Mi Jazmín

MI  JAZMÍN  (Enero 2016)

 

Mi jazmín es un náufrago del tiempo,

un héroe puesto en pie tras mil caídas,

ha vuelto de un pasado inexpugnable,

vestido con un rastro de victoria.

 

Mi jazmín se ha enfrentado a los gusanos,

ha pasado por años sin perfume,

y a pesar de sentirse mustio y viejo,

lució su aroma blanco de repente.

 

Mi jazmín me ha enseñado a ser constante,

ha demostrado su lucha de planta,

ha vuelto de verdores solitarios

para subir su olor por las esquinas.

 

Yo di por muerto un día a mi jazmín,

no soñé que vería su blancura

salpicando las tardes perfumadas

con un aura suave de sorpresa.

 

Igual espero yo, de mis cenizas,

volver de la certeza del abismo,

y abrirme al sol como el bravo jazmín,

aun viendo cerca el fin del horizonte.

 

 

Las Vocales Envidiosas

LAS VOCALES ENVIDIOSAS

¿Conoces bien las vocales? ¿Estás al tanto de todos los  secretos de esas señoronas que responden al sonido de A, E, I, O  y U? Fíjate bien en sus cuerpos y sus voces cantarinas, y no pienses nunca que hay alguna que supera a las demás, pues todas por igual son importantes. Si cometes el error de anteponer  alguna de las vocales a sus sonoras compañeras, podría suceder como en esta historia.

Érase una vez un pueblo perdido en las montañas al que llamaban la Aldea de las Palabras. La gente allí era tranquila y sencilla, y sus días transcurrían como frases apacibles, acunados como en algún añejo diccionario descubierto por un niño.

En el pueblo vivían adjetivos y verbos, nombres y sentencias, en singular armonía, y entre ellos la flor y nata del origen de todas las lenguas, las Vocales: Allí cantaba la A, mayúscula ella, con su forma de tejado con desván, también la E, el eterno peine de carcajada burlona, y la I, larga y estirada, con su punto a modo de corona de quita y pon sobre su esbelta figura; también bostezaba la O, redonda y risueña, semejante a un redil redondo,  tal vez soñando con plazas de toros, o con alegres balones, y su amiga la U, con sus cuernos salvajes apuntando al cielo.

Un día la A pensó: “Yo soy la más importante de todas la vocales. Sin mí no hay palabras como pan o cama, tan imprescindibles para la vida”. Entonces llamó a las otras vocales y las metió en el desván. Al día siguiente, la señora María fue a comprar dos litros de leche y medio kilo de café. No pudo decirlo. “Das latras da lacha a medaa kala da cafa” “¿Cama?” “Das latras da lacha a medaa kala da cafa” Nadie se entendía y todas las palabras salían como espejos monótonos en un infinito acorde de asombro. Todos sonaban como atónitos. El viento del atardecer parecía quejarse o incluso extrañarse con su A constante.

Una ratoncita llamada Guadalupe vivía en el más recóndito agujero del sótano del Ayuntamiento, donde tenía escondidos muchos libros con sus letras, todas completas e impecables. La gente del pueblo se reunió asustada en el Ayuntamiento. Guadalupe se ofreció a traducir y a ayudar, y al fin dio con la solución: Fueron a hablar con la A para pedirle por favor que desistiese de su tonto juego de secuestro inútil y nocivo para todos, y por fin la A abrió su desván y liberó a las demás vocales.

En otra ocasión la E pensó: “ Yo soy la más importante de las vocales. Sin mí no hay belleza, no se puede recordar, y los ingleses no podrían tomar el té. Llamó a sus hermanas para peinarlas con un peinado nuevo, y las dejó enredadas sin poderse soltar.

Al día siguiente cuando la señora Luisa fue a comprar un kilo de chorizo para sus rollizos niños, no pudo: “Cherece” “¿Keme? ¿Cereces?” No había manera de entenderse. Los habitantes del pueblo parecían tartamudos asustados, haciendo aspavientos y dando inútiles gritos que a nada conducían, pues las conversaciones se limitaban a una eeeeeeeeeeeeeee repetidamente absurda. Hasta el viento de la tarde se sentía molesto con su forzado y torpe balido: Eeeeeeeeeeeeeeeee

De nuevo, todos los lugareños, como impulsados por la desesperación, fueron en busca de la ratoncita Guadalupe, quien, a pesar de la maraña de voces ovejunas, comprendió cual era la misión que por segunda vez le estaban encomendando. Se dirigió entonces a la E con un cesto de sonrisas y todo su afable alfabeto, y por fin le hizo ver cuán errónea había sido su atolondrada decisión de enredar a sus hermanas en las púas de su envidia estúpida. Entonces las vocales salieron de su laberinto y llenaron las bocas de palabras enteras y preciosas.

