enmohece,

los tablones heridos por la niebla,

las astillas hinchadas de vacío.

 

 

LA PAZ O LA SUERTE DE RESPIRAR (Marzo 2017)

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LA PAZ O LA SUERTE DE RESPIRAR

Si cuando el día pestañea,

y el rosado desperezo

le sonríe a las cortinas

con ese sol recién hecho,

que nuestras manos reciben

como la estampa de un beso,

es que tenemos la suerte

de respirar al concierto

de un caminar sosegado

donde encontramos pan tierno,

en un hogar sin ruinas

ni derrumbes en el techo,

como dentelladas grises,

escombros, cascotes, hierro

retorcido por el odio

que se desata en el cielo,

o en las esquinas traidoras

donde te apuntan al pecho,

y mil relámpagos lamen

la sangre de los enfermos.

Si cuando acuden los astros

a la ventana del tiempo,

y en ese instante subimos

por el hilo de los sueños,

sin un despertar maldito,

ni un escalofrío infecto,

con la certeza del aire

limpio y el mañana quieto,

pendiente del calendario

para soltarse de nuevo,

es que vivimos en paz,

es que hemos ganado el premio

de gozar de nuestra historia

como el relato más bello,

como la fortuna inmensa

de respirar, el misterio

de engrandecer la mirada

con cada paso que demos.

Amigos, tenemos suerte,

hermanos, suerte tenemos

de poder contar perfiles

con la punta de los dedos,

de ir a dormir tranquilos

tras paredes de silencio,

y hallar los mismos semblantes

todos los días, enteros,

sin las marcas del vacío

ni las heridas del viento,

ni el llanto impotente y agrio

que deja atrás el infierno:

La suerte de respirar

sin la amenaza del miedo.

(Para mi amiga Rosa, que me ha sugerido sopesar la importancia de vivir en esta paz tan endeble que parece prestada)

COMETAS (Marzo 2017)

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COMETAS (Marzo 2017)

Esas auroras de corta distancia,

que pinta misteriosamente el barro,

y la niebla solícita y viajera,

que llegaba del mar por la retama,

conforman un rincón clavado al aire,

como un álbum, un cofre, o una caja

con el nácar tejido por los bordes,

y las llaves guardadas en el pecho;

la madera preciosa, transpirando

su fondo de barnices inmortales,

reconoce palabras enterradas,

y huellas con su hilván de oro puro.

Esos atardeceres hacia adentro,

con el tiempo bordado en una esquina,

(sangre y sudor latiendo sin arnés,

hasta entrar en la noche consentida),

graban líneas azules en las manos,

tesoros repartidos por la arena.

No hay meses, ni estaciones, sólo luz

como de un meteoro o un cometa:

Quedan pájaros sueltos al azar,

mágicas briznas de flores salvajes,

y ráfagas aladas que aparecen

como algún arcoíris silencioso.

Para mí, para mí, pero sin ruido.

PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XVI (LAS PESADILLAS) 30 Enero 2017

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PEQUEÑAS REFLEXIONES EN PROSA SIMPLE XVI (Las Pesadillas) 30 Enero 2017

 

Las pesadillas no mienten. Son como el espejo de la famosa madrastra de Blancanieves. Las pesadillas abren de par en par las puertas que el cerebro racional cerró para proteger a la cordura de todo lo que no quiere ni puede ver, y de todo lo que no quiere ni puede saber. Sacan a la luz mortecina del mundo subterráneo de los sueños las verdades que la consciencia intenta apartar del corazón, para evitarle dolores insufribles y cargas tan pesadas que pudiesen quebrar el sutil equilibrio del alma herida.

Mientras las luces de la mente se afanan por iluminar, como focos de vida, el gran esfuerzo de las sonrisas en la realidad de los despiertos, las pesadillas alumbran las mazmorras grotescas de la imaginación desesperada, y encienden con traumática precisión los recuerdos que, ansiosamente, nos afanamos en olvidar, y los olvidos que, con los ojos entornados, pretendemos enterrar.

Yo, que creo firmemente en la gran sabiduría de la Naturaleza, me he preguntado desde siempre, y ahora más si cabe, el porqué de esta herramienta humana que a todos nos persigue de vez en cuando, justo en aquellas horas en las que anhelamos un descanso reparador que lime y barnice los duros arañazos del día. Quizás sean el resultado de atestar tanto, tanto, los cajones, con imágenes veladas, gritos acallados, verdades insoportables, y sombras lúgubres, que acaban estallando por las incontroladas vías del subconsciente, esa parte libre de nuestro ser que se mueve sin las limitaciones ni las ataduras que impone la vigilia. O tal vez sean una manera de adaptación a los inesperados vaivenes de la vida, una forma de aprender  a enfrentarnos a ellos desde los caminos poderosamente inescrutables de la fantasía, como si en su esencia fueran una ristra de graves vacunas para el alma. Pero las vacunas, en muchos casos, producen reacciones indeseables, efectos secundarios que permanecen como secuelas imposibles de calmar, huellas marcadas a fuego en el cuerpo y el espíritu.

En cualquier caso, las pesadillas siempre han sido monstruos agoreros, fantasmas crueles que, desde la niñez, hasta la edad más calibrada, nos han pinchado el ánimo hasta hacernos sangrar, hasta el sudor desaforado, hasta astillar el corazón, a veces sin vuelta atrás.

Espero que la Naturaleza no se haya equivocado…