Ocurrió que otro día, a la I le dio por pensar: “Soy desde luego la más elegante y delgada. Estoy a la moda, voy a la última. Las pondré a todas como rosas de pitiminí». Llamó a sus hermanas para jugar al bridge, y las hizo prisioneras hipnotizándolas con su punto, como al vaivén de un frenético reloj. El viento chirriaba como un caballo (iiiiiiiiii). Cuando el señor cartero le llevó un telegrama a Juan, el farmacéutico, gritó: ”In tiligrimi”, sin poderlo evitar, y por más que intentaba recomponer las palabras que anunciasen  su encargo, sólo conseguía prolongar el incomprensible relincho. La gente parecía obligada a sonreír en una infinita mueca de labios afilados, y muchos fueron los que ya empezaban a sentir molestias en las quijadas, encogidas sin descanso.

No hubo más remedio que acudir a Guadalupe, como en las ocasiones anteriores. La ratoncita se acercó con cuidado para no sucumbir encantada por el poderoso imán del punto. Ya cerca, le contó a la I que la consulta del Doctor Pérez estaba desbordada con tanto dolor de mandíbula paralizada, que los niños lloraban  sin parar con incesantes gemidos finos como hilos de viento, y que su cabezonería no tenía razón de ser. La I decidió liberar a sus hermanas de aquel sopor tan dañino para el pueblo.

Algún tiempo más adelante, cuando ya casi nadie se acordaba de las difíciles vicisitudes que las acumuladas envidias de las vocales habían acarreado, cayó la O en el mismo pecado, y de pronto se puso a pensar: “Yo soy la más perfecta, las más redonda. Soy como el universo. Dentro de mí caben todas las demás como en un anillo. Sin mí no habría flor, ni color, ni amor, ni siquiera voz». Llamó a sus hermanas para cantar una canción a coro. Y el viento se puso a tronar con eterna sorpresa: Oooooooooo

Anita quería un lápiz verde para colorear un árbol que había dibujado en el colegio. “On lopoz vordo” “¿Ko?” “On lopoz vordo”  No pudo hacerse entender. No consiguió el lápiz y tuvo que presentar en el colegio la enferma imagen de un árbol desangelado por la palidez extrema de sus simples trazos sin verdor.

La gente del pueblo empezaba a hartarse de este juego singular, de sus bocas como roscos de vino a todas horas, de la confusión y el desconcierto entre las familias, los amigos, los vecinos.

Fue necesaria otra vez la intervención de la ratoncita Guadalupe, con sus libros llenos de palabras, su paciencia y su acierto a cuestas. Pactó con la O la pronta liberación de las vocales a cambio de unos cromos y unos buñuelos. Salieron por fin las vocales del redondel, como vaquillas asustadas por la lidia inminente.

Y sucedió que otro día la U pensó: “Soy la más original. Sin mí no hay luz, ni está completa la melodía de la música, y además la «q» no sirve para nada en mi ausencia. Soy única.” Llamó a las demás vocales para jugar a mus y las amedrentó con sus pitones guerreros.

El viento estaba feliz con su letra preferida, pero la gente del pueblo se despertó sin poder tomar café ni tostadas, ni mantequilla o mermelada. A todos les dolía la boca de tener que forzar esa postura tan extraña. Cuando hablaban parecían monos: “uuu” “uuu” “uuu”.

Guadalupe ya se había cansado de tanto parlamento con niñas envidiosas, pero las súplicas de los vecinos del pueblo la enviaron de nuevo a salvar la situación. Esta vez se sirvió de un capote de palabras largas y de muchos sonidos para realizar su faena maestra, abriendo paso a las vocales prisioneras.

El pueblo entero decidió que no podrían permitirse pasar de nuevo por esa situación tan desastrosa. Era necesario buscar la forma de conciliar los genios enfrentados de las envidiosas vocales, y evitar las disputas de una vez por todas.

Guadalupe habló con todas las vocales durante horas. Les dijo que tenían que vivir en armonía, pues su inmenso valor dependía de la combinación adecuada de todas, y por separado no eran más que ruido incomprensible, que ni el viento podía digerir.

Y arrepentidas, las vocales juraron que nunca más intentarían aniquilarse unas a otras, porque todas contribuyen por igual al juego de las palabras, y su nefasta experiencia había puesto en claro que sin la colaboración de todas y cada una de ellas no podía haber ni lenguaje, ni comunicación, ni paz.

De los Retornos Imposibles

De los retornos  imposibles

LA MOSCA (I) (En La Pinta en 2004)

En un instante soy como una mosca

diminuta y extraña, sin un nombre,

una presencia que nadie contempla,

espacio inadvertido entre las voces.

 

En un instante mi tiempo se fue

y ahora que lo sé, ya no hay remedio;

todo puede curar, menos la herida

que asestan los relojes en el cuerpo.

 

Ese es el modo en que llega la muerte,

que ataca a la materia con sigilo,

va ajando cada huella de tus dedos,

deteriora tu sangre y tu destino.

 

Poca cosa es el alma en esta lucha,

y nada es lo inmortal contra la carne,

nada el empeño de todos los pasos

que cruzaron el viento hacia delante.

 

Me he mudado la piel en la de insecto:

pues tú ya no me ves, no me ve nadie.

Me borraron del mundo sin piedad,

me han despojado del rostro y del aire.

 

No existiré, sin más, por este amor

de amanecer cuando cae la tarde.

Contra el tiempo pequé, y mi condena

me aleja de las líneas de la imagen.

 

Año 2004

 

NÚMEROS (II) 

Cuando se esperan números abiertos

la línea de la noche se hace nítida,

se olvida que hay destinos perfilados,

y que el mundo no es más que un punto fijo.

 

Cuando hay gestos que quedan en suspenso,

como en una oración, como hacia arriba,

se olvida que el camino está trazado,

y nunca hay un regreso hacia la carne.

 

Son todos los retornos imposibles

que nos dejan exhaustos, sorprendidos,

enfadados, en fin, ante los números

que a cada paso cierran con mil llaves

la proyección de estelas de cristal

que se nos va cayendo en el camino.

 

Año 2004

Cumpleaños (a mi amiga Pilar, arrebatada demasiado pronto)

La palabra cumpleaños

se te ha quedado pequeña,

pues ya tu sueño acaricia

las edades de la tierra.

En la seda del recuerdo

hemos bordado sirenas

con el perfil de tus ojos

y la suma de tus huellas,

para recordar por siempre,

como recuerda la arena

los trazos que hacen las conchas

en la tarde de sal quieta,

el surco de tu sonrisa

en la eterna primavera.

 

Abril 2015

VENTANAS (Rescatado de 1998)

VENTANA A

 

Aquellos días eran de ventanas

de par en par, hacia cualquier destino:

trastornaron las piedras de las sendas

para pensar de pronto en los gorriones.

 

Y tú estabas allí, como los otros,

en el momento en que se abrió el verano,

mas tú sí te asomabas a los grillos

y a veces escuchabas mis pisadas.

 

Hablaste cómo y cuánto era preciso

cuando el agua arañaba los cimientos

de un segundo estancado en su ceguera.

 

Y en un momento atado a cualquier parte

quizás mi voz se desentierre un día

de entre esas hojas que acunan recuerdos.

 

 

 

 

 

 

 

Febrero 1998

Y NECESITO

Y NECESITO

 

Yo necesito tiempo.

El tiempo abierto como un haz de agua,

el tiempo, como un libro, al infinito,

peinándose las hojas con mis pasos.

 

Yo necesito tiempo.

Un tiempo donde todo el pensamiento

se  encienda libremente, con el aire,

un tiempo para el pájaro y las venas,

donde a cada palabra siga un potro

con su universo a cuestas…

 

Yo necesito tiempo.

El tiempo necesario que me apunte

las exactas raíces de mi alma.

 

He de sembrar el tiempo por el cielo,

guardarlo de alimañas y cenizas.

Salvaré las mañanas en el puño,

y el tiempo correrá como la savia,

desnudando la niebla.

 

Año 2012

AQUÍ Y NUNCA (ESPINAS)

(Aquí y nunca) ESPINAS

 

Hay espinas que caen y se anclan

en el arcón de arena del sentido:

pintan en su misterio uñas crueles,

sacan de sus mentiras garfios ácidos,

y concretan la muerte en una imagen

tan real como el peso de las puertas

en la casa vacía y sin palabras.

 

¿Y cómo no creer en el dolor

cuando la soledad aprieta el sueño,

y el miedo es un silencio indefinido

que no enseña ni fechas ni razones,

que no cuenta verdades, ni despliega

las auroras de todos los despiertos

que por fin arrancaron sus espinas?

 

Hay horas en tropel que se disparan

y salpican la piel de brumas sucias:

deciden qué pasó en aquel minuto,

hornean a su antojo los vacíos,

abren heridas con balas de viento,

y se anclan al fondo de la lluvia

de las almas vencidas por el sol.

 

 

Año 2008

 

Arcilla

I

Cuando más firmes eran los detalles

perfectamente fijos en sus leyes,

cuando era inexorable aquel camino

que se me hizo verdad entre preguntas,

de agua me encontré mi corazón,

tal vez de sangre, o sin forma,  huésped

de aquel vaso dorado que se alzaba …

Cuando más ciertas eran las siluetas

y más reales marcaban cada paso,

se cercenó el silencio sin piedad,

y apareciste tú, como una brecha,

rasgando cada línea de mi mundo,

agitado de ti, como de lava.

II

La arcilla alimentó mi sentimiento,

dócil como el pan crudo, sin perfiles,

y se abrió desde dentro hasta perderse

en un tiempo sin nombres ni esqueleto.

Hallé vida detrás de las murallas,

y me comí la hiedra intensamente;

desde ti fui hasta el mar que no cabía

en los trazos perfectos de mis años,

y pequé desde ti contra los hombres

sentados al vacío de sus almas,

temerosos de todo cuanto tiembla,

que me arrojaron ojos como hierros

y puñales de voz por las esquinas,

porque mi amor de sal quemaba el aire

de sus casas, sus calles, y sus horas.

III

Y te amé de una vez, sin dar excusas

ni al tiempo, ni a las voces, ni al sonido

del trueno, entre mis dientes, olvidado.

Te amé sin más porqué que el viento tibio

como un dardo de azúcar por mi boca,

sin lamentar ni un poro, ni un cabello,

ni tan siquiera un verso o una mirada.

Te amé de un solo golpe, sin pensarlo,

con mi voz, con mis ojos, con mis manos,

con mis labios fundidos sin medida,

con cada sacrificio de mi mente.

Te amé igual que lo hacía aquellas veces

en que el sol desataba las mañanas

como sucesos blancos en la historia,

para empezar el mundo desde el centro,

y aprenderme los nombres de las cosas.

IV

Casi no queda aliento que me entregue

a la felicidad espesa y cálida

de los aún creyentes en la vida,

mas ahora que mis pies se han repartido,

borrarme hacia el principio es imposible:

los días repetidos ya no pueden

tragarse hasta el final mi fantasía.

Y esta luz descalzada que confirma

el nacimiento de mi carne nueva,

llega con unas fechas azuladas,

un vestido de azahar, y una pregunta

que ha borrado los surcos de mis manos.

Año 1998

COPA DE MAR Y MONTAÑAS

COPA DE MAR y MONTAÑAS

El viento  del ocaso es un milagro,

el mar se vierte en una copa al fondo,

y mientras tanto, las hermosas moles,

suaves en la luz que se retira,

parecen al alcance de la mano,

con sus picos tan cerca que uno siente

que puede hablar con Dios en voz muy baja.

El adiós se me cae por el alma,

no quiero irme de esta blanca altura…

Quiero llevarme la abrupta silueta

que serpea en el lienzo de los montes,

quiero el rumor del viento acorazado,

quizás oler la azul y húmeda niebla

donde las gaviotas se deslizan.

Quiero dejar el cuadro suspendido,

como un pequeño sueño que se cumple,

y quiero las imágenes magníficas

en el álbum dorado que conservo

para el día del alba cegador,

cuando atraviese túneles de agua,

y ajuste mi memoria y mis sentidos

a los colores básicos del  mundo.

MARES CIEGOS O EL ALZHEIMER (2009)

MARES CIEGOS o EL ALZHEIMER (A mi madre)

Su alma no está.

En sus ojos vencidos sólo asoma

toda la opacidad de los naufragios,

la maraña de días imperfectos

que han  perdido sus nombres y sus fechas.

No me conoce siempre:

Las caras son un mundo inexplicable

que depende de dioses escondidos,

artífices ajenos que se escapan

de los trozos de espejo que aún conserva.

A veces la recorre su pasado

y se acuerda del sol y de sus hijos,

por un instante se llena de luces

que dan sentido al túnel desvaído;

mas las sombras contestan desde dentro

y traen sus laberintos sin memoria,

desgarros sin color y sin palabras

que le arrancan el alma de su sitio

y dejan la piel hueca, despojada

de toda su estructura de recuerdos,

y de toda la historia de su carne.

Es igual que la muerte,

que se ha multiplicado en el camino,

en esa lentitud de tiempo extenso

que todo lo vulnera y lo destiñe,

y acaba por borrar en su delirio

las raíces más firmes de la tierra.

Año 2009 (A mi madre)